Primera Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial siempre ha sido la Gran Guerra, aunque en la IIGM murieran treinta y cinco millones de personas más. La táctica antigua de la Guerra se dio de bruces con la realidad. Los inventos guerreros de la época, como la ametralladora, el lanzallamas o los gases tóxicos, siegan los campos de vidas humanas. Los primeros ataques franceses contra los alemanes en la zona de Alsacia son parados en seco. En su Estado Mayor, naturalmente situado en retaguardia, fuera del alcance de los cañones, los atónitos generales se preguntan en qué hemos fallado y cómo le comentamos a la opinión pública que en veinte días hemos perdido 300.000 hombres. Es la primera gran carnicería de la guerra. Pero vendrán más, porque los Altos Estados Mayores tardarán un par de años en admitir que las tácticas ofensivas pacientemente desarrolladas en los  veinticinco años anteriores no sirven ya, pues los avances tecnológicos favorecen la guerra defensiva.

¿Ya me ven venir, no? ¡Pues aciertan! En efecto, la comparación con los mercados me sale casi sola. Las políticas de la FED han sido un éxito incalificable para los generales actuales (los banqueros), pero un fallo estrepitoso para el soldado raso, que es el 98% de la población. Se está enviando a los hombres hacia unas inversiones que pueden acribillarles en la primera alambrada que se paren. El tema de los olvidos en finanzas es increíble. Todavía tenemos frescos los Madoff, los bonos obligatoriamente convertibles, las preferentes, y hoy me encuentro en prensa un anuncio que me deja totalmente anonadado. El anuncio ocupa media  página y aparece una sonriente ancianita que dice: “Soy Marta y como yo hay 650.000 personas que cobramos los dividendos de Iberdrola. Con este dinero completo mi pensión y vivo más tranquila”. ¡Toma del frasco, Carrasco! ¡Con dos huevos y un palillo! Que diría mi amigo Paco. Dan ganas de poner un anuncio (nuestras restricciones presupuestarias nos lo impiden) y poner: “Soy Veneciano Pérez. Compré acciones de Iberdrola a 12 pidiendo un préstamo y me ejecutaron a 2.7 euros, pero eso sí, desde entonces vivo mucho más tranquilo con los 400 euros que recibo de ayuda a la dependencia, porque me desahuciaron los bancos que me habían aconsejado invertir en esos títulos”. Ya estoy viendo los titulares de los periódicos de 2019. “Los afectados por las acciones de Iberdrola se manifiestan ante la Audiencia Nacional: Nadie nos había dicho que se podía perder dinero con esto”.

Me parece de traca, el tema. Mezclar dividendos con una corriente de tipo de interés, sin advertir de la posible pérdida de capital, es asombroso, después de la que ha caído. Y además poner como público objetivo a una serie de personas que, por la edad que tienen, su principal preocupación debería ser la preservación del capital, me parece provocativo y mísero. Lo podría entender si estuviéramos pensando en una persona joven y como inversión a largo plazo (pero claro, esos no han encontrado todavía su primer trabajo, como para invertir en acciones). Lo que sí nos enseña es una consecuencia perniciosa de las políticas de tipos de interés cero: ayudan a los endeudados, pero a costa de los ahorradores conservadores. Todos aquellos que pensaron que podían complementar sus ingresos con los intereses de los depósitos, van de ala.

Mientras, los inversores siguen circulando a toda velocidad, dejando atrás todas las señales de peligro que inundan la carretera. Es verdad, que de momento no se han encontrado con el suelo resbaladizo y las curvas de las que les hemos avisado de seis meses para acá, lo que hace que muchos cada vez aprieten más el acelerador, confiados en la firmeza del pavimento y en lo recta que parece la carretera. A las señales de triángulos rojos que pusimos en los primeros tramos, relacionados con la insostenibilidad de las deudas, la incapacidad de crecimiento decente de la economía, las desigualdades económicas y sociales que se están generando, y los problemas que traerá la demografía, vamos a añadir otros más técnicos de mercado y que, por lo menos, deberían tener la calificación de recomendación para conductores. Los niveles de complacencia siguen subiendo por la falta de corrección, en ningún momento, del mercado americano de valores. Los ratios de vendedores-compradores de acciones por parte de los directivos senior de las empresas se encuentran en su nivel más alto desde 1990 (incluso superior a las cifras de 2007, que ya hacían presagiar el agua-planning posterior). El número de salidas a Bolsa de empresas en pérdidas es el más alto desde el año 2000.  Los margin del mercado (operaciones con préstamo) se encuentran en el 2.6% del PIB, cuando en marzo de 2000 fueron del 2.7% y en Junio del 2007 del 2.6%. Si en vez de sobre el PIB lo hacemos sobre la capitalización del mercado, nos encontramos un 10% por encima del año 2000, y ligeramente inferiores al 2007. Si lo unimos al movimiento parabólico de las cotizaciones, síntoma de final de movimiento, y que las acciones líderes son las de valoraciones más subidas de tono, tenemos el cocktail perfecto.

Los movimientos correctivos han comenzado por los países emergentes medianos, y como siempre, se interpretan como hechos aislados que no afectan al resto del mundo. Sin embargo, estamos viendo como se empiezan a ver afectados países grandes como China y economías con experimentos financieros como Japón. Ambos países están sorprendiendo muy negativamente por sus déficit de balanzas comerciales (al ser suma cero, obviamente alguien está aumentando sus superávits, principalmente Europa y países árabes). El motor chino parece estar gripado, con una caída de sus exportaciones publicadas el último fin de semana del 18% y con una ralentización todavía no muy llamativa de su crecimiento (cercano al 7%) pero con aspectos muy preocupantes como la morosidad. Una derivada que en algún momento habrá que tener en cuenta, es que China y Japón son los principales compradores de deuda pública americana; si cada vez les sobran menos dólares, veremos qué consecuencias tendrá para la financiación del tesoro americano, si también se retira del lado comprador la FED. La balanza comercial japonesa ha crecido en lugar de decrecer, después de una masiva intervención monetaria para reducir el poder de compra del yen. No ha funcionado el intento de subvencionar a la industria exportadora con cargo al resto de la economía.

Otro tema curioso. Dentro de este viaje a ninguna parte que proponen nuestros dirigentes, nos estamos encontrando con situaciones paradójicas. Por un lado, nos avisan de los males del infierno que nos traería la deflación y a la vez aconsejan contención salarial como forma de salir de la crisis. Pues ya me dirán cómo lo combinamos. De todas formas, esto de la contención de salarios siempre es para los otros; el último ejemplo lo hemos tenido en Heinz, una de las empresas queridas de Buffet. Su antiguo mandamás, William Johnson, ha recibido 110.5 millones de dólares por sus últimos ocho meses de trabajo en la compañía. Meses que han ido acompañados de una reducción de 3.400 puestos de trabajo, cierre de la compañía y unas pérdidas de 71.7 millones de dólares de febrero a diciembre. What a wonderful world, que diría Louis Armstrong.

Al final, tampoco hay que parecer estar cabreado permanentemente. Todo tiene su lado. Mis queridos y jóvenes amigos, a fin de cuentas no todo es eficiencia y productividad. ¿Dónde preferirían estar ustedes? ¿Dentro de la casa, como decían los Evangelios, con las cinco vírgenes listas, o fuera, solos y en la oscuridad, con las cinco tontas?

Buena semana

 Julio López Díaz, 13 de marzo de 2014

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