Siria

Siendo Churchill jefe del partido conservador, hacía todo lo posible para complicar la vida al partido laborista. Durante un gobierno laborista, se discutía en la Cámara de los Comunes la conveniencia de intervenir en una guerra. Churchill, que estaba en la oposición, preguntó si no sería mejor acabarla. Le contestaron que si la cosa fuese posible… Y Churchill dijo que él tenía una fórmula segura. Y la explicó así.

-Cederles a nuestro señor Tal y que le nombren allí Ministro de la Guerra.

-¿Y la guerra se acabaría?

-Seguro. Aquí ha sido ministro de Subsistencias y consiguió que las subsistencias se acabaran.

A diferencia de Churchill, que podía dar soluciones ingeniosas a problemas bélicos, no parece que existan soluciones milagrosas para poner fin a los problemas en Oriente Medio. Sus lecturas son muy complejas. Tras haber transcurrido dos años de la denominada primavera árabe, la conclusión que podemos sacar, es que ninguno de los países levantiscos está mejor de lo que estaba antes. Ni en Túnez, ni en Libia, ni en Egipto, donde ha habido cambios de gobierno, la situación ha mejorado. De unas oligarquías con buenas relaciones con Occidente, hemos pasado a unas oligarquías dominadas por extremistas islámicos. El modelo de democracia occidental no es fácilmente traspasable a estos países, y nuestros principios morales son permanentemente puestos a prueba. Hablamos del poder absoluto de las urnas, pero ¿qué pasa cuando en Egipto ganan las elecciones los partidos islamistas? ¿Sigue siendo la democracia un poder absoluto? ¿No ganó el cabo austriaco del bigotito también unas elecciones? ¿Puede la mayoría, salida de las urnas, usar ese voto para arrinconar a los que piensan distinto? ¿Existen unos valores éticos o de comportamiento a nivel mundial que puedan sostenerse por encima de lo que decida una mayoría en un territorio determinado? No hay una respuesta fácil, y el caso sirio lo hace pasar además por los espejos del Callejón del Gato. Ahí llevan dándose de palos dos años, en una agonía que por repetitiva, se nos iba haciendo cada vez más lejana e insensible, y que de repente vuelve a primera plana por el uso de armas químicas (¡con lo bien y silencioso que se mataba con las hachas y las bolas de pinchos, sin que nos preocupara lo más mínimo!). Y esto se debe a que, haciendo suyo lo de “esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios”, el presidente americano dijo que la línea roja sería el uso de armas químicas. Y ahora se encuentra con la necesidad de “hacer algo” para que la influencia americana no siga decreciendo en Oriente Medio y no decaiga su supremacía como primera potencia del mundo. Pero después del primer arrebato, el análisis de la situación se complica. Por un lado tenemos vivo el ejemplo cercano de Irak (pueden ver todos los días en las páginas treinta y tantos de los periódicos, que ha habido un nuevo atentado en un mercado con decenas de muertos). La intervención no parece que haya mejorado mucho la vida a sus habitantes. Por otro lado, tenemos que el bando que se enfrenta al presidente sirio está encabezado por Hamas, Hizbolá y otros filósofos del amor libre. Damocles, desde donde esté, se estará descojonando con su espada.

Si lo miramos desde el punto de vista económico, en mi opinión, tiene también dos sutilezas. Por un lado, Irak tenía una producción de petróleo que podría haber llegado a hacer autofinanciable la intervención bélica. En el caso actual, los 50.000 barriles de petróleo de Siria no lo hacen muy apetitoso, y más en un momento en que las economías occidentales están intentando salir de una recesión, y en el caso concreto de la economía americana está a punto de llegar nuevamente a un techo de deuda en un par de meses. La segunda sutileza es mucho más retorcida. Estados Unidos ha navegado ágilmente en las aguas de los problemas económicos de los últimos años por el dólar. Le ha permitido financiar sus inmensos déficits a tipos cero, sin que sufra la moneda. ¿Qué pasaría con ese dólar, si su hegemonía militar y económica se viera afectada? ¿Es un síntoma de debilidad el no hacer nada en un conflicto, cuando precisamente se benefician las otras potencias mundiales? (20.000 millones de dólares de ventas rusas a Siria, o China comprando activos en Egipto). No se ve clara una solución.

Esta situación geopolítica ha traído una gran confusión a los mercados. Tras una primera semana de agosto llena de optimismo, las nubes negras empezaron a aparecer a la vez que la lluvia de estrellas de San Lorenzo. Desde el punto de vista macroeconómico, hemos presenciado una mejora de los datos en Europa que no ha sido seguida por el resto del mundo, emergentes principalmente. Hemos tenido datos de crecimiento, aunque sean livianos, en Francia y Alemania, y en el caso de España se ha dejado de destruir empleo y con algunos datos de actividad que empiezan a hacer chof-chof en proceso de rearranque. Falta por ver si se debe a un factor estacional por el verano, al incremento del turismo afectado por la desolación de los países árabes mediterráneos, o porque la gente ha superado el factor psicológico ahorrativo y tras unos años de contención piensa que la situación no va a empeorar. El factor del endeudamiento sigue ahí, pero de momento pasamos por uno de esos períodos en los que el mercado no le presta mucha atención. Las cifras siguen siendo muy negativas; a finales de julio el déficit público se encontraba en el 4.38% frente al objetivo del 3.8% para finales de año. Los paganini del mejor comportamiento de los mercados europeos, en este mundo de vasos comunicados, han sido los mercados emergentes. Después de tres años en los que recibían flujos de capital ininterrumpidos, con crecimiento de las economías, tipos de interés atractivos para invertir y revalorización de las monedas (el paraíso de los inversores), el proceso de salida ha sido abrupto y desordenado. La posible finalización de las políticas monetarias laxas en Estados Unidos, ha provocado la estampida de los mercados donde iba el dinero gratuito dado por la FED, en un momento en que en estos países, como denominador común, teníamos unos importantes aumentos de los déficits comerciales (Brasil, Indonesia, India). La caída ha sido exponencial, al unirse a la depreciación de la moneda, la subida de tipos de interés de sus activos. A esto se une el peor dato de crecimiento de empleo desde julio de 2009. Vamos, que no hay por donde cogerlos.

Todos los meses de septiembre, mi visión cínica del mundo se ve alterada por una ráfaga de optimismo que llega como un canto de sirena. Septiembre es el mes en el que uno cae en la cuenta de todos los progresos alcanzados por el ser humano desde su llegada al mundo. El hombre es capaz de superar cualquier obstáculo. Cómo, si no, se puede interpretar que cuando llega a casa la lista de libros de texto para el nuevo año escolar, no pueda utilizarse ninguno de los que el hermano mayor utilizó apenas hace dos años. Los avances en matemáticas de los dos últimos meses han debido eclipsar a Tales y Euclides; las nuevas figuras gramaticales han dejado totalmente anticuadas las usadas por Machado, y Hegel y Kant han debido hacer nuevas publicaciones sin que la FNAC tenga noticias. ¡Cómo avanza el mundo! Cualquier día nos dicen que Cervantes no nació en Alcalá de Henares…

Julio López Díaz, 03 de septiembre de 2013

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: