Chipre

El 12 de enero de 2007, Joshua Bell, uno de los mejores violinistas del mundo, tocó durante 45 minutos en la estación de metro de L´Enfant Plaza en Washington. Tocó Chaconne de Bach, una de las piezas más difíciles que existen y que sólo unos pocos violinistas pueden ejecutar. Más curioso aún fue que en su interpretación, utilizó uno de los violines más caros del mundo, un Stradivarius. De las 1097 personas que pasaron por allí, sólo siete se detuvieron a escucharlo y sólo uno lo reconoció. Bell logró recolectar 32.17 dólares.

Pues teníamos a nuestro violinista tronando desde una isla mediterránea, y no nos hemos enterado de quien era, hasta que nos ha estallado la bomba en las manos.

Lo bueno que tienen estas crisis económicas que nos saltan un día sí y otro también, es la cantidad de geografía, datos económicos y nuevos términos que uno aprende. Esta semana ha tocado Chipre, que desde el Nacimiento de Venus y con ello de toda la civilización europea, no había despertado muchas pasiones ni noticias. Vayamos con los actores de la película y una pequeña sinopsis. Chipre es una pequeña isla de 800.000 habitantes donde griegos y turcos llevan zurrándose la badana desde finales de la Edad Media, ante la indiferencia general del común de los mortales. Por poner alguna cifra económica, tienen un PIB un poco inferior a los 18 billones de  euros, la décima parte del de Portugal, y la cifra que solicitan como rescate ronda el 100% de su PIB, unos 10 billones para cubrir la tendencia natural de los bancos europeos a imitar al queso de Gruyere y otros 7 billones para el Gobierno y sus necesidades. Así, en principio son cifras no muy altas (a cada español, por ejemplo, en el acuerdo R.I.P del sábado pasado, nos correspondía poner 25 euros) pero refleja de forma bastante clara los problemas de la llamada Unión Europea y refleja muy brillantemente mi grito de guerra desde el año 2010 “¡pero alguien tendrá que pagar esto!”

¿Y por qué ha pasado esto? Pues porque se les fue un poco la mano con el tamaño de su sistema bancario (el hecho de ser isla debe ayudar, porque ya les pasó a Irlanda y a Islandia), y llegó a representar el 700% de su PIB. Esto del apalancamiento está bien cuando a tus inversiones les sacas más dinero que a tus financiaciones, pero les dio por invertirlo en deuda griega y ya saben que muy, pero muy rentable no ha sido. Y ahí empieza lo que se llama desequilibrio de balance, y es que en el activo tienes dos sillas y tres telarañas, pero tienes que hacer frente a un pasivo. Como desgraciadamente, las dos partidas tienen que ser iguales, en tu activo aparece de repente una partida que a menos que seas auditor de Pescanova pone Pérdidas. Y esas son las que hay que cubrir ahora. Hasta hace poco tiempo había una cosa que se llamaba prelación, pero que como en los cuentos, hace ya mucho tiempo que desapareció por obra de los magos reguladores. Dicen que consistía, más o menos, en que de esa partida de pérdidas, y hasta que se redujeran a 0 esas pérdidas, había que ir tachando epígrafes en el pasivo, que pasaban a ser 0 también. Se empezaba por el equity, se seguía por las preferentes, luego las subordinadas y luego la deuda senior.

Este cauce normal, tiene un pequeño problema en Chipre, y es que en el pasivo casi no hay de las tres primeras formas de financiación y se llega muy deprisa a los depósitos. Esto plantea el primer problema, que es si una persona que deposita su dinero en un banco es un acreedor o no de una entidad bancaria. Y esto a su vez podría llevarnos a un árbol de decisión con dos planteamientos. El primero, en el que el banco es simplemente depositario y guardador de nuestro dinero. El dinero que nosotros le entregamos, no lo puede usar para prestar o invertir. A cambio de eso, nos cobrará unas comisiones por cuidarnos el dinero. Segundo caso, es un negocio de intermediación entre los que tienen dinero y los que lo necesitan. Tendríamos una remuneración porque utilizan nuestro dinero para prestar y asumimos que se corre un riesgo. El sistema hasta ahora se sustenta en que los bancos, de cada euro que nos cogen , tienen que reservar una parte que se destina a un fondo para posibles problemas, y el resto lo prestan participando en la creación del dinero y en darle velocidad al mismo.

Con el caso chipriota, se rompen varios dogmas. Primero, puedes perder tu dinero aunque tu banco no quiebre, por una decisión gubernamental. En este caso, da igual la solvencia del banco donde tengas tus depósitos. Segundo, nos cargamos los derechos de propiedad. Tercero, ya no da lo mismo tener los depósitos en cualquier país de la unión monetaria. Aquellos más susceptibles de tener quitas, son más peligrosos para tener dinero. Cuarto, desaparece el concepto de seguridad jurídica, porque cualquier gobierno puede pasar por encima de él.

A mí, el que más me preocupa es el último, porque hace que desaparezcan las inversiones, y con ello el progreso y el futuro.

¿Por qué se dice que el caso chipriota es único y que no se extendería a otros países? Muchos de los depósitos en los bancos chipriotas tienen una procedencia clara en cuanto a su geografía, rusa, pero más oscura en cuanto a su origen. Y claro, utilizar fondos europeos para salvar a oligarcas rusos (en el mejor de los casos) pues provoca cierto sarpullido y más en año electoral alemán. Con la sensibilidad que tenemos a la evasión fiscal ahora mismo, no parece muy apropiado pagar las lavanderías a otros. La pregunta relevante es ¿Por qué no se ha puesto una tasa sobre clientes extranjeros en bancos chipriotas? Y aquí tendría más que decir James Bond que los asesores financieros. Primero tenemos al antiguo presidente Dimitris Christofias, comunista, que se ha pasado por el arco del triunfo todas las peticiones de la Unión Europea, y que seguramente habría garantizado la seguridad de los depósitos rusos, así como la discreción a sus propietarios. Tener una “colonia” rusa como paraíso fiscal dentro de la Unión Monetaria no es moco de pavo. Y las reservas de gas bajo el subsuelo chipriota tampoco.

El problema es como dar marcha atrás ahora, después del no del parlamento chipriota. En mi opinión, el corralito está garantizado. El experimento ha salido rana, y si no impiden los movimientos de capitales, los depositantes van a ir con excavadoras a las sucursales bancarias. Si me preguntan si se puede hacer extensivo a España, les digo que no (de momento). Primero, los depósitos en Chipre representaban el 400% de su PIB y en España sólo el 100% y teóricamente hay muchos pasivos bancarios por delante de los depósitos. Claro que estaría mucho más tranquilo si no hubiese visto todos los incumplimientos de contratos que hemos visto con el tema de las renovables. Y además nosotros tenemos mucho menos sentido del humor que los chipriotas, que tienen las narices de nombrar como Gobernador del Banco de Chipre a un tipo que se llama Pánikos Demitriadis.

Bueno, como decía Ronald Reagan “he dado órdenes de que en caso de una emergencia nacional, me despierten en cualquier momento, incluso si estoy en una reunión del gabinete”.

Buena semana.

 

 

Julio López Díaz, 21 de marzo de 2013

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