Florentinos vs. Venecianos

Parece que los humanistas florentinos y venecianos compartían las mismas preocupaciones que, a menudo, asaltan a los hombres de hoy. Se dice que, en una reunión entre las principales figuras del renacimiento, la discusión pasó de temas artísticos, literarios y religiosos a otro mucho más profano: establecer quiénes podían presumir con más fundamento de las dimensiones de sus atributos varoniles, si los florentinos o los venecianos. La discusión la zanjó el humanista florentino Poggio Bracciolini:

–          Evidentemente, los hombres mejor dotados son los venecianos, puesto que su miembro viril tiene tal longitud que cubre enormes distancias…

Ante el asombro del auditorio, prosiguió sin perder la compostura:

–          ¿Cómo se explicaría si no que, cuando permanecen varios años a cientos de millas de su hogar, a causa de sus prolongados viajes por mar, se encuentren a su regreso con que son padres de dos y hasta tres criaturas?

Y es que había que tener mucho cuidado con la legendaria diplomacia florentina…

Aquí llevamos una semana en que la diplomacia española está intentando hacer encaje de bolillos, desplegando todo su personal, para que nos rescate pero sin que se use la palabra rescate, como si estuviéramos embarazados, pero sólo un poquito. La clave (la de esta semana) es cómo dar dinero a los bancos españoles, pero de tal forma que no parezca que nos hayan intervenido y no nos comparen con Grecia, Irlanda y Portugal. ¡Qué aburrimiento! Menos mal que nos queda el cine francés de los sesenta para sacarnos de este marasmo…

Más allá de todas las nieblas o árboles que nos pongan por delante, y que sirven para llenar artículos sangrientos en los periódicos, los temas verdaderamente importantes siguen encima de la mesa, esperando que alguien les dé una solución. Hoy yo les hago las preguntas, y espero que algún alma caritativa conteste en el blog y podamos iniciar una discusión. ¿Cuáles son los límites del Estado democrático? ¿Cuál es el equilibrio adecuado entre la iniciativa privada y el interés público, entre la libertad y la igualdad? ¿Cuáles son los objetivos realistas de política social? y ¿Qué constituye interferencia y exceso de intervención? ¿Dónde debemos situar exactamente el inevitable compromiso entre maximizar la riqueza privada y minimizar la fricción social? ¿Cuáles son los límites apropiados de las comunidades políticas y religiosas, y cuál sería la mejor manera de minimizar las fricciones entre ellas? ¿Cómo deberíamos controlar los conflictos que no pueden evitarse? Son preguntas simples, en un mundo complejo, pero que debemos ser capaces de contestar para fijar una línea de salida. Napoleón decía que debía gobernar de acuerdo con el bien general, no de acuerdo con la voluntad general, que muchas veces no ve bien todos los problemas.

Mientras tanto, todo el mundo hablando de los problemas de los demás. Estados Unidos está preocupado por la situación de los bancos europeos, pero no les preocupa la situación de su déficit fiscal (también es el único país del mundo en el que un porcentaje importante de la población piensa que la lucha libre profesional es de verdad, y que la llegada del hombre a la luna fue un montaje). Lagarde quejándose de que los griegos no pagan impuestos, pero ella cobra 500.000 dólares libres de impuestos, MAFO hablando de años de contención salarial y se va con una pensión de 11.000 euros mensuales. Y así vamos…

En los mercados ahora toca estar optimistas. Ha hecho falta que veamos de nuevo el precipicio de nuevos mínimos bursátiles, para que comience a oírse de nuevo la posibilidad de intervención y acciones concertadas de los bancos centrales. Al final, debemos caer en la cuenta de que lo único que estamos haciendo ahora mismo es cambiarnos cromos, en un intercambio en el que los listos comprarán abajo y los menos listos se lo venderán, pero no hay pardillos nuevos a los que engañar, y tenemos una economía de suma cero, en la que ahora toca cierre de cortos. La empresa Gallup ha realizado una encuesta entre ciudadanos americanos preguntándoles cuántos de ellos invertían directamente en Bolsa. Las conclusiones son ciertamente relevantes. En 1998 invertía el 53% de los americanos, cifra que llegó al 67% en el pico del 2002, y al 65% en los máximos de bolsa del 2007. En Abril de este año (antes de la fallida salida de Facebook) la cifra ya era de sólo el 17%. La pregunta que se deriva (y eso que vivimos de esto) es ¿tanta importancia tienen los mercados de acciones actualmente, para que sean el objetivo principal de las políticas monetarias de los Bancos Centrales?  Cuando más de la mitad de la población se beneficiaba de un efecto riqueza por la subida de las cotizaciones, podía tener cierto sentido, pero ¿ahora? Y sin embargo, ya estamos hablando de una nueva ronda de facilidades cuantitativas cuando los tipos de interés están en mínimos históricos en Estados Unidos, y el efecto de las últimas en la economía real ha sido nulo. Eso sí, los problemas de deuda para algunos países van a desaparecer, y con tipos al -0.6% en Suiza, en unos treinta años la habrán pagado entera.

Hay numerosos analistas que vuelven a comentar lo baratas que están las acciones, que en el caso español están “con riesgo de OPA” por parte de los especuladores malos, malísimos. En mi opinión, hay dos escenarios con los que hay que tener cuidado a la hora de valorar ahora mismo el precio teórico de una acción. Son el desapalancamiento por un lado, y la curva demográfica por otro. Muchas de las inversiones que se hacían en los mercados de acciones se hacían apelando a deuda barata, cosa que no sucederá ahora. La mayor necesidad de recursos propios para realizar una inversión, hace que los posibles accionistas requieran unos retornos superiores mucho más altos a los pedidos en la última década (PER menor para una misma acción hace varios años). Principio de oferta y demanda; menos capital que proyectos. Este desapalancamiento motivará un adelgazamiento de los balances de las entidades financieras, una reducción de la liquidez en los mercados y una menor necesidad de ingeniería financiera, ¡Gracias a Dios! El segundo factor de presión para los mercados es la jubilación de la generación del  baby–boom, la última que pudo ahorrar, que están empezando a pedir los reembolsos de las inversiones que hicieron en sus fondos de pensiones. Parece complicado que dichas salidas de fondos puedan ser absorbidas por nuevas generaciones con poca renta disponible y nulo ahorro, y que han visto durante 12 años a sus padres jurar en arameo, hablando de la bolsa. Lo único bueno para España es que, cuando se está abajo y deprimido, no se deben temer tanto las caídas. En fin, la vida ya es suficientemente dura sin necesidad de las películas de Meryl Streep.

Semana de alivio, pero no desparramen mucho el fin de semana. Recuerden que el agua, tomada moderadamente, no hace daño a nadie.

Buena semana

Julio López Díaz, 07 de junio de 2012

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