Agosto 2014

“Si existiera un partido de los que no están seguros de tener razón, yo estaría en él”        ALBERT CAMUS.

Las vacaciones siempre son un periodo ideal para coger distancia y poder ver la situación nuestra de cada día, sin la oscuridad que nos reporta el árbol más cercano o la cuenta de resultados en tiempo real. Es también un tiempo para poder volver a releer muchos libros. Yo, por ejemplo, lo que hago es alternar libros de historia o ensayo con novelas negras desengrasantes. He vuelto a leer a Montanelli, a Zweig o a Koestler. Claros y lúcidos mensajeros de los tiempos que les tocó vivir, y que quitando al longevo primero, caí más tarde en la cuenta, tenían como punto de conexión que acabaron por suicidarse. Les puedo asegurar que me llegué a asustar. Durante el año leyendo a zerohedge, y a estos autores en verano, ¿qué visión de la vida puede tener uno?

Saqué una consecuencia positiva de todo ello. Que todas las preocupaciones que han existido desde que el mundo es mundo, han sido siempre las mismas, y a pesar de todo, el hombre ha evolucionado y dejado atrás momentos en los que parecía que todo saltaría por los aires. En los primeros años de la fundación de Atenas, y buscando el sistema de gobierno mejor, se dieron numerosos pasos que no se alejan mucho de lo que estamos viendo en nuestros días, y que nos hacen decir que el hombre avanza mucho técnicamente, pero que en el mundo de lo social y de lo sentimental, nos encontramos en la misma situación que en los albores de la humanidad. La Grecia muy antigua tenía un sistema feudal que restringía cada vez más la creación de riqueza en pocas manos, y que por el contrario tenía una plebe creciente en número y en desesperación. En el siglo VII antes de Cristo, surgió un nuevo legislador que intentó cambiar un poco esto, que se llamaba Dracón, que nos ha dejado un adjetivo de medidas políticas especialmente sangrantes y duras. Al final, más que por las leyes que recopiló, lo hemos retenido en los libros de historia por castigar con severidad las faltas, aunque fueran leves. Realmente no cambió nada, porque todas las leyes tenían que pasar por el Aerópago o Senado, y ya saben lo que les cuesta a sus miembros aprobar medidas que les quiten poder. Después vino Solón, que podemos decir que fue el primer intento serio de componer una democracia. Formaba parte de la aristocracia, pero no participaba en política, ni a favor ni en contra de los gobiernos. Aún así, las clases medias le eligieron candidato a arconte, porque pensaban que era el único que podría llevar a cabo las reformas sociales que fueran consentidas con el respaldo del Senado. Abolió la esclavitud libertando a los que habían caído en ella por deudas, que fueron canceladas, y devaluó la moneda, que ya entonces se llamaba dracma, para poder hacer frente a los pagos de aquellos incluso en el futuro. Era una auténtica revolución, que hizo perder cantidades ingentes de dinero a los acreedores, todos ellos de las capas altas. Tenemos bastantes citas de gente quejándose tras la caída de Pericles de la situación social y las desigualdades en el reparto de la riqueza. Hay referencias a los sueldos de los artesanos en los que se dice que hacen falta al menos 100 dracmas al mes para mantener a una familia, cuando el salario medio de un artesano no rebasaba las 30. Hay reclamaciones de condonación de deudas y distribución gratuita de trigo y la participación de todos los ciudadanos en las utilidades del comercio y la industria. Aristóteles sostenía que la esclavitud no era ni moral ni inmoral, sino tan sólo una necesidad impuesta por un régimen capitalista, que aún no había pasado la revolución industrial. “Serán las máquinas, no las leyes, las que liberarán a los esclavos, haciéndoles inútiles”

Los mismos temas que en la actualidad: deuda, devaluación de la moneda, distribución de la riqueza, y la pérdida de empleo por el progreso tecnológico. Nada nuevo bajo el sol. Bueno, hemos cambiado la esclavitud de las minas por la de Montoro.

Pero vamos al tajo. ¿Qué ha cambiado en este mes de agosto? Si hablamos de las bolsas europeas, están al mismo nivel que cuando las dejamos en julio, eso sí, después de haber estado de media casi un 6% más abajo durante la primera semana de agosto, recordándonos mucho al verano de 2011. Desde entonces, una nueva vuelta en V como las que hemos tenido en los tres últimos años. Y por supuesto, con una Bolsa americana que no sufre lo más mínimo. Desde el discurso de Draghi en junio, la bolsa americana le ha metido un 10% a la bolsa europea, a lo que hay que añadir un 6% más, por revalorización del dólar respecto al euro. Sin palabras. Los dos trades más aconsejados al comienzo de año eran vender bonos y comprar Europa frente a USA. Ya ven cómo han ido. El consenso es siempre la primera fuente de los descalabros financieros. Dentro de Europa son tres los sectores que escapan a las caídas, farmacéuticas, tecnológicas y alimentación. Las caídas más pronunciadas han sido en aerolíneas, automóvil y energéticas.

Donde ha habido mucho movimiento ha sido en tipos de interés. El 10 años alemán se encuentra ahora mismo en el 0.88%, y el español en el 2.24%. Tipos no vistos en los últimos 200 años. ¿Qué mercado tiene razón, el de renta variable apostando a una recuperación del crecimiento, o el de renta fija con intereses ridículos, exponentes de una auténtica depresión? Si en vez de a 10 años queremos invertir a 2 años, la elección que tenemos es invertir en Austria al -0.016%, en Bélgica al -0.022%m en Francia al -0.006% o en Alemania al -0.05%. España está al 0.20%.

¿Y qué datos económicos han influido en todo esto? En temas de crecimiento, los datos publicados en agosto reflejan que Europa no levanta el vuelo, siendo España la única que destaca ligeramente, pero con crecimientos mínimos. Datos negativos para Francia, Italia y Alemania. A esto se le ha unido un nuevo miedo a un escenario deflacionario, con cifras negativas en España, aunque al final se ha quedado en un crecimiento de la subyacente europea del 0.9%, viniendo la bajada en el índice general por la bajada en petróleo y alimentos. Y por supuesto, todo esto unido a que vayamos llamando a Telepizza para ir encargando una ronda de quantitative easing. Efecto Paulov inmediato en las cotizaciones, y luego ya veremos si esto funciona o no en la economía. Los sospechosos habituales se vuelven a congratular y Sísifo volviendo a subir la piedra hasta lo alto de la montaña, que ya los datos reales se encargarán de ponerlo mañana en el mismo punto de salida. Y llevamos…. Es un roll over continuo de esperanzas en un mañana mejor, que no hay que obviar que tiene un efecto enriquecedor en los que tienen activos financieros de riesgo, pero que sigue sin mostrar su alegría al común de los mortales. Es una excusa más para que muchos gobiernos miren a otro lado (estoy pensando en Francia e Italia) y que el tiovivo dé unas cuantas vueltas más gratis.

Hay un intento de volver a donde estábamos hace siete años como si nada hubiera pasado, pero las cosas no son iguales. Se ha inundado de liquidez los mercados, pero si vemos, por ejemplo, los balances bancarios españoles, vemos que los créditos siguen bajando y lo que ha habido es una subida en las carteras de renta fija de las entidades. El dinero va al Tesoro pero no al sector privado. Nos encontramos en un callejón sin salida. ¿Por qué dar nuevo dinero a los bancos si no llega a la gente? ¿Realmente hay demanda de crédito cuando hay unos niveles de deuda altísimos? ¿No seguimos en un proceso de exceso de capacidad productiva que hace que no se planteen nuevas inversiones? ¿Después de la colosal subida de balance del BCE que no ha servido para crecer, va a funcionar realmente esta vez? ¿Hemos llegado a un punto en el que no podemos crecer sin darle a la maquinita? ¿No son semejantes todas estas medidas a los remedios de las sanguijuelas de los médicos de hace 200 años que lo “arreglaban” todo así? ¿Cómo aumentamos la demanda y la tasa de ocupación, si cada vez es preciso menos factor trabajo para generar más PIB? ¿Hemos cambiado el modelo productivo para un crecimiento más sano o seguimos con la dualidad Monopoly-bares?

Draghi sabe perfectamente que no van a servir para nada (hablo de la economía real) todas estas medidas de trilerismo financiero, pero las va a hacer de todas las formas, porque no quiere que le acusen de quedarse parado. Pero ya ha avisado que hace falta también un impulso fiscal sobre el que no tiene competencia (en principio, que ya sabemos que los mandatos y las leyes se cumplen sólo cuando interesan). Si hubiera instrumentos financieros cuyo subyacente fuera el crecimiento, nos hubiéramos forrado estos años apostando a que se quedaría permanentemente por debajo de las expectativas de analistas y políticos. Sin embargo, en los mercados de bonos y acciones esto se complica, y no debemos olvidarnos que como en cualquier mercado, la ley más importante es la de oferta y demanda. Cuanto más dinero se crea, si no se destina a inversión real, va a los mercados de capitales creando una demanda inmensa a precios cada vez más ridículos que nunca se sabe donde para. A pesar de las continuas comparaciones con el rendimiento de los bonos que crea un efecto atractivo para las acciones, tenemos que tener en cuenta que hemos llegado a un punto en el que el tener dinero parado no representa ya un coste de oportunidad. Si realmente vamos a un escenario deflacionista, tener el dinero en el calcetín no es pernicioso. Veremos donde acabamos, pero ya se empieza a oír a economistas hablando de que los Bancos Centrales deberían dar dinero directamente a la gente sin pasar por el sistema financiero. De eso hablaremos otro día.

Como decía Bruce Lee, “esperar que la vida te trate bien porque seas buena persona, es como esperar que un tigre no te ataque porque seas vegetariano”.

Julio López Díaz, 02 de septiembre de 2014

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Un comentario

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