Alejandro Magno

En su lecho de muerte, sus generales le preguntaron a Alejandro Magno a quién legaría su reino. Lo que Alejandro respondió resulta confuso. Algunos creen que dijo KrAt´eroi (al más fuerte) y otros que dijo KratÉr´oi (a Crátero). La pronunciación griega de “el más fuerte” y “Crátero” difieren sólo por la posición de la tilde. Lo más probable es que Alejandro dijera “Crátero” que era el comandante de la parte más grande del ejército, y tenía cualidades. Pero Crátero no estaba presente y los otros simularon oír lo contrario. Al final lo que pasó, es que después del efímero reinado de su hermanastro y su hijo póstumo, el  imperio se dividió entre sus generales, los diádocos.

Parece ser que lo que motivó el miércoles la tercera mayor subida del año en los índices bursátiles fueron dos palabras en medio de los documentos explicativos de la decisión: “well past the time that employment…”. En algún comunicado del primer semestre, los profesores universitarios que dirigen el mundo desde sus laboratorios, habían puesto algunos puntos frontera a partir de los cuales, semiautomáticamente, se abandonaría la política de dar dinero a unos pocos (en los análisis de los bancos de inversión, léase salvar el mundo). Dichos puntos eran un nivel de inflación del 2% y un desempleo del 6.5%. Lo que cambia el comunicado, es que esos puntos dejan de ser puntos de disparo, permitiendo mayor margen a la FED para que donde dije digo, digo Diego, y gane eso que le gusta decir tanto a los pedantes como es “grados de libertad” y la nueva jefa tenga más cintura para bailar la lambada (imagen horripilante, ya lo sé, quédense sólo con la metáfora). Resumen, que la put de la FED sigue más viva que nunca y que pueden comprar tranquilos, las ganancias serán suyas y si nos equivocamos ya repartiremos las pérdidas. La medida de rebajar las compras mensuales en 10.000 millones de dólares ha sido bien acogida, de una forma cuando menos sorprendente, ya que sólo el 15% de los analistas lo esperaban para esta reunión. Hemos visto subidas meteóricas de la bolsa y caídas del oro, cierta recuperación del dólar y apenas movimiento en los bonos. Aparte del oro, los únicos perdedores claros vuelven a ser países emergentes que han visto debilitarse sus monedas.

Hablando con diversos gestores a lo largo del último mes, se puede llegar a entrever un modelo de funcionamiento de los inversores que no deja de ser curioso. La primera consideración la podemos llevar al ámbito de los juegos de cartas y en concreto al blackjack o la más hispana siete y media. La experiencia nos enseña que el jugador medio suele pecar de exceso de prudencia y se planta demasiado pronto, esperando que sea la banca la que se pase. Hay una razón psicológica de este comportamiento. A todos  nos resulta mucho más doloroso perder como consecuencia de una acción propia que de una actuación ajena (que la banca saque carta y gane). En el mundo de la inversión, esto se refleja en el sentimiento en bolsa. Un gestor tiene mucho más miedo a tomar una decisión que suponga infravalorar un movimiento alcista de la bolsa, y que su rentabilidad suba menos que la de los índices, y sin embargo, está mucho más tranquilo cuando se indicia a la misma, aunque el movimiento acabe con un 20% de pérdidas en su cartera. La desdicha financiera, al igual que la de cualquier otra especie, prefiere la compañía. Uno de los mayores especuladores del siglo XX, Kostolany, lo reflejaba en sus memorias, cuando comentaba la primera vez que había hecho un dineral especulando a la baja, pero se encontraba que estaba solo cenando en los restaurantes.

La segunda característica es ver cómo reinterpretamos el pasado y lo claro y lineal que parece. Nuestro conocimiento de los acontecimientos posteriores nos engaña, y nos hace creer que eran previsibles e inevitables. Como explica Manolo Conthe, ese sesgo retrospectivo explica también por qué somos tan proclives a las añoranzas del pasado: al borrar las preocupaciones y aun angustias que pesaban sobre quienes lo vivían en directo, nuestra mirada retrospectiva nos trae a la memoria un recuerdo claro y sosegado, lleno de certezas, que edulcora la experiencia tal y como se vivió. Comparamos, pues, lo mejor del pasado -que es lo único que conocemos o recordamos- con el promedio del presente, y en consecuencia, añoramos lo pretérito. En mi caso, lo puedo comprobar por mi zozobra ante las medidas, que sigo pensando simplemente dilatorias, de la FED, pero sus claras consecuencias sobre los precios de los activos.

Tercero, lo complicado que es mantener una decisión propia contra la realidad de los números. Un grupo puede aprobar por unanimidad proyectos o ideas que cada miembro sabe, a título individual, que son descabelladas. Esto ocurre porque nadie se atreve a disentir en público del que creen sentir mayoritario y tampoco existen mecanismos que permitan conocer a cada miembro la verdadera opinión de todos los demás. En mercados se refleja sumándose al carro aunque no nos cuadren los números, o hablamos de “flujos”, o “no se puede luchar contra los bancos centrales” y, sobre todo, “tendré la capacidad de bajarme a tiempo del coche”.

Cuarto. El azar gasta malas pasadas. Nos gusta buscar explicación a todo y con frecuencia buscamos causas donde sólo hay azar. En el trading eso se refleja en que por casualidad el mercado llegue o no a nuestro nivel de stop loss. Que la pelotita dé en la red y que caiga de un lado u otro (obviamente, sólo para los que jugamos a este juego con unas reglas de pérdidas limitadas).

Datos que me han llamado la atención. La balanza comercial de la unión monetaria presenta un superávit de 26.000 millones de euros en el último mes. Esto son 26.000 millones en euros que el resto del mundo tiene que comprar y que puede estar detrás de la subida de nuestra moneda contra otras divisas. El total de recompras de sus propias acciones, por parte de las empresas americanas ha ascendido en el último año a 448.000 millones de dólares, casi la mitad de las compras de bonos realizadas por la FED americana. Por otra parte, tenemos el quinto año de caídas consecutivas en los ingresos reales medios, y volvemos a niveles de 1989. Recompensa más comprar una acción que crear un puesto de trabajo. Veremos si en el año 2014 seguimos igual, acentuamos tendencias o hay alguien que se preocupe por estos temas.

–          ¿Por qué continúas predicando si sabes que no puedes cambiar a los malvados? Preguntaron al rabino.

–          Para no cambiar yo, respondió.

Buenas navidades a todos

Julio López Díaz, 20 de diciembre de 2013

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