James Garfield

El 2 de julio de 1881, en la estación de tren de Washington, un abogado, a quien no se había concedido un puesto consular que había solicitado, disparó contra el presidente James Garfield, que llevaba solo cuatro meses en el cargo. Ninguna de las dos balas que lo alcanzaron llegó a dañar ningún órgano vital. Garfield murió, pero no por los disparos sino por la mala suerte. Estuvo tendido en la Casa Blanca durante setenta días. Los médicos, con el pretexto de encontrar una de las balas que no podían hallar, fueron transformando una herida de unos milímetros en una herida grande. Alexander Graham Bell había inventado un detector de metales capaz de localizar las balas dentro del cuerpo, de hecho había probado el invento con éxito en veteranos de la Guerra de Secesión. Inexplicablemente, el detector fue incapaz de localizar la bala. Nadie se percató de que el colchón de Garfield tenía muelles de metal que interferían la señal del aparato. Eso imposibilitó que se encontrara la bala. El 19 de septiembre, Garfield murió por culpa de la infección y de la hemorragia interna que le provocaron los médicos.

Llevo una semana oyendo a los especialistas médicos de los mercados hablando de cuál ha sido el mal que ha puesto tan malito al mercado, con lo vigoroso y fortachón que estaba hace unos días. No se lo pueden explicar. Pero ya saben cómo funciona esto, somos capaces de convivir con la enfermedad mucho tiempo sin prestarle atención y, de repente, un gazpacho, o en el caso actual un kebab, en mal estado saca a la luz todas nuestras debilidades. Anda que no llevamos tiempo hablando de los síntomas que veíamos y que, sin ser muy exhaustivos, paso a enumerar:

1.     Los mercados emergentes son como las mentiras: tienen las patitas muy cortas, y cuando vienen los problemas suelen pillar a los atletas desentrenados o a los gestores en el aperitivo y cuando te quieres enterar, te han dejado la cartera como un fondo de Madoff. Cuando suben, todos contentos. Cualquier flujo de dinero hace subir los mercados hasta la estratosfera y se habla de sus buenísimos fundamentales, sus posibilidades de crecimiento, bla, bla, bla. Cuando bajan, se suelen juntar a la caída de sus acciones, la de su divisa, y entonces el efecto multiplicador es brutal, porque es precisamente el tipo de cambio la variable más difícil de valorar.

     Cuando entra el dinero a espuertas, el ser humano tiende a relajarse y a no realizar todos los cambios que tendría que realizar. La miel que mana del caño pensamos que es para siempre y que es un regalo divino, hasta que llega el tío del mazo y te pide que le devuelvas el dinero prestado, ese mismo dinero que ha pagado varias rondas del chiringuito de la playa…

      Hay otros emergentes, que no tienen estos problemas de haber entrado dinero, pero que se han creído los reyes del mambo aplicando políticas demagogas como el caso de Argentina o de Venezuela, y que lo pagan con inflaciones desbocadas y divisas especialistas en parapente. Son economías que confunden un mejor reparto de la riqueza con el mantenimiento de entidades parásitas que reciben su diezmo por apoyar al mangante de turno. Estas medidas funcionan a corto plazo, pero siempre acaban por pelearse con las arañas que intentan ocupar las cajas de caudales.

     Los países emergentes están reaccionando todos de la misma forma, subiendo tipos de interés. Hemos visto subidas en la India, Turquía, Argentina o Sudáfrica. No parecen medidas que vayan a apoyar mucho al crecimiento. Aparte, la relación de países con problemas de alzamientos en las calles sigue creciendo. Thailandia, Ucrania, Egipto…

2.     La situación en China. Por un lado, estamos viendo desaceleración clara (el último dato de PMI ha sido el más bajo de los últimos 20 meses) y, por otra parte, se empiezan a divisar los primeros icebergs acercándose al trasatlántico. El mercado bancario chino es una bomba de relojería que deja en aprendiz de brujo al sistema de cajas español, y el mercado en la sombra da más miedo que Merkel en liguero. Esta semana, el gobierno ha vuelto a salvar a un trust inversor de la quiebra, pero lo único que consigue es demorar el problema y amplificarlo. Lo de jugar al capitalismo pero sin asumir pérdidas es divertido, hasta que se rompe el freno.

3.    El empleo en occidente no termina de repuntar. Hemos visto países como Italia y Francia donde se han alcanzado nuevas cifras récord de desempleo, y algunos países donde se logra disminuir las cifras de parados a costa de bajadas considerables de la población activa y de eliminar de las listas a los parados de larga duración. Las grandes empresas siguen anunciando eliminación de puestos de trabajo, como es el caso de Intel, Target o Sears.

4.   Final de las políticas de compra de bonos por parte de la FED. A pesar de los problemas en emergentes, parece ser que la FED va a seguir con su programa de limitación de inyección de dinero al sistema, que en mi opinión es lo que ha dirigido la subida de los mercados de los tres últimos años. Volveremos en las próximas semanas a hablar de nuevo del sempiterno tema del techo de la deuda y la limitación del déficit americano. El dinero creado ha ido a “papelitos” que ahora valen mucho más que antes y no a la economía real.

En fin, razones hay muchas y diversas. El comportamiento del mercado se presenta complejo. Hasta ahora, correcciones similares han sido oportunidades de compra y la gente no se ha asustado mucho. Yo pienso que, como el libro de Roggof, esta vez puede ser diferente. Las recuperaciones han sido siempre en V. De haber seguido los mercados al alza, ayer hubiera sido un nuevo episodio del mismo libro. Al no haberse dado, va a hacer que alguno se lo piense algo más a la hora de lanzarse a las compras. Vamos a ponernos en una situación neutra después de haber librado las caídas de la semana pasada a la espera de que el mercado tome la decisión por nosotros. Si se miran las opiniones de las 24 entidades más importantes sobre los mercados, la opinión es unánime, todos quieren renta variable y todos huyen de los bonos. De momento, los bonos no han hecho más que subir y las bolsas bajar. El bono japonés a diez años ha hecho un nuevo mínimo de 9 meses a pesar de las medidas monetarias y de intentar buscar inflación como sea…

En fin, que cada vez es más difícil gestionar dinero. El otro día escuché una teoría sobre las virtudes de las máquinas tragaperras. ¿Enviciar? Esta máquina afina los reflejos, estimula la secreción de adrenalina, lo que repercute beneficiosamente en el organismo, brinda entretenimiento por poco dinero y para remate, remunera al usuario y le permite llevar un sobresueldo a casa. Otros días no ganará nada, por supuesto, pero ahí reside lo bueno del invento; enseña a luchar contra las contrariedades, a no resignarse, porque el obrero volverá a jugar otro día, buscando el desquite, y al final la máquina se dará por vencida y le entregará su premio. En cierto modo, estimula el ahorro. Tú la alimentas de calderilla. Ahorras sin el intermedio de un banco explotador.

Buena semana

 Julio López Díaz, 30 de enero de 2014

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Un comentario

  1. Los mercados eficientes es lo que tienen. Son sus costumbres y hay que respetarlas.

    Por otro lado yo a la “cancillera” no la veo tan mal. En peores plazas he toreado: http://miraloqueveo.files.wordpress.com/2009/05/brunobanani_angelamerkel_berlin.jpg

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