Opinión desde Attitude (27-jun-2013)

Desde finales del siglo XIX hasta la segunda década del XX, científicos, marinos y exploradores se propusieron conquistar el polo ártico y el antártico. En Gran Bretaña, la Royal Geographical Society se tomó el objetivo muy en serio y en 1901 organizó una expedición a la Antártida liderada por el capitán Robert Scott (a quien tuvo que hacer Mecano una canción para que nos sonase). Con el fin de reclutar la tripulación para la expedición, se insertó en el Times el siguiente anuncio: “Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo bajo. Mucho frío. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito”. A pesar de la dureza y de los riesgos que implicaba esta expedición, más de 5.000 hombres respondieron al anuncio, lo cual dice mucho del espíritu de sacrificio y de aventura de aquella época.

Toda esta historia viene al caso por la enésima disputa por la educación en nuestro país. Y no puedo reprimir las náuseas que me produce toda la demagogia sobre este tema, y cómo cada uno se aferra a los argumentos más insustanciales con tal de dar caña al contrario. Hay una conciencia general, “los jóvenes hoy en día son unos tiranos, contradicen a sus padres, dejan su comida y le faltan el respeto a sus mayores”. Si le preguntas a cualquier persona de mi generación te contestará cuánta razón tienes, y te dará mil y un ejemplos de cómo éramos los chicos antes y cómo son los de ahora “que no valoran nada”. Sin embargo, cuando les dices que la frase no es tuya, sino de un tal Sócrates que vivió hace 2.500 años, la cosa cambia. Siempre pensamos que nuestros descendientes son menos esforzados que nosotros, que lo tienen todo hecho y que qué vida tan fácil tienen. Lo mismo que mi abuelo se quejaba seguramente de mi padre por ir en las primeras vespas, en lugar de ir andando o en burro. Veo a muchos tertulianos quejándose de este tema por la radio, y se les cae la baba hablando de que los estudiantes también tienen que tener sus obligaciones, para luego, sin el menor rubor, decir que ellos eran malos estudiantes. Es como cuando ves la cuenta corriente de todos los que salen recomendando apretar el cinturón de los salarios. Siempre es el de los demás. Dicho esto, lo que creo es que cualquier intento que se haga, al final tiene que depender del alumno. Si éste quiere salir adelante, ya se buscará la vida y se formará aunque sea extrauniversitariamente. Por mucho que filosóficamente no nos guste, el tío Darwin aplicará su vara.

Una de las teorías que explicaban el imperialismo era la del filósofo inglés Herbert Spencer que, apoyándose en la teoría de Darwin, acuñó el término “la supervivencia del más fuerte”. Para los social-darwinistas, la explicación por la que algunos triunfaban más que otros en la sociedad o lograban hacerse ricos, era por su capacidad de adaptarse al medio y dominarlo. En definitiva, eran los más fuertes porque se habían esforzado más para serlo o habían sabido aplicar mejor las técnicas para lograr sus objetivos y por consiguiente se merecían el éxito. Según esta corriente, legislar a favor de los más débiles de la sociedad, o distribuir la riqueza de la minoría con más dinero, no era conveniente para los intereses de un país, pues lo único que lograría es interferir en la ley natural. Con respecto a las relaciones internacionales, el social-darwinismo explicaba que el mundo se dividía entre naciones poderosas y débiles, de la misma forma que ocurría en la sociedad. La teoría del más fuerte describía perfectamente por qué algunas naciones acumulaban poder y riqueza hasta convertirse en grandes potencias, mientras que otras incapaces de adaptarse al medio, entraban en decadencia y eran sometidas a los más poderosos, o incluso divididas o desaparecían por completo. Terrible teoría.

Sólo se aguanta una civilización si muchos aportan su colaboración al esfuerzo. “Si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde”, decía Ortega y Gasset.

Volviendo a la economía. La gente, de vez en cuando, cae en la cuenta de que estamos en medio de un experimento de grado superlativo y consecuencias difíciles de prever, y que las variables y quienes teóricamente las controlan, no las tienen todas consigo. Sólo hay que ver la intervención de Bernanke de la semana pasada, y su desconcierto ante la marcha de determinados activos (en concreto los tipos de interés a largo). La economía es más una ciencia social, que se convierte en una ciencia matemática en determinadas condiciones, generalmente cuando un político dice que todo empieza a ir bien, o las agencias de rating mejoran sus calificaciones sobre algún emisor. En ese caso las probabilidades de una caída abrupta de las cotizaciones es puro cálculo matemático. Es el  100%. Las noticias o realidades están siempre ahí, y lo difícil es interpretar cuándo la masa empezará a darles más importancia. La clave es comprender la psicología de mercado y en qué se basan sus acciones. ¿Cuántas veces hemos visto cambiar los puntos de vista de la gente de un día para otro? ¿Por qué la gente mataba por comprar el Nikkei a 16.000 y a 13.000 dos semanas más tarde nadie lo quiere? ¿Por qué cuando el oro estaba en 1.600 $ los gurús del mercado fijaban precios objetivos superando los 2.000$, y ahora esos mismos profetas con el oro a 1.230$ fijan precios cercanos a los 1.000$? ¿Por qué la ganadora de Miss Universo es siempre una terráquea?

Vivimos en un mundo más de declaraciones que de hechos, en el que lo que importa es el siguiente minuto. Este viernes hace justamente un año, teníamos los índices bursátiles europeos metiéndose un rally de más del 4% porque se había aprobado la unión bancaria y se iban a destinar 120.000 millones a un plan para reactivar la economía. Obviamente, ni una cosa ni otra se han materializado, pero fíjense como se reaccionó en ese periodo. En estos momentos, lo único que se discute es un paquete de tan solo 6.000 millones de euros para combatir el paro juvenil.

El dilema actual de los mercados es si hemos entendido o no al amigo Ben. Ante la duda, el mercado se lanzó a vender todo tipo de productos, golpearon fuerte a los emergentes, a los tipos de interés a largo y terminaron con las Bolsas. A nosotros este movimiento no nos ha sorprendido mucho, si acaso la velocidad del movimiento, pero ya sabemos que las subidas son lentas y machaconas, pero en las bajadas el agujero es estrecho y no cabe el bigote de una gamba. A nuestro entender, hay algunos mercados que han llegado donde tenían que llegar (7500 Ibex, 3600 Francia y 1555 S&P 500) y se nos ha quedado un poco corto en el caso de Alemania. Teniendo en cuenta la cercanía del fin de semestre y la rapidez del movimiento, no pensamos que perforen esos niveles en los próximos 15 días. Pero sin embargo, si observamos gráficos semanales un poco más largos, nos hacen pensar que a lo largo del verano sí podemos ver niveles ligeramente más bajos, y a pesar de nuestro conocido pesimismo económico, no esperamos grandes caídas.

En todas las fiestas hay dos tipos de personas: las que quieren quedarse y las que quieren irse. El problema es que unas están casadas con las otras.

Buen comienzo de semestre y de vacaciones para algunos.

Julio López Díaz, 27 de junio de 2013

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