Vladimiro

Un día, Dios se le presentó a Godofredo, campesino de un pueblo castellano, mientras araba en sus campos de secano. “¡Godofredo! Voy a concederte hoy el deseo que me pidas, con una única condición: que lo que te conceda, a tu vecino más próximo le será concedido el doble.” Tras pensar apenas un momento, Godofredo lo tuvo claro: “¡Sácame un ojo!”

 

Semana acueductual (no lo busquen en el diccionario) que nos trajo la eliminación de los dos equipos españoles de la Champions League, pero con un único pensamiento, quién de los dos había hecho más el ridículo, y la felicidad alcanzada no porque hubiera pasado su equipo sino, sobre todo, porque no lo hubiera hecho el contrario. En los mercados no hay esas disputas, aquí está todo el mundo feliz por el bombardeo analgésico de los bancos centrales, que siguen llamando con sus cantos de sirena a los gestores intrépidos, que siguen resistiéndose a comprar acciones. La melodía es cada vez más dulce y atractiva, y como a los sarracenos muertos en combate, se les promete un paraíso repleto de huríes que les harán la eternidad bastante más llevadera.  Vamos a comentar en qué consiste el juego y que cada cual vea.

 

Desde la caída de Lehman Brothers en el año 2008, los Bancos Centrales han incrementado sus balances (la FED americana un 347%, Gran Bretaña un 433%) con el fin de combatir la posible depresión que pudiera venir tras el estallido de la burbuja de la vivienda americana, y sus consecuencias en las instituciones financieras mundiales. En primer lugar, bajaron los tipos de interés a cifras cercanas a cero y aseguraron que no hubiera ningún problema de liquidez. Cuando surge un estallido de este nivel, los jugadores privados (empresas, bancos y familias) hacen recuento de daños y se dan cabezazos en las paredes por haber dado dinero a aquellos que no pueden devolverlo y que les dejan un agujero negro en su balance más grande que el ego de Mourinho. Lo siguiente que hacen es parar su actividad: dejan de dar nuevos préstamos, en el caso de los bancos, y de pedir nuevos créditos en el caso de los demás. La gente empieza a dejar de consumir, y la prioridad es devolver las deudas. A esto los economistas sabihondos lo llaman depresión de balances y suele llevar a un empequeñecimiento de la economía por el efecto limpieza. Muchos jugadores que jugaban en los mercados como en la PlayStation, se apalancaban y pedían prestado para hacer inversiones (el dinero lo ponía el “malvado” banco). Esto funcionaba, cuando la rentabilidad de la inversión era superior al coste de financiación. En el momento en el que el metro cuadrado de secarral no se vende ya a 12.000 euros, los promotores se sacuden las manos y le dicen al comercial de la sucursal del Desierto del Gobi, ¡te he dejado unas preciosas parcelitas en segunda fila de playa, a 650 kilómetros del mar que ahora son tuyas! Conclusión para el banco: pequeño cambio de partida contable en el activo, de préstamo a largo plazo a factura de proctólogo por el mismo importe. Como los promotores tenían responsabilidad limitada, la pérdida la asume el banco. En el caso de viviendas para particulares, la ley hipotecaria española es distinta que en el resto del mundo, y los particulares responden de la totalidad del préstamo con sus bienes presentes y futuros. Cuando el parón de la economía se refleje en el desempleo, se dejarán de poder pagar las cuotas y se concluirá con los desahucios. Los gobiernos (no dudo que con buena fe, pero con absoluta impericia) tratan de compensar este proceso de desapalancamiento de los privados, consumiendo y gastando ellos. El gobierno piensa que tiene margen, porque tiene una deuda sobre PIB por debajo del 60%, y una prima de riesgo con respecto al resto de países europeos de 0. Sin embargo, parte de un error importante. Durante los años de expansión económica ha sobrevalorado su capacidad recaudatoria y piensa que es eterna, independiente de la marcha económica del país, y no sólo eso, sino que ha adaptado los gastos a esos ingresos. Cuando empieza la crisis verá como los ingresos se reducirán drásticamente, y los gastos seguirán creciendo. Comienzan los déficits públicos de dos dígitos y a aumentar sus necesidades de endeudamiento. Esta subida rápida de las necesidades de financiación empieza a subir la prima de riesgo, y a subir el stock de deuda. Y llegado a este punto tenemos las dos teorías económicas enfrentadas y que sólo nuestros nietos sabrán cuál es la vencedora. La teoría que dice que sólo salimos de ésta reduciendo gasto público, y la que dice que es precisamente el gasto público lo que hace que la economía no esté peor, pues compensa el desapalancamiento privado y evita que haya más paro. Y con estas perspectivas, ¿qué es lo que intentan los bancos centrales? Cuando ven que ya han llegado los tipos a 0, y esto no arranca, lo que hacen es aumentar la base monetaria comprando deuda pública u otros activos. Lo que se trata es de cambiar cromos por dinero, para que éste vaya a la economía. Hasta ahí, perfecto, pero ¿cuál es el problema que llevamos anunciando desde hace ya bastante tiempo? Que la bondad del modelo descansa en que efectivamente el jugador que recibe el dinero cuando vende los bonos, lo utilice para “gastar”. Aquí aparece un concepto un poco distinto de base monetaria, que es el de oferta monetaria (la cantidad de dinero que el sector privado tiene para gastar) y que además de la base monetaria depende de la velocidad del dinero (cuántos préstamos den los bancos), y esta oferta monetaria apenas ha crecido porque los bancos usan el dinero de los bancos centrales para reducir sus deudas, o para comprar otros papelitos y llevarse un beneficio de la diferencia de tipos. El dinero creado va a los mercados y no a la economía. La put de Bernanke crea un efecto pernicioso en el sistema; es más fácil y menos arriesgado poner el dinero en los activos financieros que prestárselo a un emprendedor que ya veremos si nos lo devuelve. Y además ahonda en las desigualdades sociales. Bloomberg ha publicado que el movimiento alcista de los últimos días ha hecho que las doscientas personas más ricas del planeta, hayan visto aumentar su fortuna en 45.000 millones de dólares.

 

El gap entre economía real y economía financiera no deja de crecer, y es imposible saber cuál va a ser el límite. Los Bancos Centrales van a penalizar a los ahorradores llevando la remuneración de sus ahorros a cero, para permitir que el servicio de la deuda de los estados no crezca. Le obligan a la vez a entrar en activos con riesgo, para buscar una teórica mayor recompensa y un nebuloso efecto riqueza que le hará gastar más. Lo mismo que en 2008. Nosotros cerramos nuestras posiciones cortas en el 1570 del S&P y de momento pensamos que es mejor estar fuera que ponerse delante de los miuras. La cantidad de dinero en el mercado baja las primas de riesgo y lleva a una revalorización de activos sin que crezca la economía. Veremos hasta cuándo dura la música.

 

Si pudiéramos vender nuestras experiencias por lo que nos cuestan, todos seríamos millonarios.

 

Buena semana

 

 

 

Julio López Díaz, 07 de mayo de 2013

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