Thomas Edison

Thomas Edison inventó la bombilla. Para ello, necesitó invertir 50.000 dólares en un sofisticado laboratorio. Lo malo era que, como nadie creía en la viabilidad de aquel prodigio, el banquero JP Morgan le negó en 1878 el préstamo solicitado para equipar su laboratorio. Tampoco el banco fue capaz de colocar las acciones entre el público. Ante este fracaso, Edison convocó a la prensa y declaró que había inventado la bombilla eléctrica. Esa mentira cambió las cosas y los inversores acudieron en tromba. Hizo falta un año, trabajando veinte horas diarias, para desarrollar la primera bombilla que alumbró el mundo. Edison hizo ricos a sus socios. Pero sin su oportuna mentira no habría tenido la oportunidad de consumar su invento. En Livermore, a media hora al sur de San Francisco, hay una estación de bomberos ubicada en el 4550 de la East Avenue. Muchos científicos desfilan por allí con el único fin de ver una bombilla marca Shelby Electric que se iluminó por primera vez el 18 de junio de 1901 y sigue funcionando. La General Electric compró la patente y dejó de fabricarla porque era más rentable producir otras de filamento de wolframio, en vez de la antigua de filamento de carbono.

En Europa tenemos otro inventor, éste italiano, que hace ya casi dos años reunió a los inversores y les comentó aquello de “Believe me”, como si tuviera la respuesta a lo que tantos y tantos alquimistas habían buscado a lo largo de la historia. El mercado quedó extasiado ante el aplomo y seguridad de aquel sencillo y aparentemente poco sexy hombre llegado del país de las promesas (aquí uno está revisando todos sus conceptos y valores, tras el también éxito incomparable de Follande en Francia). En fin, que comenzó un idilio y un enamoramiento juvenil que nos tiene en una nube desde entonces. Nos ha prometido que se casará con nosotros y le hemos creído entregándole nuestra inocencia y, la verdad, no tenemos por qué arrepentirnos de nuestra candidez, porque nos hemos pegado un fantástico festival bursátil, hemos salvado la bola de partido de la deuda y al tipo no le ha hecho falta honrar sus palabras. Las palabras sembraron ciertas dudas entre el padre alemán de la doncella, pero de momento han tomado como benchmark la justicia española, y están callados como geishas por arrozal, y no terminan de decidir si eran legales o no las acciones que conllevaban dichas promesas. Hoy tenemos otra vez reunión del ECB y el mercado vuelve a esperar algún tipo de truco malabarístico que nos baje la hinchazón de estas primeras semanas del año. Esperemos que tengamos el final de Con faldas y a lo loco, y no el de los Amantes de Teruel, tonta ella y tonto él.

Al otro lado del charco, la Reserva Federal ha seguido reduciendo su programa de compras mensuales de títulos en otros 10.000 millones de dólares, a pesar de los problemas que estamos viendo sobre todo en mercados emergentes. En mi opinión, es un camino que no tiene vuelta atrás, y creo que ni siquiera pausa. Van a llegar a 0 antes de septiembre independientemente del comportamiento del mercado (ya veremos qué pasa con la economía real). Después de ver la parte positiva de sus experimentos monetarios (lo podemos asemejar a la gestión tan espectacular que hacía un Presidente de Caja de Ahorros del año 2002) ahora tienen la dura tarea de dar la vuelta al muñeco y demostrar si realmente han sido unos gestores espectaculares (entonaré el mea culpa y mostraré arrepentimiento de mis opiniones vertidas durante estos años, y como penitencia me organizaré un crucero con mi suegra) o eran clones de Mickey Mouse con el gorro de brujo. El caso es que el mundo se encuentra con una deuda mundial un 30% superior a la del comienzo del año 2009, la fragilidad de las instituciones bancarias es palpable (más grandes, más apalancadas y más oscuras) y con muchos menos conejos en la chistera por parte de las autoridades monetarias y fiscales. Y todos ellos soplando para que no suban los tipos de interés de la deuda pública y nos deje al descubierto las vergüenzas. Yo creo que a la FED le ha entrado un poco de miedo por sus actuaciones. Se ha dado cuenta de los pocos beneficios de sus últimas intervenciones, en las que no ha sido capaz de generar un crecimiento sostenible y sí una subida de los activos financieros y las desigualdades sociales.

Los mercados han hecho su primera parada después de las caídas abruptas de finales de enero. Una cosa que he aprendido a fuerza de cornadas, es que los mercados no tocan una campana diciendo “hasta aquí hemos llegado” y los techos solo los vemos gráficamente mucho después. El mercado se encuentra en la tesitura de si tenemos la misma situación que el año pasado, en que cualquier corrección era una oportunidad de compra, o si estamos ante un movimiento correctivo de mayor entidad. Hay dos diferencias respecto al año pasado. Por un lado, los índices están en negativo en el año, y por otra parte, no hemos logrado tener las típicas recuperaciones en V tan presentes con anterioridad. Nosotros, como ya comentamos la semana pasada, nos hemos quedado neutrales. Los mercados en términos diarios están sobrevendidos, y tenemos que ver si intentan recuperar un poco o simplemente se quitan la sobreventa con tiempo, que sería lo más peligroso porque lo que podría seguir es una nueva caída importante y rápida. Si vemos gráficos a tres años, los niveles de retroceso se encuentran todavía bastante alejados y de media alrededor de un 6% por debajo de los niveles actuales. Factores que juegan en contra: a pesar de las caídas, las encuestas de inversores siguen reflejando una gran complacencia y apenas han subido las cifras de bajistas, que se encuentran alrededor del 15%, una cifra irrisoria. Hay que tener cuidado con la formación de círculos viciosos a la baja, dados los altos niveles de compras apalancadas que siguen existiendo y que cuando tocan ciertos niveles se lanzan a ejecutar. Ya saben qué rápido se pasa de “qué buena que estás” a “perdona, pero llevaba una cogorza monumental”. A fin de cuentas ¿por qué valoramos una empresa con un PER de 18 y no de 14? La diferencia es sólo un 25% en su cotización…

Las cifras de las últimas semanas siguen presentando algunos nubarrones. Los salarios en Japón han tenido su decimonovena caída mensual consecutiva con lo que no parece que recuperen inflación de la buena, el PMI americano ha tenido su mayor desaceleración mensual desde 1980, y las figuras de los afiliados a la seguridad social en España han vuelto a caer en 184.000 personas (ya saben, caen por la estacionalidad y suben por la confianza en las medidas implementadas por el gobierno). Durante la semana pasada, la salida de dinero de fondos emergentes de acciones ha sido de más de 6.000 millones de dólares, que no es una cifra baladí, aunque ya han salido los sospechosos habituales diciendo que los mercados desarrollados se aprovecharán de esas salidas de flujos. Ahora mismo, los emergentes ya suponen casi un 50% del PIB mundial y no parece que sus problemas vayan a repercutir muy positivamente en las empresas europeas, pero bueno.

No más consejos ni opiniones hoy. Lo malo de hacer sugerencias inteligentes es que uno corre el riesgo de que se le designe para llevarlas a cabo.

Buena semana

Julio López Díaz, 06 de febrero de 2014

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