Diógenes

El filósofo Diógenes dijo un día a Aristipo:

.- ¿Ves lo que yo hago? Si tú supieras alimentarte de coles, no tendrías necesidad de lisonjear a los grandes.

.- ¿Y qué? respondió Aristipo, si tú supieras lisonjear a los grandes, no te verías obligado a alimentarte de coles.

¿Por qué narices me habrá gustado siempre Diógenes? Con lo cómodo y remunerativo que sería pasear de la manita de los prebostes financieros del mundo por el país de OZ o por Davos. La marcha de los mercados me hace parecer cada vez más uno de esos profetas en cueros que salían en La vida de Brian y a los que los niños arrojaban huesos de aceituna mientras se reían de ellos. Y la economía sigue en recesión, pero total, eso sólo le afecta a un insignificante 95% de la población…

La verdad es que la economía llena en los últimos tres años cualquier conversación de nuestra vida, y es cuando menos cargante el papel tan central que desempeña en nuestro día a día. A lo largo de la última semana, hemos podido contemplar nuevas manifestaciones en contra de los recortes. Una me llamó poderosamente la atención, la de los estudiantes. Y me llamó la atención por las contestaciones tan peregrinas de los “huelguistas” a las preguntas que les hacían periodistas de distintos medios informativos. Con lo cual, en vez de aburrirles hoy con los mercados, decidí poner negro sobre blanco lo que yo pensaba sobre ese tema. Y a ver si somos capaces entre todos de poner los pilares sobre la materia, que en mi opinión, será el hecho diferenciador de los países en las próximas décadas.

La educación en España, es uno de los temas que más me enerva. Me enfurece, por la poca capacidad que tenemos para diseñar un modelo educativo que no cambiemos cada vez que hay un cambio de color en el gobierno de la nación o en el reino de taifas de turno. El debate se enquista en la confrontación público-privado, o en una guerra de cifras económicas, pero nadie se preocupa de si tenemos una educación de calidad, que sirva tanto para elevar el nivel intelectual de los alumnos, como de preparación para el desempeño útil de unas profesiones demandadas por la sociedad actual. Y aquí, como en tantas otras cosas, no hay nadie capaz de hacer una presentación aséptica y fría de las cosas. Lo primero las cifras crueles. España, a nivel de gasto educativo, se encuentra en la media europea, por mucho que se haga demagogia con el asunto, ni por encima, ni por debajo. Se ha ampliado la obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza desde los 14 a los 16 años (antes octavo de EGB ahora 4º de la ESO). Esa enseñanza pública cuesta ahora mismo alrededor de 4.200 euros por alumno. En mis tiempos, en el colegio de agustinos donde estudié, éramos 45 alumnos por clase, ahora son en media 26 alumnos. Cada profesor daba una media de 30 horas lectivas semanales, y ahora la media está en las 20 horas. En España hay un profesor por cada 13 alumnos. En Francia, Holanda o Alemania hay 20 alumnos por profesor. Más cantidad de profesores, menos alumnos por clase, pero peores cifras de fracaso escolar que hace 25 años. No es un problema de presupuesto, sino de calidad. Los motivos pueden ser muy diferentes y desde luego, se podría hacer una extensa lista; yo aporto los míos: pérdida de autoridad del profesor (¡qué es eso de dar el mismo valor al alumno que al profesor!) que desincentiva a los profesionales y les hace adoptar una posición low profile; promediar a la baja el nivel educativo (se puede pasar de curso con varios suspensos) y en definitiva menospreciar un hito como puede ser la consecución de un título de bachillerato, dándoselo a todo el mundo, lo merezca o no, y eliminando de los programas aquellos temas que puedan suponer un “esfuerzo”.

El tema universitario está todavía peor enfocado. Partimos de una “democratización” errónea, de que todo el que quiera puede estudiar. Aquí, como con la política monetaria de Bernanke, lo único que hacemos es posponer los problemas a cuando acaben la carrera. En mi opinión, debería haber muchas menos plazas universitarias y deberían optar a ellas los mejor preparados, de tal forma que hubiera un verdadero reconocimiento por obtener un título universitario. Y no como ahora, que parece que los regalan en las tómbolas. Además crea muchas desigualdades sociales, porque la futilidad actual de una carrera, lleva a que el hecho diferenciador en el curriculum sean los cursos de postgrado, con la particularidad de que estos cursos son en la mayoría de los casos aptos sólo para personas con rentas altas. ¿De verdad que hacen falta 100.000 abogados? (en el caso de los economistas, y gracias a los Bancos Centrales sólo va a hacer falta uno por Museo de Ciencias Naturales, para ponerlo al lado del esqueleto del Tiranosaurius Rex). ¿No es mejor tener 20.000 perfectamente preparados (la cifra me la invento) y no 80.000 frustrados, habiendo perdido 4 ó 5 años de sus vidas para obtener un título que no les va a servir para nada?

El país a la cabeza del esfuerzo tecnológico y con menor desempleo de Europa es Alemania, que tiene proporcionalmente la mitad de universitarios que España. Y puestos a dar cifras, el coste de un alumno en una universidad pública española es en media alrededor de 9.000 euros, de los que el alumno paga el 10%. Es el mismo coste que tiene una plaza universitaria inglesa (sorprendente ¿no?), pero allí el alumno paga alrededor del 50% de la matrícula.

Aquí quemamos todos los contenedores del mundo porque suben 150 euros al año las tasas universitarias, pero no tenemos problema en pagar 300 euros por una entrada para ver el Barça – Real Madrid. Aquí cada Comunidad Autónoma se ha liado la manta a la cabeza y ha construido un campus universitario en cada pedanía municipal, porque un tío de Villarubios de Abajo no puede ser menos que un tío de la capital y tiene que poder ir en patinete a la Universidad. Casos concretos: en la Universidad de Ávila, la carrera de topografía este año ha comenzado con cinco alumnos, y en ingeniería de caminos hay más profesores que alumnos. Pregunten a amigos profesores universitarios qué es lo que pasa en la Universidad, antes de esconderlo todo bajo el  paraguas protector de los recortes. Yo tengo una amiga, profesora sin plaza, que da clase en CUATRO universidades por cuatro perras, porque tenemos un sistema en el que el Catedrático no da clase desde hace 835 años cuando ganó la plaza, y los profesores titulares están “investigando”. Primero de Económicas en la Universidad Autónoma de Madrid tiene 40 alumnos por clase, y en la ampliamente reconocida y de pago ICADE hay 60 alumnos. Si miran las cifras del Ministerio de Educación, verán que por cada centro universitario público, el personal no docente es el doble respecto a uno privado. ¿No somos partidarios de una universidad pública potente? (yo estudié en la pública) ¿O es incompatible ser eficiente con ser público? Ampliemos las becas para los estudiantes brillantes, y hagamos un sistema como el del bonus-malus de las compañías de seguros, haciendo que los malos estudiantes paguen la carrera a los buenos.

La vida, como en el mus, no consiste en tener buenas cartas, sino en jugar bien las que uno tiene.

Buena semana

Julio López Díaz, 16 de mayo de 2013

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