Francis Bacon

Francis Bacon pensaba que el conocimiento solo avanza mediante ensayos y errores. Apoyándose en el método experimental de Bacon, el bioquímico inglés John Haldane descubrió muchas cosas, haciendo de conejillo de Indias en sus investigaciones. Fabricó, por ejemplo, una cámara hiperbárica casera en la que se metía para estudiar los efectos de la descompresión. Le dieron convulsiones tan violentas que se le rompieron varias vértebras. Pero gracias a las tablas que diseñó pudo empezar el buceo moderno. Este chalado, obsesionado por penetrar en las opacidades del mundo, sufrió también la perforación de los tímpanos; pero gracias a eso, sus estudios sobre el mal de altura han salvado la vida de miles de alpinistas. Durante la Gran Guerra, paseó por las trincheras para catar los gases alemanes usando sus pulmones como tubo de ensayo. Su hígado empezó a burbujear. Era cloruro de amonio. Casi no lo cuenta, pero así pudo diseñar la primera máscara antigás.

Ya ven como se las gastaban algunos inventores para poder hacer evolucionar a la humanidad. Todos ellos han tenido siempre una cosa en común: ninguno de ellos estaba en la lista Forbes, cosa que sí logran los experimentos financieros de los profesores universitarios que dirigen nuestro mundo financiero. Vivimos en un mundo tan manipulado, que vas al cine y ya no sabes qué es lo real, si lo de la pantalla o lo que hay fuera. Te puede pasar, por ejemplo, si vas a ver la segunda película de la trilogía “Los juegos del hambre” (que por cierto me causa estupor que esté dirigido a un público juvenil, a no ser que sirva como una clase de Conocimiento del Medio, Ciencias Naturales para los de E.G.B., que explique la Teoría de Darwin). Un mundo segmentado, dirigido por una élite que acapara toda la riqueza, dirigida por Ben Bernanke, digo Donald Sutherland, a través de un organismo que se llama la Fed, digo Capitolio. Al resto, no le toca sino enfrentarse entre ellos en un juego de supervivencia en el que sólo puede sobrevivir uno, y todo ello televisado en tiempo real en prime time. Es curiosa la proliferación de películas con la misma temática (In Time con Justin Timberlake, o Elysium con Matt Damon) y lo que no termino de ver es cuál es el fin. Aunque me temo que difiere poco del que tenía el pueblo romano cuando se acostumbraba a ver la sangre de los gladiadores: crear una especie de insensibilidad del espectador y que nada le asombre.

Yo sigo dando la murga, e intento diferenciar lo que pienso, que es la realidad, de lo que es la ficción impresora, parafraseando a Silvio Rodriguez, “aunque no esté de moda en estos días”. Tarde o temprano tendremos que afrontar qué se va a hacer con las profundas desigualdades que están generando las políticas monetarias, y las numerosas mentiras que vocifera. Una de ellas es que está mejorando el paro, cuando la verdad es que cada vez hay menos gente que trabaja; la mejor manera de verlo es con el participation ratio, que ha pasado en USA del 64.5% en el año 2000, al 58% actual. La segunda falacia es que la inflación es muy baja. Yo aquí tengo alguna discrepancia. Tener precios bajos es relación directa de la subida de la productividad y de un mayor comercio mundial. Totalmente de acuerdo. Lo que pasa, es que la cesta de la compra no es la misma para todo el mundo. Si tuviéramos la misma composición del IPC que había, por ejemplo, en tiempos de Jimmy Carter, la inflación estaría por encima del 8%. Los adelantos tecnológicos han bajado el precio de numerosos productos, pero los bienes de primera necesidad (alimentos, electricidad, gasolina, sanidad) se han disparado. Tercera falacia. El quantitative easing es un estímulo económico. Sin duda para Wall Street, otra cosa es para Main Street. Las 2.300 personas más ricas del mundo han visto crecer su riqueza desde los 3 billones (españoles para los de siempre…) hasta los 6 billones (6 veces el PIB español) desde que empezó el helicóptero verbenero. El 90% de la población mundial tiene menos riqueza que hace cinco años, y los ingresos medios por salario han caído de forma consecutiva durante estos cinco años. Me parece bastante frívolo decir a la gente que invierta en acciones el dinero que no siempre tienen, para compensar sus bajadas de salarios. Cuarta falacia; la deuda está bajo control. En el caso de España, setenta mil millones de euros este año más que el anterior y cuarenta mil más el año que viene (a pesar de la disminución de la deuda de familias y de empresas grandes). Quinta falacia, volverá el crecimiento. ¿Cómo? Las cifras de inversión están a niveles de hace veinte años, y la demanda de consumo cada vez está en manos de menos gente, por efecto de más impuestos y menos salarios. Eso sí, si una empresa presenta una mierda de resultados, lo acompañamos de una nueva recompra de acciones y todos contentos, sobre todo los directivos que ven subir sus stock options.

Y ya que saco el tema, llevaba tiempo queriendo hablar de esos sátrapas modernos que son algunos presidentes de compañías, que nunca han puesto un duro en las empresas pero que las dirigen como cortijos de Delibes. Digamos que los personajes son inventados y no tienen que ver con la realidad. El protagonista medio de nuestra historia dirige una empresa en un sector competitivo, en el que digamos, para no dar muchas pistas, que es imposible llegar a acuerdos de fijación de precios con otras empresas del sector salvo los lunes. Dicha empresa ha sido recompensada por los dioses con la gestión de nuestro héroe, porque había muchas empresas que luchaban a brazo partido por hacerse con sus servicios (menos, curiosamente, la empresa de donde provenía). Sus esfuerzos han sido denodados, ha tenido que afrontar muchos sacrificios, tener que volar en avión privado con lo incómodo que es, tener que vivir con una remuneración de sólo 26 millones de euros en los últimos tres años, que no le da ni para pipas; pero el esfuerzo ha valido la pena, ha conseguido que su empresa desde el 2005 haya perdido 6.000 millones de euros en capitalización y su beneficio por acción haya pasado desde los 2,56 euros a 1,41 euros. ¡Qué menos que que le den un reloj y un corbatero el día de su aún lejana jubilación!

En fin, sigan con los ojos abiertos. En la última semana han publicado notas algunos de los mejores gestores del mundo, arrojando la toalla en sus ideas sobre los mercados y la locura que impera. Inviertan en bolsa sin miedo. Sólo hay que ver las dos bolsas que más suben en el mundo este año. Venezuela sube un 426% y Argentina un 100%. ¡No invertir es de cobardes! Como diría Groucho Marx, sólo lo barato no resulta caro.

El secreto del éxito se encuentra en la sinceridad y la honestidad. Si eres capaz de simular eso, lo tienes hecho.

Buena semana

Julio López Díaz, 27 de noviembre de 2013

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