Una maestra de párvulos

“Una maestra de párvulos observó que una niña de su clase se hallaba extrañamente triste y pensativa.

–              ¿Qué es lo que te preocupa?-le preguntó.

Ella respondió:

–          ¡Mis padres! Papá se pasa el día trabajando para que yo pueda vestirme, alimentarme y venir a la mejor escuela de la ciudad. Además hace horas extras para poderme enviar algún día a la universidad. Y mi mamá pasa el día cocinando, limpiando, planchando y haciendo compras para que yo no tenga de qué preocuparme.

–          Entonces, ¿Cuál es el problema?-dijo la profesora.

–          Tengo miedo de que traten de escaparse-dijo la niña.”

De un cuento de Tony de Mello.

Una de las pocas cosas buenas que tiene el mes de noviembre, es poder aprovechar que el frío todavía no se ha instalado y que Lorenzo ya no pega con justicia, para poder realizar alguna marcha por la sierra con los amigos y luego poder reunirte a conversar con las primeras sombras, y a la vez ayudar un poco a estimular las cuentas de las empresas de productos espiritosos. Este fin de semana así lo hice, y aprovechando la presencia de personajes de variados ámbitos (funcionariado, universidad, empresariado, asalariados) intentamos poner en el foco lo que estaba aconteciendo en cada uno de sus sectores.  Y después de la semana de reivindicaciones, sobre todo en el ámbito educativo, me sorprendieron mucho los puntos de vista. Les paso a resumir los comentarios y que cada cual vea.

Caso 1. Profesor universitario en una universidad de las de reciente creación en una ciudad de Castilla y León. El año pasado, se desplazaba desde Madrid, para dar clase a una única alumna extranjera, que se había quedado atrapada en uno de esos cambios de programas de estudio y “había que quedar bien”. Comentó también que se había iniciado alguna carrera este año con ¡cinco alumnos! y que en su universidad había más profesores que alumnos.

Caso 2. Profesora contratada en tres universidades, tanto privadas como públicas, con lo que puede comparar. Comentarios generales: hay más alumnos por clase en la privada que en la pública, y dentro de las dos públicas a las que da clase, la diferencia es absolutamente abismal, con una mayor implicación tanto del profesorado como del alumno en la universidad del sur de Madrid, respecto a la del norte. Sorprendentemente (o quizá no tanto) ha notado una clara mejora entre los alumnos desde la subida de las tasas universitarias, con mayor presencia en las clases y con una mayor preocupación de los alumnos por “rentabilizar” el dinero que ponen sus padres. La estructura interna de los departamentos es sumamente ineficaz y poco motivadora. El catedrático, hace tiempo que para saber dónde está la clase recurre al GPS, y tienen montado un auténtico cortijo en el que él dedica sus horas a conferencias y trabajos privados, a cambio de tener a mucho titular con la zanahoria delante de las narices, de poder sustituirle algún día, y éstos a su vez empleando el mismo truco con los temporales. No ha hecho nunca huelga y acepta el sistema tal como es. Asume que hay otros profesores que aprobaron una oposición y ella no, y por ello tienen la plaza ad eternum.  También comentó que ha recibido presiones continuas de arriba para aprobar más alumnos, porque si no los últimos cursos se quedan sin clientes. Aún así, nunca ha cambiado una nota en la pública, y en la privada, sólo se negó una vez a firmar un acta de un alumno (de apellido compuesto y que nunca se había presentado a los exámenes, pero cuyo padre era patrono) y se la encontró firmada por su jefe inmediato. Es totalmente partidaria del sistema de becas con notas más altas.

Caso 3. Funcionario. Organismo dependiente del Ministerio de Obras Públicas. Desde hace dos años han pasado a tener una cuenta de resultados, teniendo que licitar para obras en todo el mundo. Hasta entonces iban contra la cuenta presupuestaria del Ministerio. Tiene una secretaria, funcionaria desde hace más de treinta años, que va cuatro horas al día y que se limita a contestar el teléfono, porque el progreso la ha “desbordado”. Pondera las ventajas de ser funcionario, y a pesar de los recortes de sueldo, se considera un privilegiado respecto a otros compañeros de promoción que se han quedado en la calle en los últimos años.

Y así fueron saliendo los comentarios de cada uno de ellos, que no recojo aquí para no hacerlo muy extenso. Lo realmente destacado y en lo que caí cuando se fueron, era una cosa muy simple: ¡no se quejaban!, no esperaban que nadie les sacara las castañas del  fuego, no esperaban que el Estado les solucionara su futuro. Que estaban hartos de verse rodeados de gente reclamando sus derechos o el gratis total pero  incapaces de dar nada a la sociedad. Me volvió a la cabeza la famosa frase de Kennedy “No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país”.

Y luego ves las cifras del paro juvenil publicadas al día siguiente y te agitas todavía más. En Jaén un 75%, en Sevilla un 71% y en Córdoba un 72%. Una ONG conocida ha puesto un anuncio en varios periódicos buscando una trabajadora social, y se ha presentado ¡una candidata en dos semanas! Hemos dejado que el Estado nos fuera ganando terreno poco a poco, y ahora no somos capaces de hacer nada por nosotros mismos, y sólo esperamos que llegue la subvención. ¡Es el mismo proceso que estamos viviendo en África, con nuestro proyecto en NUCBACD! Si ven que el dinero llega, abandonan todas las actividades iniciadas para autoabastecerse y aunque nos parezca doloroso, muchas veces tenemos que andar frenando el flujo para que tengan un futuro.

Al final, volvemos a nuestros primeros días de aprender a conducir. Tenemos que andar jugando con el embrague para que no se nos cale el coche; tenemos que combinar nuestros esfuerzos para conseguir un futuro mejor y más justo, y a la vez no olvidarnos de vivir en un mundo en el que impera la competencia. Nada nuevo por otra parte. Creemos que nuestras decisiones se quedan difuminadas dentro del  marasmo del océano global y que por lo tanto no son importantes, y más aún, nos libra de responsabilidad sobre nuestros actos, y yo creo que es por donde debemos empezar. El otro día, intentaban convencerme de las bondades del libro electrónico (seguramente dirigidos por mi mujer y su intento de recuperar espacio en casa). Y yo me niego en redondo. Me entristece sobremanera cada vez que veo como cierra una de esas librerías de las de toda la vida o un nuevo cine Renoir. Mis mejores ratos los he pasado curioseando libros y en la última fila de los cines, y yo no estoy dispuesto a contribuir a su desaparición, porque algo sea más cómodo o más barato. Es una muestra más de la preponderancia que ha tomado el corto plazo en la vida.

Me he alejado un poco de los mercados, pero la verdad, no hay mucho que comentar. Siguen los de siempre intentando aflorar las bondades de las acciones porque la comparativa con los tipos de interés las hace la única alternativa. Es como decirte un sábado por la noche, después de haber perdido varias oportunidades, que no te queda más remedio que elegir entre las tres chicas feas que quedan. ¿No es mejor volverse a casa y esperar que el sábado siguiente el sol salga por Antequera? Si no, te quedas como algún amigo mío que “tuvo que elegir ese día” y ahora duerme con su mujer como las águilas imperiales, con los cuerpos juntos y la cara mirando para el otro lado…

Buena semana

Julio López Díaz, 05 de noviembre de 2013

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