Costes salariales

En la Navidad de 1914, sucedió el hecho tal vez más sorprendente de toda la I Guerra Mundial. Se conoce como tregua de Navidad y alude a un breve alto el fuego no oficial que se produjo entre las tropas alemanas y británicas, estacionadas en el frente occidental, al sur de la ciudad belga de Ypres. Aquella primera Nochebuena bélica, las tropas alemanas colocaron al borde de las trincheras abetos de Navidad con luces, que habían sido enviadas por el Kaiser Guillermo junto con raciones extra de salchichas, alcohol y pan. Los soldados franceses e ingleses miraron con perplejidad los árboles y tal visión ayudó a generar un inesperado clima de fraternidad, en la que ambos bandos empezaron a hacer cánticos. Los aliados vacilaron en un primer momento, pero posteriormente salieron de sus trincheras y empezaron a intercambiar chocolate con las tropas alemanas. Los gestos de solidaridad continuarían durante toda la jornada, se permitió recoger y enterrar a los muertos, e incluso llegó a celebrarse un partido de fútbol cerca de Armentieres que enfrentó a los británicos del Scottish Seaforth Highlanders y los alemanes del 133º Regimiento de Sajonia, en un campo improvisado y con porterías de cascos. Al parecer, el partido duró apenas una hora, hasta que los comandantes tuvieron conocimiento del hecho y mandaron pararlo. La noticia de la tregua llegó a los respectivos cuarteles generales, que impusieron duras medidas disciplinarias. Algunos franceses fueron fusilados y algunos alemanes fueron enviados al frente oriental. Las cartas en que los soldados narraban a sus familias los hechos fueron destruidas y algunas informaciones que llegaron a los diarios británicos fueron censuradas.

En los mercados, a la confianza la llamamos armisticio, y todos los jugadores del mismo, nos invitamos unos a otros a diferentes convites, saliendo de nuestras trincheras que son los terminales de Bloomberg. La única diferencia con la I Guerra Mundial, es que aquí son los comandantes actuales (los llamamos banqueros centrales) los que promueven la fiesta y reparten las viandas y en vez de salchichas, reparten billetes desde los helicópteros, que para eso hemos mejorado tecnológicamente. Todos los comandantes se ríen mientras hablan entre ellos, y dice el comandante español “para salir de la crisis nosotros vamos a exportar más”, “Monsieur, nosotros vamos a hacer lo mismo”, “sayonara baby, dice el japonés, nosotros también vamos a exportar más” y así el murmullo con la palabra exportación se hace extensivo a todas las conversaciones, hasta que alguien cae en la cuenta y en un ataque de ingenuidad pregunta ¿y quién va importar? Todos miran a los alemanes a ver si les da por consumir en vez de ahorrar, pero éstos se vuelven silbando Lilli Marlen a sus trincheras. Hasta que dice el samurái con el pañuelo en la cabeza, “pues yo para exportar voy a depreciar mi moneda” y entonces es cuando se lía pero bien, el francés le quita el foie gras que le daba al inglés, el italiano el pannetone al americano, y todos de vuelta a las trincheras. Llevamos advirtiendo ya más de un año, que todas las crisis acaban con una guerra de monedas. El problema de las matemáticas y de la contabilidad es que tienen un doble reflejo y cuando hay una tarta, si uno come un pedazo de más, otro se queda hambriento.

Este juego de la tarta con las divisas, se hace también con la deuda, y en este caso los jugadores no se reparten por países, sino por edades, o entre nacidos y no-natos. Incrementar deuda no es más que un juego en el que los actuales seres humanos, se traen a valor presente flujos o ahorros futuros, y además a una tasa totalmente destrozada por los Bancos Centrales. Conclusión, el valor actual del producto Planeta Tierra nunca ha sido más bajo. Como hemos dicho otras veces, el dinero no está siendo invertido en el futuro, sino en recompra de acciones (ayer mismo General Electric volvió a anunciar un plan de recompra de acciones de 10.000 millones de dólares) que no producen nada pero que ayudan al accionista (y sobre todo al actual directivo que no sabe si estará el año próximo). Un producto más de la endogamia de consultoras y directivos.

En definitiva, nos encontramos invirtiendo en un mundo de bajo crecimiento. Con una productividad a la baja porque ha habido un menor gasto de capital y que la única ventaja que vemos, puede ser un abaratamiento de los costes energéticos por el tema del gas natural que ha permitido en el último mes en Estados Unidos una reducción bastante importante del déficit comercial del 20.7% con las menores compras de petróleo en 16 años.

En The Economist de esta semana, me han llamado la atención varios artículos que les paso a reseñar.

“Los trabajadores del campo en Sudáfrica han alcanzado un acuerdo para subir sus salarios un 52% y establecen un mínimo diario de 12 dólares.”

“El gobierno chino ha aprobado un plan para acortar el gap en la distribución de los ingresos de su habitantes. El plan incluye empujar los salarios mínimos, incremento del gasto en educación y permitir acceso a la vivienda. Las empresas estatales traspasarán parte de sus beneficios al Estado para afrontar estos costes.”

“El gap en los test escolares americanos  entre las clases más ricas y las más pobres en USA ha subido entre un 30 y un 40% en los últimos 25 años. Los altos costes universitarios limitan cada vez más el acceso a la universidad.”

“El crecimiento laboral británico se está concentrando en las partes improductivas de la economía. Hay una depresión, por así decirlo, en trabajos bien remunerados. Es más fácil dedicar recursos a refinanciar deudas de empresas zombi e impide la recolocación en sectores más productivos.”

También hay un artículo que empieza con “spicy Spanish sausage best accompanied by a glass of Rioja”  relatando la situación española actual, pero vamos a obviarlo.

Todos los artículos, en distintas páginas de la revista hablan de los costes salariales. Mi opinión es que las batallas por depreciación de los salarios, como en el caso de las divisas, tienen mal final. El mercado aplaude la ganancia de competitividad de la economía española, derivada de una bajada de los costes laborales. Pero esto me crea dudas por dos motivos, uno porque supone al final una menor renta de las personas, que desemboca en un menor consumo y menor inversión, y segundo que es complicado competir en empresas de poco valor añadido con países que después de subir un 50% los salarios, ganan euro y medio la hora.

Los recortes indiscriminados hacen que el gasto en I+D+I   esté, en euros constantes, al nivel de 2004, con lo cual tampoco parece fácil que salgamos de esta situación. Sin embargo, las ayudas se dedican al  sector del automóvil europeo, con un valor añadido casi nulo, bajo un pretexto de conservar los puestos de trabajo, cuando las acciones del sector automovilístico europeo han subido un 162% desde la crisis, Renault un 340%, BMW un 378% o Daimler un 158%.

En cuanto al mercado, seguimos muy pendientes del experimento japonés. Japón quiere hacer lo mismo que USA, que es sacar del Money market a la gente y que se vaya al equity. Pero el problema es que los tenedores de los bonos son fondos de pensiones japoneses, que tienen apenas un 5% de sus carteras en acciones.  El problema es que hay una deuda estatal que es el 230% de su PIB y con una deuda que es el 2000% de sus ingresos gubernamentales (5 veces más que Grecia). Si se doblan los intereses, todos los ingresos del estado van a pagar la deuda. Y si hacemos caso de las estadísticas demográficas, en el año 2050 habrá 35 millones de japoneses entre los que repartirse esa deuda. Y mientras, su ministro de Economía quiere el Nikkei a 13000 para finales de Marzo. Menos mal que es del partido liberal…

Venezuela ha desarrollado una nueva forma de incautación con una devaluación del 38% de su moneda. Los Estados, que son los que deben la guirigaña, bajan de forma mágica sus obligaciones, empobreciendo a cambio a sus ciudadanos. Veremos si se hace extensivo a otros países y ya tenemos el circo montado.

Estamos llegando a una situación en la que si un amigo te pide dinero, tienes que reflexionar cuál de las dos cosas quieres perder, el amigo o el dinero.

Buena semana

 

Julio López Díaz, 14 de febrero de 2013

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Un comentario

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