El silencio

El músico John Cage decidió experimentar con la idea de que el silencio nunca es del todo silencio. El 29 de agosto de 1952, en un concierto en Woodstock, el pianista David Tudor estreno 4’33´´: salió al escenario, colocó la partitura y puso en marcha un cronómetro. A continuación se sentó en silencio. Cada cierto tiempo Tudor se levantaba y abría o cerraba la tapa del piano para marcar el final de los tres movimientos en los que dividía la pieza: cuando ésta concluyó, el pianista dejó el escenario. Los escépticos criticaron la obra al considerarla un mero montaje y señalaron que cualquiera podía haberla escrito. Su autor les dio la razón, pero añadió que nadie la había compuesto antes que él. Con 4´33´´ Cage había entrado en la historia de la música al componer cuatro minutos y treinta y tres segundos de silencio.

Yo, guardar silencio, no lo voy a hacer; al fin y al cabo me he creado la obligación para todos los que tienen el tiempo y la paciencia de leerme, de seguir expresando mis puntos de vista sobre todo lo que acontece. Pero ante el inexplicable hastío de mis hijos cuando les explico en las cenas, el papel de los bancos centrales en sus vidas, he decidido cambiar de partitura, y no hablar de la FED a partir de este momento, comprometiéndome a pagarles 50 céntimos (no pongo billones porque tendría a mis dos amigos de siempre diciéndome si son billones americanos o españoles) por cada vez que escribiera esas siglas. Alguno ya decía que cada vez me parecía más al profeta del pelo largo y desnudo de La vida de Brian. La tentación de interpretar la obra de Cage también ha sido muy grande. Al fin y al cabo, lo que vemos es una visión repetitiva de las cosas, incluso agigantada una vez más en los últimos días. Los mercados parecen una fiesta de las de El gran Gatsby, y no parece que haya nubarrones en el horizonte. Cuanto peores datos económicos, mejor, y en el caso de la patria, hasta el invicto Atlético de Madrid se deja ganar por el Español para fomentar la marca España, como una nueva ave fénix nacida de las cenizas. Se publican innumerables informes ponderando las bondades de España, copiando el anuncio del Mono Burgos saliendo de la alcantarilla cuando subimos a Primera, diciendo ¡ya estamos de vuelta! Sólo puedo decir ¡Ojalá! Me temo que sólo unos buenos datos económicos pueden parar a los mercados…

Yo comparto sin ninguna duda que hemos tocado suelo, y que ha habido un cambio brutal en España, porque la destrucción ha sido muy fuerte, y llega un momento en el que hasta la gente se cansa de estar negativa y cambia el chip. Si se ha parado la destrucción de empleo (hay que ver que es así y no es un tema estacionario del buen tiempo) la gente que sí tiene puesto de trabajo y ve que no lo ha perdido, empieza a pensar en bienes más allá de los que llevan a llegar a fin de mes. Pero el problema es que todo ese tremendo cambio, nos lleva sólo a estar flat en crecimiento. También el inversor que tiene su dinero en depósitos o en garantizados con próximos vencimientos se siente aterrado por los bajos tipos de interés y se ve “obligado“ a poner en activos de riesgo por lo menos una parte del dinero, después de haber jurado hace tres años que no volvería a invertir en Bolsa. Hay dos factores que se repiten en los informes, por un lado la mejora del déficit comercial apoyado en una gran mejora del sector exportador y por otro lado la mejora de la productividad. Y aquí es donde voy a volver a ganarme amigos, con una de esas paradojas de viejo de pueblo. La productividad la podemos medir como Producto Interior Bruto entre número de trabajadores, o bien como beneficio entre costes laborales. Y efectivamente, hemos subido la productividad, porque somos capaces de producir sólo un poco de menos bienes, con menos trabajadores, es decir destruyendo 4 millones de puestos de trabajo. O también porque al no tener la posibilidad de devaluar la moneda, hemos acometido una devaluación interna bajando de forma abrupta los salarios de los trabajadores. Con un poco de malicia, podríamos seguir y para mejorar más la productividad podríamos llevar el desempleo al 40% y bajar más los salarios… o que ya podemos subir mucho el numerador, porque si nos da por crear empleo volveremos a perder competitividad.

Otra forma cínica de ver las cosas. El panorama inversor español se ha agitado con la compra de acciones de FCC por parte de Bill Gates, apenas una semana después de las hiperbólicas palabras de Don Emilio sobre las cantidades ingentes de inversión que están llegando a España. Como ayuda a la venta de periódicos salmones de nuestra depauperada industria periodística, no es moco de pavo. Ahora bien, la compra de 113 millones de euros en acciones de FCC, representa el 0.21% del total de la cartera del chico de Seattle; desde luego no parece una apuesta de all-in de Texas holder. Recordemos que el peso del PIB español en la economía mundial es de alrededor del 1.7%. Una vez más podemos ver el vaso medio lleno o medio vacío a gusto del consumidor. Está infra ponderado en España, o le queda mucho por comprar para estar neutral. Y por flujos económicos, quitando el factor psicológico, sumamente importante por otra parte, lo verdaderamente importante no es lo que ha hecho el señor Bill Gates con su dinero, sino lo que van a hacer con ese dinero los que ahora lo tienen, es decir, los vendedores de las acciones. Al fin y al cabo, es una operación de mercado secundario, no ha habido una ampliación de capital sino una venta de auto-cartera. No se ha creado una empresa nueva, ni se han contratado nuevos empleados, ni se han hecho compras de maquinaria. Y finalmente, sí es muy significativo que el dinero vaya a un start-up implicado en un sector nuevo y de gran potencial, digno representante de la nueva economía y paradigma del cambio estructural de la nueva España, como es el de la construcción.

En definitiva, el mercado se siente invulnerable. El seguir empujando la lata sigue dando sus frutos. Yo sigo pensando que los beneficios empresariales no tendrán gran crecimiento, pero es complicado luchar contra la parte psicológica o esotérica que representa la famosa expansión de múltiplos. La experiencia pendular de los mercados nos ha enseñado otras veces que, además, los últimos movimientos son los más salvajes. La estrategia parece ser la misma; no ponerse delante de los mercados con posiciones cortas.

Los mercados no están dando la oportunidad de comprar algo con un riesgo limitado y objetivo a medio-largo plazo, y nuestra estrategia de espera, porque todos los años te dan una oportunidad de compra, no ha dado resultado. Mientras tanto, seguiremos con operaciones oportunistas con objetivos mucho más limitados. El ratio medio precio de las acciones/ventas de las empresas americanas, está en 1.6 veces, más de un 50% por encima de la media desde los años 90. Nos parece disparatado, pero ya vimos en el año 2000 que cuando rompieron niveles que parecían imposibles, la raya para arriba fue vertical.

Como dicen los optimistas, si el viento va en otra dirección, lo que hay que hacer es cambiar la dirección de las velas. En cambio mi psiquiatra, tras un año de terapia me dijo “Quizá, vivir no sea para todos…”

Buena semana

Julio López Díaz, 24 de octubre de 2013

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