Al final

Tras el intento de golpe de Estado de Munich de 1923, Hitler estuvo escondido dos días en la casa del periodista Ernst Hanfstaengl. Cuando la policía encontró su rastro, se puso histérico, sacó su revólver y lo apuntó contra su sien. La señora Hanfstaengl, presa de un ataque de ternura, se le acercó y hablándole suavemente, le arrancó el arma de las manos y evitó que se levantara la tapa de los sesos. La siguiente vez que lo intentó, veintidós años más tarde, no falló. Pero si dicha señora no hubiera sido tan compasiva, la diferencia hubieran sido 55 millones de muertos. No siempre es bueno ser bueno.

El BCE ha tenido, una vez más, un ataque de ternura con los mercados y el pasado jueves anunció una nueva ronda de bajada de tipos de interés y un plan para comprar ABS (activos respaldados por préstamos u otros títulos) y cédulas hipotecarias (títulos con doble garantía, por una parte el propio banco emisor y por otra parte la cartera de préstamos hipotecarios del banco). Según el propio BCE, el plan puede llegar a ampliar su balance en casi 800.000 millones de euros, pero mi apuesta es que no llegará finalmente ni a la mitad. La tasa de refinanciación se queda al 0.05% y el tipo de depósito de remuneración de los bancos en el BCE baja hasta el menos 0.20%. Ha revisado a la baja sus previsiones de crecimiento para 2014 y 2015 en la zona euro, y lo ha subido para 2016. Nada nuevo. Aciertan menos que la bruja Lola, pero el futuro siempre será mejor que el presente… hasta que llegue. Todas las medidas (bien intencionadas) van encaminadas a lograr que vuelva a fluir el crédito a través de los bancos (en Europa siguen representando más del 80% del crédito intermediado), pero siguen posponiendo el hacer un quantitative easing a la americana (que el mercado les pedirá cuando vea que vuelven a no funcionar estas medidas).

Como ya pueden anticipar, mi fe en la buena marcha de estas medidas es la misma que la que se puede tener en Arbeloa como lateral derecho de la selección española. Si nos fijamos en el vocabulario empleado y nos remitimos a 2009, son los mismos sustantivos pero ahora con un uso opuesto de los adjetivos. Volvemos a hablar de empaquetamiento de activos dudosos (fuente del problema hace 7 años y solución ahora). La solución está en el crédito, madre de todos los males con anterioridad. Qué conclusión tan triste, no somos capaces de crecer sin crédito. La oscura realidad es que nos acostumbramos durante una década a realizar inversiones sin poner un duro de capital propio, y cambiar eso ahora, cuando el horizonte no parece ser muy esplendoroso, es sumamente difícil. Y lograr que los bancos vuelvan a darle al grifo con alegría, cuando todavía ven muertos en sus balances, todavía más. La decisión del BCE es, en nuestra opinión, bastante bien intencionada (te doy dinero si das nuevos préstamos, y si no lo empleas, me lo tendrás que devolver con penalización, intentando evitar eso que hemos criticado tantas veces de que fuera empleado por los bancos sólo para hacer carry trade) pero lo que veremos es un vídeo en Facebook de Draghi sentado en su sillón recibiendo el cubo de agua helada. ¿Por qué? Pues vamos a intentar explicarlo:

El reto mundial actual es que los bancos centrales creen que ellos pueden realmente controlar el ciclo de negocio y la inflación. Algunos otros, por el contrario, pensamos que sus repercusiones en el mundo real (no en los mercados) están siendo las opuestas a las buscadas, haciendo que las cosas empeoren, no dándose cuenta de las distorsiones que están creando. Y cada vez piden más excavadoras para hacer el agujero más grande. Lo que hay es una falta de confianza por parte de inversores y consumidores para invertir en economía real. ¿Para qué, si invirtiendo en activos viejos (acciones de mercados secundarios) tengo una protección de los bancos centrales que me hace forrarme? ¿Qué necesidad tengo de invertir en una planta de tratamiento de plásticos (copyright) con todos los líos burocráticos, contratación de personas, etc. que me voy a encontrar? ¡Vaya lío eso de la economía real!

Los niveles de deuda de la economía siguen en máximos, y lo único que se ha logrado es trasvasar deuda privada a deuda pública. Según un informe del BIS, serían necesarios 20 años consecutivos de superávit presupuestario para llevar la deuda pública donde estaba antes de la crisis. ¿Hay alguien dispuesto a cubrir esa apuesta? Una de las cosas que los datos fríos nos dejan, por encima de pancartas o titulares de periódicos, es que el gasto público no ha dejado de crecer en toda Europa a pesar de la teórica austeridad (sin entrar en las bondades o perversiones que ello conlleva). Y el peso en la balanza de la demografía no va a ayudar lo más mínimo (gasto sanitario y de pensiones creciente). Dicho florentino “si excluyes la deuda, no hay problema de deuda”. La reducción de los tipos de interés y de la prima de riesgo ha hecho parecer que la epidemia ha sido derrotada y a otra cosa mariposa, pero el virus sigue latente. ¿Qué pasaría si por cualquier razón volviéramos a las andadas, con el doble de deuda esta vez? Los casi 15.000 millones que se han liberado de déficit público por menor carga de intereses podrían doblarse al lado contrario, y volver a tirar de impuestos no sé qué límite puede tener, tanto económico como social.

Al final estamos estirando de los extremos. Estamos viendo publicaciones todas las semanas sobre que la riqueza financiera no para de subir. Y es cierto. Pero todos esos activos son la materialización de una deuda que no es más fácil de repagar en la actualidad, y que estamos viendo que lleva a una economía sin crecimiento. No tardaremos en volver a oír propuestas de reseteo de esa deuda, o del establecimiento de un impuesto de un solo pago por un porcentaje de esa riqueza financiera que “compense” ambos lados de la ecuación.

Al final hay que ver cuál es el punto donde se cruzan la curva de demanda de crédito y la de oferta de crédito. Por el lado de los bancos, como ya vimos la semana pasada, no hacen más que seguir desapalancándose en créditos, y ellos son felices dando dinero con un diferencial minúsculo a Telefónica o Iberdrola, pero siguen siendo muy reacios a darlo a pymes, y si lo dan es a unos precios mucho más elevados y con una petición de garantías bastante importante. Algo han aprendido de los préstamos a promotores, y no les culpo. También, te dan aplazamientos en los pagos de las tarjetas, pero al moderado TAE del 22.42%. Por otra parte, la demanda tampoco es que esté muy disparada, porque la gente lo que quiere es devolver lo que tiene y no quiere volver a verse con el agua al cuello. El proceso actual ya lo vimos en la Gran Depresión, que vivió una recuperación hasta 1937, y volvió a caer en cuanto paró la máquina de hacer carreteras del Estado. Luego, lo que salvó a la economía fue realmente el esfuerzo armamentístico de la IIGM, pero no quiero parecer frívolo. Al final, la gente para pedir un préstamo tiene que tener confianza en que los rendimientos de la inversión que realice sean positivos, independientemente de que los tipos de financiación sean cero.

Bueno, no podían esperar otra cosa de mis comentarios. Mae West se definía como la chica que una vez perdió su reputación y nunca la echó en falta.

Buena semana

Julio López Díaz, 12 de septiembre de 2014

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Un comentario

  1. sekatsimorez · · Responder

    Muy buen artículo Julio, como casi siempre.

    Me permito copiarte aquí un análisis similar de Francisco Linares, sobre el mismo tema de toda la pantomima que nos ha tocado vivir: http://www.rankia.com/blog/llinares/2452869-impresion-dinero-intereses-negativos

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