Bertrand Russell

Bertrand Russell, en los últimos años de su vida, sólo se alimentaba de algunos purés, té y whisky. Una vez en un coloquio, le preguntaban si podía dar algunos buenos consejos de filosofía de la vida. Dijo que podía dar tres, muy importantes los tres. Y dio los siguientes: Tener el valor de aceptar resignadamente las cosas que nos se pueden cambiar; tener la obstinación suficiente para cambiar aquellas que uno puede cambiar; y tener la inteligencia indispensable para no confundir nunca las unas con las otras.

Pues yo no me he aplicado el ejemplo. Semana horribilis. Todo lo que podía salir mal, salió peor. Mira que hasta ahora nos habíamos limitado a mirar los toros desde el burladero, para ver por donde embestían, estudiándolos detenidamente, sin prisa. Habíamos visto a grandes toreros del pasado claudicar las dos semanas anteriores, diciendo, como Rafael de Paula, que el toro les miraba mal y se habían retirado del noble arte de intentar poner precio a las cosas, escarmentados de tanto revolcón. Habíamos visto nuevos máximos históricos de optimistas contra pesimistas, nuevos máximos de compras apalancadas y a todo el mundo posicionado para jugar el rally de fin de año. Con lo cual, con el valor juvenil de un maletilla, decidimos salir de nuestra protección en las tablas, con paso altanero, pecho inflado, caminar lento y agarrando con la boca los claveles que nos tiraban las morenas de mantón de manila apasionadas. Nos ponemos delante del morlaco, ponemos la mirada japonesa (esa que no mira, sino que sospecha) y lanzamos un grito retador. Conclusión: parte médico. Cornada de cuatro trayectorias con rotura de bolsa escrotal. Las cuatro estrategias que teníamos se fueron a criar malvas. El euro vendido subió, la posición vendedora de S&P 500 detonada, y las posiciones neutrales de dirección largas de Europa contra Usa y de cartera de títulos, en teoría defensivos contra el mercado más sobrevalorado (efectivamente, el S&P otra vez), totalmente masacradas. Me he hecho eso que se hacen los japoneses (en sus dos versiones). A veces pienso que mi ángel de la guarda es el mismo que el de los Kennedy.

Los datos económicos americanos a nivel macro están saliendo mucho mejores de lo que yo esperaba, pero como llevamos un año en que lo malo es bueno para la Bolsa, porque la FED quitaría los estímulos, pensaba que la corrección empezaría por USA. Craso error.  Cuando ves, al final, los resultados de las empresas americanas en el año, ves que no te habías equivocado mucho, que el mercado desde enero estaba sobrevalorando la capacidad de generar beneficios de dichas empresas, y que estos se quedarían por debajo. Por desgracia no acerté mucho con la expansión de múltiplos, ni con que la FED mantuviera tanto tiempo abierta la espita del dinero gratis. Y encima te encuentras con alguno, al que quisieras matar, o por lo menos que tuviera una sobremesa con tu suegra, que te dice: ¡Pues verás el año que viene, si este año ha subido casi un 30% decepcionando resultados, imagina si las empresas se equivocan y cumplen por una vez lo que vaticinan los analistas! Algunos, cuando se le acabe la leche a la vaca, van a querer ordeñar al toro.

En cambio en Europa, los datos han salido bastante peor de lo esperado, y no parece que se termine de arrancar. Sin embargo, la respuesta de Draghi ha sido más tibia y ha optado por el esperar y ver. Pero ese esperar y ver, ha sido un espaldarazo para que subiera el euro (máximo de cinco años contra el yen) con lo cual nos complica mucho más la competitividad, principalmente a los países del sur de Europa, con exportaciones de menor valor añadido. Sí me gustó la referencia de Draghi, de que ya estaba bien de dar dinero gratis a los bancos para que hicieran margen financiero con el carry trade, y que en el caso de que hubiera nueva litrona, se vigilaría a qué se destina el dinero.

El mundo cada vez mejor. En Ucrania, a pesar del frío no paran de estar de fiesta en las calles. En Tailandia igual, pero allí la costumbre es una especie de Paquito el Chocolatero con los antidisturbios por un lado y los manifestantes por otro. En la rica y envidiada Singapur han tenido también lo suyo En Venezuela te regalan los televisores si te acercas a cualquier comercio. Brasil se va a convertir en el paraíso de las televisiones de pago, porque va a ser la única forma de ver un partido de fútbol seguro. Y en Córdoba, Argentina, se alcanza el culmen del ser humano, cuando se aprovecha el acuartelamiento de los policías en las comisarias por reivindicaciones salariales (de incremento del 110% por otra parte, para que vean los beneficios de la inflación y las políticas fiscales demagogas) para asaltar cualquier tipo de comercio, a pesar de que los dueños se defendían a tiro limpio.

Un tema que está a punto de dilucidarse, y que para ello seguramente aproveche las fiestas navideñas para su alumbramiento, es el de la famosa regla Volcker, sobre lo que pueden hacer o no los bancos. El lobby financiero ha hecho su trabajo, y la famosa ley va a salir bastante descafeinada. Parece ser que se confirma la prohibición del prop trading dentro de los bancos, sin embargo, se permitirán las actividades de market making, las posiciones en deuda de gobiernos extranjeros y quedan muy poco claras las posiciones que se denominan de cobertura. Parece que después de años de negociación, se va a parir un ratón. Siempre he defendido la necesidad de unos bancos fuertes, y lo injustamente que se les ha tratado en estos años, mezclando churras con merinas, pero sí me preocupa el que no sepamos poner remedio al too big to fail. Estamos viendo, a lo largo de todo el año, apaños entre las administraciones y los bancos para evitar el paso por los tribunales, fijando multas por malas prácticas o manipulaciones de los precios de las cosas. Se han alterado precios del oro, divisas, o tipos de interés, pero los perjudicados (usted, que tiene su hipoteca referenciada al Euribor, o usted, exportador que necesita cambiar divisas) no han visto un duro. Esto no puede quedar en un cambalache en el que hoy te doy una ayuda y mañana te cobro una multa, porque en el intermedio muchas pequeñas empresas se han ido al garete.

En fin, más mata esperar el bien que tarda, que padecer el mal que ya se tiene.

Julio López Díaz, 10 de diciembre de 2013

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