Nicolás I

El Zar Nicolás I daba un día un paseo por el jardín de su palacio y vio a un centinela en un sitio, junto a un rosal, donde le pareció que no hacía ninguna falta. Le preguntó:

– ¿Por qué estáis aquí?

– Es uno de los puestos de guardia, majestad.

– ¿Por qué?

– Lo ignoro, majestad.

Nicolás I quiso saber de aquel puesto de guardia, hizo indagar y se supo que, medio siglo antes, en tiempos de Catalina II, un rosal de palacio había dado una rosa muy bella. Y que la emperatriz, para evitar que alguien la estropeara, mandó poner un centinela. Y así se había establecido el puesto. El rosal, muy viejo ya, apenas daba flores y el centinela continuaba allí montando guardia sin saber por qué.

Lo más sorprendente de la semana pasada ha sido, sin duda alguna, la decisión de la FED de no disminuir el ritmo de 85.000 millones de dólares de compra de bonos americanos y de títulos hipotecarios que hace todos los meses desde hace ya un año. Es una decisión chocante y en mi opinión claramente errónea. Hay gente que asemeja a los gobernadores de la FED a los antiguos sacerdotes egipcios que hablaban directamente con los dioses y sus palabras eran oráculo, pero cada vez se asemejan más a las religiones orientales repitiendo el mantra ohm con un tono machacante, monótono y alejado del mundo de los sentidos. Llevan instalados en la política del helicóptero tanto tiempo que no miran otra cosa. Dan la sensación de haberse instalado en un corner del que no pueden escapar. Ya saben, los que tienen la paciencia de leerme desde hace tanto tiempo, que el pilar principal de todo este edificio ficticio que nos hemos construido, descansa en la confianza atávica en que la FED nos resuelva todo como un padre entregado. Si esta creencia empieza a ponerse en duda, y se agrietan las fachadas del templo, convendría que nos pillara lo más lejos posible.

Reitero, y voy contra la mayoría de esta industria, que todas las políticas cuantitativas de la FED excluyendo el QE1, que fue el de dotar de liquidez a los mercados en 2009, evitando el colapso del sistema, sólo han conseguido beneficiar a un porcentaje pequeño de la gente, y la percepción de un QE ilimitado crea más desventajas que beneficios. Si no funciona tan estupendamente como parece, ¿por qué seguir insistiendo? Y si el instrumento funciona, pero no termina de notarse en la economía porque los vasos capilares están atascados, ¿por qué no lo multiplicamos por diez? Una de las razones que argumenta la FED para no haber movido ficha, es que desde que comentó la posibilidad de reducir las compras de bonos los tipos de interés han subido. ¿Y qué pensaban que iban a hacer? Es como esperar que todavía haya chicas cerca cuando me quito la camisa y luzco cuerpo serrano. La FED ha perdido una gran oportunidad y se ha equivocado a la hora de manejar las expectativas de mercado, lo que hace dudar de la capacidad de sus dirigentes y, al contrario de lo que buscan, hace subir la incertidumbre. Además, lanza un discurso muy cortoplacista basado en los cambios mensuales que experimenten los indicadores económicos, perdiendo su visión tradicional de largo plazo. Uno de sus gobernadores, en uno de sus malabarismos dialécticos, llegó a decir que con datos de inflación por debajo del 1% recomendaría incrementar QE y por encima del 1.5% empezar a quitar estímulos.

Los mercados bursátiles siguen bastante anodinos, y tras una respuesta alcista tras la reunión de los americanos del miércoles pasado, han vuelto a donde estaban. Si preguntas a los gestores, el porcentaje de los que piensan que puede caer la bolsa está en su mínimo de los últimos cinco años, lo que siempre es un factor peligroso (si crees que la Bolsa va a subir, ya tienes tu dinero metido y lo único que puedes hacer es vender). Estamos neutrales, pero yo apostaría por una bajada en el próximo mes, aunque no muy pronunciada. Tendríamos que ver que se pierden ciertos niveles para jugar a la baja, mientras tanto esperar. Sólo una ruptura por encima de los 1725 del SP500 borraría esta visión. Mientras mantengamos esta neutralidad direccional, jugaríamos a largos de valores europeos contra los americanos.

La bolsa americana está empezando a dar síntomas peligrosos. Hasta ahora el factor fundamental que ha guiado las subidas ha sido la liquidez. Por un lado, la FED inyectando 4.000 millones de dólares al día, y por otra parte, con las empresas comprando 2.000 millones de dólares, también diarios, de sus propias acciones. Estos volúmenes, a pesar de los anuncios de hace dos semanas de Disney y Microsoft de nuevos programas de recompra, parece que empiezan a atenuarse y las empresas pueden empezar a cuidar más su caja, o en un arrebato místico-tántrico hasta les puede dar por invertir. Ya saben cómo funcionan los mercados, que suben cuanto más desempleo haya y bajan cuando a las empresas les da por mirar más allá de dos semanas. También es llamativo hacia qué tipo de empresas ha ido el dinero. Nuevamente se hacen apuestas sumamente arriesgadas hacia valores que no tienen balances ni cuentas de resultados que mirar, y sí unos maravillosos equipos de marketing. Tenemos a Facebook que ya vale 120.000 millones de dólares con unos ingresos de 7.300, a Netflix con un valor de 18.000 millones y unos beneficios de 130, a la fabricante de coches eléctricos Tesla con una capitalización de 22.000 millones (un 20% más que Renault o el 40% de BMW) y unos ingresos de 2.000. Linkedin vale 29.500 millones y unos ingresos de 1.500. Son empresas que aunque estemos ante un cambio paradigmático de los modelos de negocios (basados principalmente en la publicidad e Internet) se me antojan difíciles de justificar, pero ya sabemos que cuando los mercados se ponen burros, cada vez se apuesta más a rojo y negro.

La bolsa española, sin embargo, tiene una fuerza imponente. Si recuerdan, en un mail de hace unos meses comparábamos el aspecto técnico del Ibex 35 con el Dow Jones en la década de los treinta y los cuarenta, y sus semejanzas en dibujo y en plazos. De seguir con la semejanza, podremos ver el Ibex en el 12.000 a lo largo del año que viene. Yo no sé justificarlo desde el punto de vista fundamental, pero queda como aviso para navegantes.

Pero bueno, ya saben que en esto de los mercados hay dos tipos de gestores, los que no saben y los que no saben que no saben. Es como el chiste del enfermo receloso que preguntaba al cirujano si le aseguraba que la operación iría bien. ¿Pero y si se equivoca? ¡Oh, no se preocupe, en ese caso usted no se enterará de nada…!

Buena semana

Julio López Díaz, 25 de septiembre de 2013

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