Stalin

En tiempos de Stalin, en Rusia se hizo un empréstito público. Circulaban agentes por todo el país recogiendo dinero para cubrir el empréstito, garantizando que en cinco años sería todo devuelto. Un campesino, desconfiado, preguntaba: – ¿Y quién me garantiza la devolución? – Stalin. – Y si Stalin desaparece, ¿qué? – El partido comunista. – Y si el partido comunista desaparece, ¿qué? – Se le piden sólo cien rublos. ¿Y no daría muy a gusto cien rublos para esta desaparición?

No conozco si al campesino se le devolvió el dinero, pero desde luego, y visto con la ventaja del paso del tiempo, ni Stalin ni el Partido Comunista Ruso eran buenos avalistas. Hay una palabra que está sonando últimamente en muchos análisis: deflación. Es lo contrario de inflación, y es una bajada generalizada y prolongada del nivel de precios de bienes y servicios. Es una palabra que causa pavor, aunque como siempre, los beneficios o pérdidas van por barrios. Los que más miedo le tienen son los endeudados y, por encima de todos, los que viven del presupuesto del Estado. Como ya hemos comentado infinidad de veces, la situación de la deuda de los gobiernos es insostenible, y teóricamente hay tres formas de solucionarlo. La primera es con el crecimiento, esa palabra que formará parte de los cuentos de hadas que les contaremos a nuestros nietos; la segunda es con inflación, que es una forma de que las deudas, al ser nominales, valgan mucho menos, y la tercera es con impagos. La más deseable es la primera, pero visto los jolgorios del personal cuando se logra llegar a un mísero 1% de crecimiento, no parece que esta vaya a ser la solución. Para llevarlo a números, para España un crecimiento del 1% son 10.000 millones de euros, y pagamos alrededor de 30.000 millones en intereses de la deuda pública anualmente. Si hay deflación, las bases sobre las que Montoro hace sus cálculos de ingresos impositivos son más bajas, con lo que el déficit se descontrola totalmente, y la vaca famélica no da más de sí (aunque no descartemos que lo intente con los toros). Con lo cual, los caminos conducen a la tercera, de la que los mercados no quieren ni oír hablar, ni por su nombre eufemístico de reestructuración de la deuda. ¿Pero no está mejorando la prima de riesgo? Así ha sido hasta ahora, pero…

 Ya sabemos que la única clase a la que fueron nuestros pilotos económicos fue la de impresión indiscriminada, en la que se quitan los problemas a corto plazo, pero dejan a los caprichos del futuro las soluciones a largo. Esta situación les concede un poder discrecional a las autoridades públicas en el manejo del dinero, y toda la economía actual se basa en transformar ahorro en consumo inmediato, pero nos lleva a una serie de contradicciones a las que yo no logro dar una respuesta. Los tipos cercanos a cero durante un tiempo dilatado modifican el sistema de referencia de los inversores. En la situación actual, el capital no se destina a capital productivo sino a la compra de acciones de empresas ya existentes (19.000 millones de dólares acaba de pagar Facebook por Whatsapp, a 50 dólares cliente, volvemos a los ratios del año 2000). Y con estas políticas no se requieren nuevos trabajadores, pero sí nuevos consumidores, que es la siguiente gran paradoja de los nuevos tiempos. El inversor se encuentra con un abanico de inversiones con escasa rentabilidad futura en un escenario normal y mortal si seguimos sin crecer. Pero esto es una consecuencia más del “consumo inmediato”, en este caso del capital. Con el escenario actual, con pocas presiones inflacionistas, la preferencia por el cash no me parece mala.

Otra paradoja de nuestros tiempos es la lucha entre la macroeconomía y la microeconomía. El hecho de que la menor necesidad de factor trabajo, lleve a una bajada de los salarios de forma general y a nivel mundial, y su contrapeso de que las rentas disponibles de los consumidores no dejen de bajar en los últimos años y su efecto en un menor consumo, menor producción, etc… Una empresa emplea un robot porque le sale más barato que pagar a una persona, pero entonces ¿Quién comprará sus productos? ¿Hasta cuándo puede estirarse el hilo? Nos hemos dado cuenta de que la globalización no es algo controlable, que ha venido aquí para quedarse, que los capitales buscan las oportunidades en todo el mundo, que es un proceso que no para de acelerarse y que aunque muchas veces seamos reacios a este proceso, no nos va a quedar más remedio que adaptarnos de la mejor forma posible, y caer en la cuenta de que la autarquía económica que están experimentando países como Argentina y Venezuela lleva a la pobreza y al fracaso.

Los datos económicos macro siguen con cierta desaceleración, después del buen comportamiento del último trimestre del año pasado, y los datos que van saliendo no dejan de constatar que los problemas siguen ahí. La mora en España vuelve a marcar un nuevo máximo y ya alcanzamos los 197.000 millones (y eso que se pasaron muchos activos nocivos al SAREB y siguen sin entrar en esa categoría las refinanciaciones de devolución imposible), y la cifra de crédito al sector privado no deja de bajar (el que haya podido devolver las deudas, no quiere pasar por un nuevo suplicio de inversión apalancada). Los datos de revisiones del PIB americano van hacia abajo (recuerden que mucho del crecimiento del año pasado era creación de inventarios que ahora hay que vender), y Japón ,a pesar de los esfuerzos Abenómicos, nos ha sorprendido con un penoso dato de crecimiento de su PIB anualizado del último trimestre de apenas un 1%, cuando los analistas estaban estimando una subida de un 2.8%, y encima con una bajada del consumo del 0.5% y un deflactor del PIB negativo del 0.4%. “Estos cabrones amarillos siguen sin consumir e invirtiendo en deuda pública al 0.5% a diez años”, pensarán algunos.

Ya sé que nunca destaco por mi optimismo (al Atleti le quedan tres puntos para no descender este año) pero donde realmente se está fraguando la madre de todos los problemas es en China, donde hay una burbuja de tamaño mastodóntico. Ha habido una expansión larga y acelerada del  crédito, que no se refleja en las cifras del PIB, aunque éstas sigan reflejando cifras deseables por encima del 7%. El dato viene a ser de 2.5 veces crédito por punto de PIB, y el total de activos bancarios está ya muy por encima de todo el sistema crediticio americano. Ha habido una agresiva expansión de la banca en la sombra, con cierto compromiso tácito por parte del gobierno de que no habría quiebras, que estallará en cualquier momento. La burbuja inmobiliaria en las grandes ciudades es más grande que el ego de Florentino y el control de riesgos parece que lo lleva un tío que sale de copas con Ernesto de Hannover. Las tensiones las hemos visto reflejadas en los tipos del interbancario, con un intento por parte de los dirigentes de tira y afloja, que cada vez parece más incontrolable, en el que se mezclan un interés en explotar un poco el globo crediticio, con los miedos a los descontroles sociales que podrían surgir con una disminución del crecimiento.

Los mercados van a ponerse peligrosos en las próximas semanas, con figuras muy peligrosas si los mercados no consiguen hacer nuevos máximos en los próximos días. Nosotros seguimos sin jugar al alza de los mercados y pensando en tiempos mejores. Tengo una sensación de estar viendo un partido de cricket, que después de estar tres horas delante todavía sigues preguntándote cuándo va a empezar. ¡Abróchense los cinturones que vienen turbulencias!

Buena semana

Julio López Díaz, 20 de febrero de 2014

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Un comentario

  1. sekatsimorez · · Responder

    Sí, estoy totalmente de acuerdo: se atormenta una vecina… Pero una “vecina” bien gorda.

    Los tiros podrían ir efectivamente, por un pinchacito del burbujón chino, agrandado por el “problemilla” de la FED: http://www.gurusblog.com/archives/fed-compra-bonos-emisiones-2013/24/02/2014/

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