Jacinto Benavente

Jacinto Benavente es el único escritor que, después de ser nombrado académico de la Real Academia, fue desposeído de su título. Fue dado de baja como académico porque estaba faltando a su ley de bases: durante muchos años estuvo esquivando el paso previo a ser académico, que era leer el discurso de recepción. No lo leía. Y lo peor de todo es que no pensaba escribirlo nunca, pues tenía la superstición de que se moriría al día siguiente de leerlo en el estrado de la Real Academia.

Parecido es el caso de los miembros de la Reserva Federal americana. No quieren hacer el discurso de salida de las medidas cuantitativas, porque temen que el mundo se acabe al minuto siguiente. Cualquier amago de aminorar el ritmo de compras de bonos americanos (85.000 millones de dólares por mes actualmente) se recibe con bastante cautela por la comunidad inversora y, hasta la fecha, siempre ha tenido que salir a la palestra inmediatamente algún “palomo” de sus directores para reinterpretar las palabras. Ya vimos la semana pasada lo que pasó en la Bolsa Japonesa cuando sus tipos de interés a 10 años tocaron el 1%. Una caída de su futuro del 16.000 al 13.715 en dos sesiones. El agujero de salida siempre es muy pequeñito y, como en las aglomeraciones, se aparta más gente diciendo ¡voy a vomitar! que pidiendo disculpas. Desde entonces, movimientos diarios de 500 puntos e intervenciones masivas del Banco Central para calmar a los inversores. Y tiene su lógica. Es complicado querer que un inversor invierta por debajo del 1% a 10 años, cuando se les dice que se va a intentar alcanzar una inflación del 2% y tu moneda se va a depreciar. Ahora mismo la deuda gubernamental nipona es alrededor de veinte veces sus ingresos fiscales. Hasta ahora el servicio de la deuda (los intereses que pagan cada año) era poco relevante por tener los tipos cercanos a cero, pero si desaparece la confianza en el Banco de Japón y suben los intereses, no tienen ingresos fiscales suficientes para cubrirlos. Lo esperan lograr cuando el crecimiento de la economía y de los beneficios empresariales derive en un incremento de los ingresos fiscales, pero el gap temporal necesario para lograrlo se puede llevar por delante el experimento. Y lo primero que se llevaría por delante es a los bancos japoneses, cuyo principal activo son los títulos de deuda japonesa que, al depreciarse, les hace necesario más incrementos de capital, liquidar operaciones porque les salten niveles de pérdidas, y cachetada, no poder conceder nuevos préstamos y nueva cachetada.

Es el problema de inflar el globo, que cada vez es más complicado pincharlo sin poner pringada la cocina. Yo hace un par de años, pensaba que la gente no volvería a caer en los mismos fallos de inversión, pero la realidad me desborda. Volvemos a ver máximo histórico en compras apalancadas en Bolsa, gente comprando productos estructurados por dar un poco más de rentabilidad a sus inversiones, y entradas por primera vez en cuatro años de minoristas en bolsa americana. ¡Hasta Moody´s está subiendo las calificaciones de la deuda! Los tiempos y las condiciones cambian, y debemos aprender a cambiar con ellas. Lo que no cambia es la naturaleza humana, y esa es la razón por la que la historia se repite y las acciones se comportan de forma similar. Los males que no tienen fuerza para acabar con la vida, no la han de tener para acabar con nuestra paciencia. Aquí no es momento para invertir, pero cuando miro la historia en los gráficos, veo que es precisamente en la zona de sobrecompra de los mercados, donde se producen los movimientos alcistas más salvajes.

Esta divergencia entre los mercados financieros y la economía real es la que nos está matando. El dar más importancia al holograma que a la realidad. Y les voy a poner un ejemplo. Los que me leen saben el odio bizantino que tengo a ese invento del diablo que son las recompras de acciones. La última cifra conocida, fija las compras en la bolsa americana en lo que llevamos de año en unos 286.000 millones de dólares, siendo las empresas, con diferencia, el principal grupo comprador (los fondos de pensiones han seguido vendiendo). Ayer, una empresa como Dole Foods comunicó que abandonaba su programa de 200 millones de dólares de recompra de sus propias acciones, porque se le había presentado una oportunidad de comprar tres buques frigoríficos por 146 millones de dólares, de tal forma que podía renovar parte de su flota que tenía ya una vida media de 27 años. Consecuencia, las acciones de la compañía cayeron un 7%. Mensaje de los mercados, “no me inviertas que te pego, leche”; “olvídate del futuro, yo sólo quiero el dinero que me des hoy”. Así nos irá. Las empresas americanas se encuentran en niveles máximos de beneficios históricos, con unos márgenes fantásticos (cada vez menos empleados y peor pagados, y con los costes financieros hundidos) y que no invierten en el futuro. La micro va cojonuda, pero entonces digamos claramente que a la mierda la macroeconomía, porque no crearemos empleo. O miremos qué pasa con los verdaderos creadores de empleo, las pymes, a ver cómo les va. En la última encuesta de NFIB, los pequeños comercios se quejaban de ventas pobres, de subida de impuestos y de una regulación gubernamental cada vez más farragosa. A la pregunta de si esperaban expandir sus negocios, la respuesta era escupir a un lado.

Y luego tenemos las hemerotecas, que son como novias despechadas. Les voy a trasladar unas palabras del amigo Ben Bernanke de hace unos años. “Estoy preocupado por los efectos a largo plazo de la estabilidad y eficiencia de nuestro sistema financiero, si la Fed intentara sustituir su propio juicio por el de los mercados. De suceder eso, sólo se incrementaría la insalubre tendencia de los inversores a prestar más atención a rumores sobre la política monetaria que a los fundamentos de la economía, que son los que deberían determinar la asignación del capital”. Y ahora a bailar todos Paquito el chocolatero.

El objetivo del comunismo, en general, no fue dar más poder social y político a la gente, sino eliminar las alternativas y concentrar el poder en pocas manos. Se basaban en un plan económico centralizado, en el control de la emisión de moneda y en la ilusión de creación de trabajos por la centralización gubernamental (funcionarios). Y cien millones de americanos recibiendo algún tipo de ayuda gubernamental. ¿qué diferencia tenemos ahora respecto al padrecito Stalin?

Los españoles, o son católicos, o son racionalistas. Los católicos lo esperan todo de un milagro. Los racionalistas todo lo esperan de la Lotería Nacional.

Buena semana

Julio López Díaz, 30 de mayo de 2013

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