William Burroughs

Matar a su propia esposa sería un paso en falso que acabaría con la carrera de la mayoría de los escritores -y de casi todo el mundo- pero no pareció afectar a la de William Burroughs, integrante de la llamada generación Beat, con Jake Kerouac y Allen Ginsberg, que vuelve a revivir estos días con la película “En la carretera”. En 1951, en una reunión en su casa de México, el escritor y su mujer, Joan, obsequiaron a sus invitados con su famoso juego de Guillermo Tell. Ella se colocaba un vaso de whisky en la cabeza mientras él apuntaba con su revólver del calibre 38. No parece que ninguno de los dos se preguntara si era prudente que un adicto a la heroína utilizara a una temblorosa adicta a la benzedrina para sus prácticas de tiro. El escritor falló: le voló la cabeza a su mujer, que falleció al instante. Fin de la fiesta. Después de un complejo proceso legal en el que untó a varias autoridades, pudo marcharse del país y ser condenado in absentia por homicidio. A otro le hubiese invadido la culpa, pero el autor prefirió quedarse con la parte buena “no he tenido más remedio que llegar a la terrible conclusión de que, si Joan no hubiera fallecido, yo no me habría convertido en escritor. Su muerte me puso en contacto con el invasor, el oscuro pasajero y me condujo a una lucha que durará toda la vida y en la que no me queda otra opción que escribir para escapar”.

Burroughs no hubiera sido escritor de no haber matado a su mujer, y yo no me hubiera hecho hare krisnna si no me hubiera quedado corto del S&P 500. Los caminos del Señor son inescrutables, y parece que hay una voz que me insinúa “cultiva tomates, olvídate de los numericos de la pantalla…”. La verdad es que mi impericia este mes para ver los mercados es difícilmente superable. La visión macro que tenemos y que desgraciadamente lleva resultando acertada durante los últimos tres años, no tiene que ver nada en el desarrollo de los mercados. Los mercados tienen su propia dinámica y no siempre los ves venir, como a mi suegra. ¿Cuál es el principal problema de la ecuación? Lo que genera tener los activos sin rentabilidad, ante unas cantidades enormes de dinero emitido por los Bancos Centrales. Es muy difícil tener la suficiente paciencia para tener el dinero en caja al 0% y como el prisionero ante el tribunal de la Inquisición, el mercado prefiere confesar el crimen no cometido y la condena a muerte que seguir sufriendo. Ayer, por ejemplo, mayor movimiento al alza del año en las bolsas, el mismo día que Alemania se despeña en su índice de gerentes de compra y China sigue dando muestras de desaceleración. Los resultados empresariales americanos, sin tener en cuenta las financieras, han salido peor de lo esperado (IBM, General Electric, McDonald´s, Caterpillar), pero no ha representado un problema para los índices. Yo sigo pensando que se va a poder comprar la bolsa americana por debajo del 1500 este año, pero de momento voy a dejar que se me pase la irritación de la parte del cuerpo por donde amargan los pepinos.

Europa es otra cosa. La canción del verano ahora es “vamos a acabar con la austeridad”. El mercado apuesta por que la entrada en recesión de Alemania empujará a la señora Merkel a cambiar de actitud, y promover acciones de crecimiento, además de obligar al BCE a bajar tipos y realizar algún tipo de política no ortodoxa, como las que están realizando el resto de países del mundo, y que por lo menos (piensan) hacen subir los precios de los activos y ganan competitividad vía depreciación de las monedas. Ya saben mi opinión sobre estas medidas (0 para la economía real) pero la depreciación que puede tener el euro puede ayudar a cerrar el gap de las bolsas europeas con el resto de las mundiales. Ya que no me jugaría estrategias direccionales ahora mismo, sí compraría bolsa europea vendiendo la americana. Las medidas de austeridad claramente no han funcionado, pero mi pronóstico es que lo contrario tampoco lo hará y seguiremos con la dicotomía austeridad-déficit como el día de la marmota. ¿No llevó el exceso de crédito a la depresión y dos años más tarde el problema es que no hay crédito? Y todo esto con desapalancamiento global  igual a cero.

El gráfico anterior representa el crecimiento del gasto en USA, y el crecimiento del gasto en el llamado estado de bienestar. Como ven, hay casi treinta puntos de diferencia. Al final, lo que queda claro es que independientemente del país occidental del que hablemos, hay un gasto burocrático escondido que va más allá de los servicios, y que es la real falta de productividad de sus tristes economías. Esta versión me parece correcta. Pero el problema es que las empresas privadas están metidas en una cruzada de recortes de costes, que a nivel micro parece positivo, pero que a nivel macro acrecienta la depresión. Veamos una empresa como Boeing: pedidos en máximos, su cotización también y despide a 1500 empleados. Y el dinero lo vuelve a dedicar a recomprar acciones… Con lo cual no soy capaz de articular una teoría que nos diga qué hacer. El Estado es el único que contrata o mantiene empleo, pero a costa de baja productividad y de quitar renta disponible a los ciudadanos. Y los que ganan dinero, destruyen empleo. No sé solucionar el rompecabezas.

¿Cómo ligar los altos históricos de la Bolsa de Nueva York con la publicación de que Philadelphia, quinta ciudad de los Estados Unidos, tiene un 25% de sus habitantes viviendo bajo el umbral de la pobreza? ¿Cómo defender a la gente que tiene sus ahorros lícitamente ganados con su esfuerzo, y a la vez reducir las deudas de los que no pueden pagar? ¿Cómo solucionar el tema de los desahucios, sin pensar en la gente que paga religiosamente su hipoteca y llega apretada a fin de mes en el resto de las cosas? Todo esto me surgía a las 3 de la madrugada pensando en la carta de hoy, mientras daba vueltas en la cama.

Como decía Oscar Wilde, “a veces pienso que Dios sobrevaloró su talento al crear al hombre”.

Julio López Díaz, 24 de abril de 2013

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Un comentario

  1. Cristina · · Responder

    no es que me guste lo que escribes, ¡es que me facina!; espero tus cartas, como tú las llamas, como un drogadicto espera su chute de heroína. Y es que, me gusta hasta tu suegra…

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