La heroína

La heroína fue patentada en 1897 como remedio contra el catarro. Su inventor fue Heinrich Dreser, que también había sido el descubridor de la aspirina, y creía que la heroína sería mucho más eficaz. Estaba convencido de que su nuevo compuesto, que había experimentado en sí mismo, tenía efectos heroicos en la salud. Lo comercializó en 1898 con su nombre actual. En pocos meses se generalizó su uso como ingrediente de pastillas, elixires y bebedizos. Se hizo muy popular en Estados Unidos, los periódicos médicos pregonaban sus virtudes y aseguraban que ni era hipnótica ni producía adicción. En los seis años siguientes, se publicaron en el mundo más de 180 estudios clínicos. Casi todos entusiastas. Poco tiempo después empezaron a llegar informes de consumidores inmunes a la nueva droga que necesitaban dosis crecientes. En 1913 Bayer tuvo que parar la producción. Por entonces, muchos hospitales americanos estaban saturados por un nuevo fenómeno de adicción masiva. Había demasiadas viejecitas yonkies.

Esta historieta nos viene bien para poner un poco de cautela a los éxitos presentes que terminan desembocando en fracasos futuros. La euforia que provocaba la heroína es la misma que provocan mis amigos universitarios de los Bancos Centrales con sus drogas de diseño financiero. Nos provocan un cosquilleo en la nuca y nos lanzamos como Jesulín de Ubrique a por el morlaco, que pensamos que es un cachorrillo que podemos manejar a nuestro antojo. Lo que no sabemos todavía es cómo acabará la fiesta. El mercado está en el momento de más furor de la fiesta, con la suegra cogiéndote la cintura para formar una conga y sin caer en la cuenta de que nos tenemos que levantar a las siete de la mañana para volver a trabajar. El mercado está ya en fase de nuevo paradigma, de una nueva situación beneficiosa que durará para siempre y todas esas cosas que ya hemos oído tantas veces con anterioridad. Tipos de interés en mínimos y valoraciones de empresas por las nubes. Claro que si lo comparamos con la rentabilidad de los bonos a diez años americanos, todo está barato, y con esa simple respuesta valoramos todos los activos del planeta. Es cierto que si nos traemos a valor presente los flujos futuros utilizando un denominador cada vez más pequeño, nos da un valor más alto. Pero nos hacemos trampas en el solitario, porque suponemos fijo ad eternum ese denominador porque los tipos se van a mantener bajos, pero no hacemos la quita en el numerador como si hubiera crecimiento infinito. Ningún informe de casas de análisis da una g (tasa de crecimiento a largo plazo) negativa, cuando la historia nos demuestra que las empresas, como los seres vivos, nacen, se desarrollan y mueren. Digamos que la mayoría de las casas de análisis, como los árbitros de futbol, pecan de “caserillos” y los informes suelen ir acompañados de un precio objetivo claramente por encima de donde cotiza la acción. Funciona la máxima de “vamos a llevarnos bien y a no hacernos daño”, que siempre voy a necesitar alguna casa para hacer mi próxima ampliación de capital o emisión de deuda, y las comisiones son siempre jugosas.

Por eso son siempre dignos de leer los informes de casas independientes, y si encima se dedican a sacar los palominos de los gayumbos de las empresas, pues se transforman en un divertimento difícilmente superable por una buena novela negra de espionaje. ¡El revuelo que ha levantado el informe sobre Let´s Gowex de una casa semidesconocida en España como es Gotham City! ¡Cómo deja en pelota picada a nuestra industria financiera! Nos pone delante del espejo y ya no vemos a un joven y atractivo Dorian Grey, sino la perversión del sistema y los magros cimientos sobre los que descansa el andamiaje de la valoración de empresas. Yo, después de 24 años en este mundo de la inversión, hace ya tiempo que renuncié a intentar poner precio a las acciones, porque el tema psicológico o de timing acababa con cualquier tipo de análisis de valor. En mi trabajo nunca he sido inversor y sí trader, renunciando a una visión a largo plazo, prefiriendo moverme en las procelosas aguas del corto plazo. Vimos en el año 99 y 2000 cómo algunas empresas pasaban de valer 5 dólares a valer más de 100 y desaparecer a continuación. Empresas como Nokia, que valía más que el PIB de muchos países europeos, pasó a valer apenas 5.000 millones en su momento más bajo. Sun microsystem llegó a ser la empresa más grande del mundo y terminó siendo comprada por Oracle al 1% de lo que llegó a valer, o Volkswagen en 2008 cuando llegó a valer más que todo el IBEX-35.

Pero bueno, me estoy yendo por los cerros de Úbeda. Gowex y las casas de análisis especialistas en “abrir cortos”.  Hay casas de análisis (la más famosa es Muddy Waters, dirigida por Carson Block) que se dedican a investigar empresas y desvelar posibles fraudes en negocios, ganando dinero poniéndose cortos de esas acciones. Suelen dar tres tipos de informes: fraude en negocio, fraudes en contabilidad y problemas fundamentales para la supervivencia de la empresa. En el caso de fraude en el negocio, se centran en emisores que han inflado masivamente sus ingresos. En los fraudes contables, cubren negocios reales que empujan sus beneficios a través de malas prácticas contables y en el último caso, discuten sobre negocios opacos que tienen serios problemas fundamentales que el mercado todavía no ha percibido. Muddy Waters fue el que destripó el escándalo de Sino-Forest (recuerden empresa forestal localizada en China) y que le costó a John Paulson 468 millones de dólares de pérdidas. Total, sólo pasó que había unos cuantos millones de árboles menos de los que decía la propia empresa en sus informes a accionistas. También emitió un informe negativo sobre NQ Mobile, empresa de comunicación china, que provocó una caída de más del 40% en un día. Lo interesante es la secuencia que siguen las cotizaciones, y que en el caso español ya vimos en Pescanova. Caída brusca con la publicación (no hay nada peor para un gestor que venga el jefe con la corbata manchada de la comida y pregunte “¿no tendríamos acciones de esa empresa que sale en el telediario, verdad?”), uno o dos días más cayendo y ligera o brusca subida del valor ante las excusas de los directivos de la empresa negándolo todo, pidiendo nuevos informes de auditoría y diciendo que van a mandar a su flota de abogados, para terminar de nuevo cayendo los títulos cuando empieza a verse que los informes de esos especuladores financieros no van del todo desencaminados. La conclusión, mejor no tocar el valor. Nosotros nos hemos leído el informe y nos parece verosímil y bastante exhaustivo; muy detallado y con información de difícil explicación por parte de los directivos.

Lo que pone en tela de juicio es la futilidad de los análisis simplemente de los balances y cuentas de resultados de las empresas, el excesivo peso que dan los analistas a las “opiniones” de los directores financieros de dichas empresas, y el difícil escape que se tiene ante una manipulación de las cifras de negocio. Para hacer un análisis fundamental de una empresa hay que tener, a veces, una mayor formación detectivesca que económica. Lo único que se puede hacer es limitar el importe adjudicado por título y que el porcentaje de estos casos sea pequeño.

Y no me puedo olvidar de nuestra querida CNMV que “ha pedido” información a la SEC y a la FSA sobre Gotham City por su informe. Espero que haya hecho lo mismo con los grandes bancos que, por ejemplo, dicen que Edreams, apenas transcurridos dos meses de su salida a Bolsa a 10.25 ponen un precio objetivo de 13 y el valor se la pega hasta 4.90. ¿Dónde está realmente la perversión? Es muy fácil prohibir cortos en valores, pero valores del MAB que suben un 500% son inversiones legales y perfectamente válidas. ¿Es cierto que el presidente de GOWEX tenía un expediente en la CNMV por inside trading?

De todas formas, fuentes bien informadas, achacan los ataques de cortos más que al informe de Gotham a la presencia de la alcaldesa madrileña el mismo día en su sede. ¡Meigas, habelas ailas!

Buena semana

Julio López Díaz, 03 de julio de 2014

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