Alan Turing

 A Alan Turing, el salvador de Gran Bretaña durante la IIGM, al descubrir el código Enigma alemán, le sirvieron de poco sus hazañas porque en 1952 padeció la ignominia cuando lo procesaron por homosexualidad y lo consideraron sospechoso de traición. Su amante, Arnold Murray, facilitó a un ladrón el acceso a su casa para robarle y durante la investigación policial, Turing tuvo que salir del armario. Acusado de indecencia grave y perversión sexual, fue juzgado bajo la misma ley que aplicaron a Oscar Wilde en 1895. Wilde fue a la prisión de Reading, a Turing le dieron a elegir entre la cárcel o una castración química con estrógenos. Rechazó toda defensa y se resignó a la pena de inyecciones de hormonas, que le causaron severas alteraciones físicas. Le salieron pechos, quedó impotente, aumentó de peso y se abismó en la depresión. En 1954 se suicidó ingiriendo una manzana con cianuro.

El tema de los reveses de la fortuna se ha tratado desde la antigüedad, pero fue Boecio quien lo dibujó como una rueda que gira continuamente, y una vez estás arriba y otra vez estás abajo. Un día eres el Steve Jobs español y al siguiente día eres el príncipe de los ladrones y provocas las mayores alteraciones de curriculum de Linkedin intentando borrar cualquier tipo de relación contigo. Y es que la mayor parte de los hombres aceptan más fácilmente el calificativo de listos cuando son unos canallas, que el de cándidos cuando son hombres de bien; de esto se avergüenzan mientras que de aquello se enorgullecen. La causa de todos estos males es el deseo de poder, inspirado por la codicia y la ambición. En la Bolsa, la ambición lleva a ganar más dinero que los demás. Como el dinero se puede cuantificar, resulta sencillo medir los logros de unos y otros, lo que deja en una situación muy desagradable a los que salen mal en la foto. Un día eres un gestor estrella y al siguiente un gestor estrellado. La Sicav más rentable del año tenía un 12% de Gowex y ahora seguramente ya no lo sea. Para justificar sus decisiones, la gente se inventa todo tipo de historias; “nuevo paradigma”, “es el momento de subirse al tren”, “mi vecino se ha comprado un coche nuevo con la última acción de moda”, o “no existe ningún riesgo porque los tipos de interés están por los suelos” y “no queda más remedio que entrar”. El escepticismo es el único esfuerzo intelectual que no nos podemos ahorrar en Bolsa. Por supuesto, es más fácil creer la historia que tratar de averiguar lo que se esconde detrás de ella. Y eso sin contar los que “ya lo sabían”. Nada atrae al necio ambicioso tanto como una fuerte tendencia alcista. La dinámica del mercado es siempre la misma. Primero aparece una nueva técnica (ferrocarriles, internet) una nueva historia (La riqueza de Luisisana, la imbatibilidad tecnológica japonesa) o nuevas posibilidades de financiación (creación de papel moneda, CLOs,). Luego empiezan a circular historias fabulosas sobre personas que se han hecho ricas de la noche a la mañana invirtiendo en la novedad. La historia se confirma: amigos y vecinos comienzan a ganar dinero y a hacerse increíblemente ricos. Cada vez hay más personas que experimentan la sensación de que están dejando pasar una oportunidad única. Al final ellos también compran. Los precios siguen subiendo, el boom se retroalimenta. Los bancos están dispuestos a dar más créditos, se compran más acciones, inmuebles, etc. Hasta que la burbuja estalla y nos acordamos de que el efecto palanca de los préstamos también opera hacia abajo. Salvo en casos excepcionales, las víctimas de los mercados no suelen merecer la compasión de nadie y acaban de rodillas con orejas de burro al final de la clase. Nadie les ha obligado a invertir, ellos son los únicos culpables y deben conocer las reglas del mercado de la Bolsa.

Este es un caso totalmente distinto, aunque hablamos de productos destinados al gran público. Los pequeños inversores o ahorradores son presas fáciles y el sistema se aprovecha de su buena fe. Se les venden acciones PDM (pedazos de mierda), bonos que disminuyen riesgo a los bancos con nombres rimbombantes y fondos garantizados con comisiones generosas y escaso rendimiento. Se les puede reprochar su codicia o su ingenuidad, pero realmente no juegan con las mismas cartas que el resto de la mesa, en un mundo financiero cada vez más complejo e injusto. No hay nada más hermoso que venderle a un semejante nada por algo.

En el caso de Gowex, la gente puede alegar que ha habido una alteración de las cifras de la compañía y que les han engañado. Pero hay casos que ponen en cuarentena a la inteligencia humana. Si tienen curiosidad sigan a CYNK Technologies. Es una empresa americana de tecnología (el símbolo en Bloomberg es CYNK US Equity) y en su descripción dice que su objeto social es el desarrollo de redes sociales. Vale en Bolsa 1.400 millones de dólares. Hasta aquí todo normal. Si ves la información que publica Bloomberg, es cuando vienen las sorpresas. Tiene un solo empleado, declara que lleva cuatro años sin actividad, y en sus cuentas auditadas declara gastos anuales de 6.000 dólares y activos por 39 dólares. Valía 0.06 dólares el 1 de enero y hoy va por 4.95 dólares.

En cuanto a los mercados, nos encontramos en la mayor corrección de acciones desde que comenzamos el año, justo después del anuncio de inyección de liquidez por parte del BCE. Aunque la corrección no está siendo igual en todo el mundo. USA se encuentra en sus máximos históricos, mientras que está siendo Europa la que está corrigiendo. En los últimos tres meses, el índice francés ha perdido un 7.5% respecto al S&P 500, y está rompiendo los  mínimos históricos del spread. Desde 2007, el que hubiera comprado 1.000 euros de Bolsa francesa y hubiera vendido 1.000 euros en futuros de la bolsa americana estaría perdiendo el 50% de su inversión. El sector que lidera las bajadas está siendo el financiero y las aerolíneas, aunque tienen un peso menor, también se han dado una buena galleta. A partir de aquí, a ver si repetimos el comportamiento de los últimos meses y rebotamos o realmente estamos ante una situación más delicada. La bolsa francesa, en el momento en el que escribo esta carta, está en su media de 200 días que ha respetado en todo el movimiento. De romperlo, la caída veraniega podría ser jugosa. Los tipos de interés de los bonos, desde luego, no parecen anticipar una gran recuperación económica. El bono alemán a 2 años está al 0.017% (la mitad del nuevo impuesto a los depósitos bancarios en España), el 5 años al 0.30% y el 10 años al 1.21%. La prima española vuelve a subir por encima de los 150 puntos básicos.

El secreto del éxito se encuentra en la sinceridad y la honestidad. Si eres capaz de simular eso, lo tienes hecho.

Buena semana.

Julio López Díaz, 09 de julio de 2014

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