Suarez

La noticia de la semana, sin duda, ha sido la muerte de Adolfo Suárez. Yo tenía siete años cuando llegó al poder, y no recuerdo mucho, pero mi suegra dice que no había visto otra cosa igual desde la coronación de Napoleón. Fue nombrado presidente del Gobierno con un tejemaneje importante por parte de Torcuato Fernández Miranda, que debería estudiarse en todas las escuelas de negocios como ejemplo de trampa saducea de técnicas de negociación. Se facilitó su elección utilizando la técnica que se conoce como “ganador de Condorcet”, que es una alternativa que vence a cualquiera, al ser ambas comparadas bilateralmente o con más candidatos, cuando éstos suscitan un rechazo absoluto por parte de alguno de los bandos que tienen que aprobar el candidato final.

“En 1976 los precios habían escalado un 20 por ciento en un año. Nadie invertía un real. Las divisas se agotaban. La balanza comercial iba camino de la bancarrota. El asustadizo capital huía a Francia y Suiza por lo que pudiera pasar (en sólo un año se habían puesto a buen recaudo unos 70.000 millones de pesetas). El paro creció hasta alcanzar al 6 por ciento de la población (715.000 personas). Los hijos de la clase media, desencantados del futuro, se dan al pasotismo y al consumo. Este fenómeno quizá tenga una explicación psicológica. Después de la muerte de Franco, cualquier autoritarismo está tan desprestigiado que los padres de familia, tradicionalmente severos, se han dejado ganar por el ambiente y han concedido mayor libertad (y mayor paga) a sus hijos”. Estas frases están sacadas del libro de Eslava Galán sobre la década posterior a la muerte de Franco y reflejan la situación en que se encontraba el país, a lo que habría que añadir los actos de terrorismo de todo tipo. En definitiva, un periodo en el que nadie se fiaba de nadie y que quedó perfectamente reflejado en otoño de 1976, en una sesión del Consejo de Ministros, cuando el general Gutiérrez Mellado expresó públicamente algo que los demás no se atrevían a compartir: “Aparte de nosotros veinte, ¿quién está con nosotros?”.

Por eso no deja de sorprenderme el amplio consenso, de todos los que participaron en el banquete de su liquidación, en alimentar ahora su mito. Está claro que los análisis que hacemos de las cosas, sobre todo cuando los hacemos desde el hígado, con mucha cercanía y sin mucho pensar, no suelen ser los más afortunados. Los casos de los últimos años en Libia, Siria, Egipto o el actual de Ucrania nos llevan a tomar partido, sin tener una visión lo suficientemente argumentada. Por eso un líder, o un estadista,, es alguien que es capaz de sufrir las críticas inmediatas por la consecución de un futuro mejor. Las políticas exitosas a corto plazo no son siempre las necesarias a largo plazo. Cromwell, después de su victoria contra las tropas del rey Carlos de Inglaterra, entró triunfalmente en Londres, entre una inmensa multitud que le vitoreaba, y fue entonces cuando pronunció aquellas palabras que tantas veces se han recordado: “Mucha gente, la misma que acudiría a verme si me llevaran al patíbulo”.

Y me dirán ustedes que a qué viene este rollo. Empieza a correr un rum-rum por el mercado de la necesaria implantación de un quantitative easing en Europa, semejante al realizado por los americanos. El circo romano en el que se ha transformado el mercado exige sangre permanentemente, cada vez que nos encontramos ante un problema. La sangre se la dan los césares modernos (los banqueros centrales) encargados de decidir entre darnos la vida o mandarnos con la de la guadaña, en función de la dirección de su pulgar. El censor alemán parece cada vez más reacio a poner pegas, y creo que nos podemos ir preparando para la inundación que nos aguarda. No somos muy diferentes del perro de Paulov, cuando oímos la campanilla de menor crecimiento, empezamos a salivar esperando el plato suculento de intervenciones salvadoras en los mercados. El chute de caballo nos sienta estupendamente, pero todavía nadie es capaz de mirar a las consecuencias de mañana. Seguramente hasta dentro de quince años no podremos ver a dónde nos han llevado todas las decisiones económicas  que se están tomando. Todo lo que antes se consideraba heterodoxo, es nuestro pan de cada día. De momento, y de cara a los mercados, nos puede hacer aparcar una vez más nuestras opiniones apocalípticas, y lo que puede seguirse es un debilitamiento del euro y un mejor comportamiento de la bolsa europea respecto a la americana. No hay que olvidar de todas formas que, como los conquistadores españoles de América, estamos en territorio ignoto, y que nadie sabe los peligros que nos vamos a encontrar en la aventura. El principal problema de los bancos centrales es que han eliminado el concepto de riesgo de las inversiones, y estamos dispuestos a cruzar el Amazonas por el lado de las pirañas en Meyba y marcando paquete. Nos han vendido tanto su Biblia única de la necesidad de sus intervenciones, que al final nos hemos quedado sin poder ver qué hubiera pasado si hubiéramos hecho un reset y que los inversores hubieran asumido las consecuencias de sus malas inversiones. ¿Dónde estaríamos ahora si hubiéramos hecho esa limpia? Quedará para algún libro de ciencia ficción. Lo que sí sabemos es dónde estamos ahora, en una economía de crecimientos raquíticos, con una deuda mayor que hace cinco años y con todos los conejos de la chistera corriendo por la pista.

Durante 2013, las compañías del Rusell 3000 (empresas pequeñas americanas) han recomprado 576.000 millones de dólares de sus propias acciones, un 21% más que en 2012. El índice subió un 33%. Desde 2005, el total de recompra de acciones ha sido superior a 4 veces el PIB de España y equivale al 20% de la capitalización actual del mercado americano y curiosamente es una cifra muy similar al total de las compras de títulos en los bail-outs por parte de la FED americana. Las empresas han aprovechado los tipos bajos para endeudarse y comprar sus acciones, siendo esta práctica la principal explicación de la subida tan abrupta de los mercados de renta variable. Este lunes, Plosser, uno de los miembros que votan en la FED, dijo que veía los tipos a corto, a finales de 2015, en el entorno del 3% y a finales de 2016 en torno al 4%. Todo este endeudamiento de autocartera tendrá que ser refinanciado a tipos mucho más altos, y entonces veremos qué consecuencias tendrá en los mercados aunque “mejore la economía”. Todo esto de comprar acciones a múltiplos muy altos está bien para el accionista que se va, pero no tanto para el que se queda. Si yo fuera amante de las teorías de la conspiración, me parecería curioso cómo están yendo de la mano algunos programas de compras, con las mayores ventas de insiders en mucho tiempo.

Otro tema sobre el que encendimos la luz de alarma hace ya algún tiempo. Nos dicen, parafraseando a Heráclito, que el rio de las OPV en el que nos estamos bañando ahora mismo no es el mismo que el del año 2000, pero yo creo que se asemejan bastante. Hay en la parrilla, para lanzar en los próximos tres meses, más de treinta empresas para salir en USA, todas ellas con valoraciones superiores a los mil millones de dólares y que comparten un cierto gusto por el color bermejo en sus cuentas de resultados. Ayer tuvimos el estreno de la empresa creadora del Candy Crush, y tuvo una ligera caída del 15%.

Noticias buenas (sí, no me he dado un golpe en la cabeza). El Banco de España ha revisado al alza las previsiones de crecimiento y empleo para el año 2014, situando el crecimiento en el 1.2% para este año y el 1.7% para el año 2015. El crecimiento se apoyará principalmente en el consumo de las familias y en un nuevo crecimiento de las exportaciones del 5%, situando las previsiones por encima de las contempladas por el Gobierno.

Como conclusión de toda la semana, como decía un antiguo jefe que tuve, “llevaos bien”. Si empatía es ponerse en lugar de otro, esta mañana he conocido una señora extremadamente empática en la cola de la compra.

Buena semana,

Julio López Díaz, 27 de marzo de 2014

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