Antes del Plan Marshall

Antes del Plan Marshall, ya USA había dado créditos a todos los países, que habían servido para cubrir agujeros. Los préstamos llevaban aparejadas ciertas condiciones. En el caso británico, la deuda del país se había multiplicado por cuatro desde 1937 a 1947, y tuvo que aceptar varias “recomendaciones”. Que abandonara sus preferencias imperialistas por sus dominios de ultramar (obligaban a las colonias a importar productos de la metrópoli a precios más caros), que abandonara el control de la divisa y declarara la convertibilidad plena de la libra esterlina. El resultado fue que la libra esterlina experimentaría la primera crisis, de las muchas que sufriría durante la posguerra, la rápida desaparición de las reservas británicas de dólares y la llegada de nuevas crisis. En el caso francés, los préstamos vinieron acompañados del compromiso de abandonar las cuotas proteccionistas a la importación, para permitir la entrada de productos americanos. El dinero voló en un año y su único legado a medio plazo, fue una animadversión popular hacia todo lo norteamericano por el abuso que hacía de su musculatura económica.

Las propuestas de Marshall suponían una clara ruptura con el pasado. La ayuda se prolongaría durante varios años, lo que lo convertía desde el principio en un plan estratégico de recuperación y crecimiento, más que un fondo de ayuda de urgencia. En 1947, el déficit comercial entre Europa y USA era de 4.700 millones de dólares, el doble que en 1946. Cuando finalizó el Plan Marshall en 1952, USA había gastado 13.000 millones de dólares. Estas cifras, si las llevamos a nuestros días supondrían alrededor de 220.000 millones de dólares. Aunque la economía de la Europa Occidental podría haber continuado creciendo sin la ayuda norteamericana, ello sólo se podría haber logrado mediante la contención de la demanda doméstica, los recortes en los servicios sociales y un descenso más acusado del nivel de vida de cada país. Los verdaderos beneficios fueron psicológicos. De hecho, podría llegar a afirmarse que el Plan Marshall ayudó a los europeos a sentirse mejor consigo mismos. Los ayudó a romper rotundamente con un legado de chovinismo, depresión y soluciones autoritarias. Consiguió que la política económica coordinada se convirtiera en algo normal, en lugar de excepcional. Logró que las políticas comerciales de empobrecer al vecino típicas de los años 30 llegaran a parecer absurdas.

La gran diferencia respecto a la I GM, es que después de esta, USA sólo concedió préstamos, no subvenciones y estos fueron casi siempre suministrados a través del mercado privado. A consecuencia de ello conllevaban un coste y un vencimiento a corto plazo. Cuando se exigió su pago, su coste fue desastroso. El caso más paradigmático fue el alemán, puede que estos estuvieran obligados a tomar conciencia de su propia derrota, pero si no se les ofrecía la perspectiva de un futuro mejor, el resultado podría ser el mismo que antes: una nación resentida y humillada, vulnerable a la demagogia de la derecha y de la izquierda.

¿Hemos aprendido algo de la historia? Pues sorprendentemente en pocas ocasiones. Pongamos que el USA de 1947 es el Alemania de 2013. Alemania surgió poderosa de la II Guerra Mundial, gracias al apoyo subvencionador americano. Pudo recomponer su industria en poco tiempo y pasó a convertirse en la locomotora de Europa. Si seguimos sin dar un futuro a los países del sur (como podían haber llegado a sentirse los alemanes en 1945) y nos limitamos a programas de préstamos a corto plazo que aumentan su montaña de deuda, lo único que conseguimos es retrasar los problemas, pero no solucionarlos, y que tipos con bigote a lo Groucho Marx surjan por todas partes. Yo sigo pensando que a medio plazo, las quitas de deuda serán la única solución.

Nueva semana de movimientos bruscos en los mercados, esta vez para arriba. Después de dos semanas agitadas, podemos hacer ya un recuento de daños. Nuevo máximo histórico del Dow Jones de Industriales, y máximos de cinco años en Alemania. Sorprendentemente los bonos también están dos figuras más arriba (sigue entrando dinero al 1.4% a diez años en Alemania o al 0.60% en Japón) y el gran perjudicado (depende como se mire) es el euro, que está unas cuatro figuras por debajo. ¿Ha habido un gran progreso en la economía mundial? Pues temo que no. Aunque es cierto que Estados Unidos ha dado algunos datos de actividad o de vivienda mejores de lo esperado, esto no se ha trasladado al resto del mundo, y Europa sigue bastante contractiva, aunque Alemania siga sacando la cabeza por encima de los demás. La clave, la volvemos a encontrar una vez más en los Bancos Centrales. Tras las dudas de disputas en el seno de la FED, alimentadas en sus últimas actas, el pirómano de Ben ha vuelto con los bidones de gasolina, tranquilizando al mercado diciendo que seguirán interviniendo ad eternum. Su sucesora potencial, Yellen, más a más, no ha querido ser menos que su actual jefe y dice que tiene más juegos de monopoly en su casa, y que no van a faltar billetitos. Los japoneses han nombrado Gobernador Central a otro tipo “pro-mercados” y la orgía accionarial ha llevado al Nikkei ya al 12.000, cuando hace tres meses valía 8.500. Ya saben mi opinión sobre el mercado de yonquis en el que estamos, y me hace plantearme una cuestión. Si las economías centralizadas y dirigidas funcionan tan bien, ¿Por qué desapareció la URSS?. Supongo que la respuesta a todo esto, no la tendremos hasta dentro de otros cuarenta años, y entonces veremos quién acertó. De momento, sin que se hayan revisado los beneficios esperados al alza, lo que estamos haciendo es subir el PER de las cosas, es decir, el tiempo que tardamos en recuperar nuestra inversión, y que en el caso americano está ya en alrededor de 14 años. Lo que está claro, es que esta faceta de Baron Ashler con dos caras, una la que refleja la economía real y la otra la financiera, va a acabar conmigo en Ciempozuelos, porque intentar separarlas requiere de un esfuerzo descomunal, por intentar conciliar lo que me dice el momentum, y los flujos de mercado, con lo que pienso de la inutilidad a medio plazo de todas las medidas que se están implementando.

En las próximas dos semanas, se dilucidará también el relevo generacional en el Partido Comunista Chino. Aquí tenemos otra deriva que a uno le hace acercarse al viaducto de la calle Segovia. Yo, como sigo pensando que lo del alunizaje en la luna fue un montaje, y que lo único real de esta vida son las peleas de lucha libre americana, siempre creí que los encargados de la economía china eran alumnos aventajados de Ferrán Adriá, y que se les iba la mano con la nata a la hora de presentar las cifras. Sorprendentemente, cuando han comentado que el crecimiento esperado para este año será del 7.5%, los sospechosos habituales del mercado están propagando a los cuatro vientos que se están quedando cortos “a posta“ y que el crecimiento será muy superior. Estos personajes le van a quitar el trabajo a Falete con su bañador. En 2007, crear un dólar de crecimiento económico en China requería un dólar de deuda. Ahora mismo la relación es de uno a tres. En 2008, imprimieron 500.000 millones de dólares y los bancos estatales fueron obligados a refinanciar a todo quisqui para que no hubiera default. Las inversiones siguen representando el 47% de su PIB, y la deuda pública y privada, representa ya un 200% de su PIB. Y sólo tienen que meterse en Youtube y tecleen ciudades fantasmas en China, para ver lo productivas que están siendo esas inversiones, y que un apartamento en Shanghai venga a costar 45 años de sueldo.

Un parlamentario inglés definía en una alocución “La diferencia entre una desgracia y una calamidad es la siguiente: Si Gladstone cayera al Támesis, sería una desgracia. Si alguien lo sacara del río, eso sería una calamidad”. Veremos qué nuevo Gobierno Chino rescatamos del Hoangho.

Buena semana

 

 

Julio López Díaz, 06 de marzo de 2013

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