Mahler

Mahler tenía terror a la novena sinfonía porque estaba convencido de que los compositores morían después de escribir su Sinfonía nº 9 (le había pasado a Beethoven, Schubert, Dvorak o Bruckner). Le daba tanto terror, que no la numeró, sino que la llamó La canción de la Tierra. Después continuó su obra sinfónica con una pieza a la que dio el nombre de Sinfonía nº 10 y, como no podía ser de otra forma, murió.

Como en la mitología griega, las personas y los países tenían escrito su destino y no podían escapar a él. Y la cuna de la cultura europea lo sigue demostrando veintisiete siglos más tarde. No nos podemos quejar de ausencia de detonantes de mercado durante la primera semana del año. Caída del petróleo, las elecciones en Grecia, nuevas caídas de precios… Todas las furias del infierno que habían estado borboteando pero sin romper a hervir, parecen haberse puesto de acuerdo para explosionar a la vez. El caso es que ni tuvimos el tradicional rally de Santa Claus, ni regalo de reyes.

Además, el estar una semana alejado de las pantallas se debe utilizar para poner un poco en claro los pensamientos, ver de una forma reposada la estrategia a seguir y buscar con pasión las posibles soluciones al problema de crecimiento de la economía europea.  Pero lejos de avistar cualquier Nuevo Mundo esperanzador, lo único que consigo es tener cada vez las cosas más confusas. La mayoría de las cuestiones después de siete años de crisis siguen sin tener respuesta. ¿Necesitamos austeridad o estamos en pleno austericidio? ¿Demasiados recortes o demasiados pocos? ¿El Estado debe intervenir más o hay que tenerle atado con bozal? La gente sigue quejándose de las ayudas de la banca, pero muchos expertos alegan que el mejor comportamiento de la economía americana viene dado porque allí se capitalizaron a los bancos a toda velocidad. Cuanto más se lee, más oscuridad. A mí me suena cada vez más a lo que los historiadores romanos narraban en la última fase del imperio, y que estamos al final de un período largo y fructífero que ha durado casi ciento cincuenta años y que se le denominó sociedad de consumo, que ha estirado el chicle hasta donde ha podido.  Pero no vamos a divagar y vamos a centrarnos en el caso griego y todo lo que está en juego.

Grecia se ha transformado en el conejillo de Indias de los experimentos económicos. Y hay que decir que es un mundo que se acerca cada vez más a la Física, por su exploración de los límites conocidos, con todo lo que está aconteciendo con el laboratorio de las políticas de tipos de interés negativos. Y ya no hablamos solamente de economía sino de principios por los que deben regirse las personas y los países, y que se están tambaleando. Grecia está en un proceso muy curioso en el que el equipo de médicos ha recomendado transfusiones por un lado y sangrar con sanguijuelas por otro. Sorber y soplar por la pajita al mismo tiempo. Después de todo lo vivido nos encontramos en la casilla de salida. Los antecedentes son ya conocidos. Manipulación de datos para cumplir con lo requerido por Bruselas, llegada de fondos europeos que se dilapidan y unas cifras de deuda que se disparan por encima de cualquier cantidad asumible. A partir de ahí, crisis mundial, posibilidad de default de la deuda griega, posible ruptura del euro y se llegó a un acuerdo para una quita de deuda a la vez que se negoció un préstamo de los países europeos al gobierno griego. La quita a los inversores privados (hay que recordar que el BCE y el FMI no tuvieron quita) fue de 95.000 millones de euros . La situación actual es que la deuda ha vuelto a crecer y se encuentra en los 325.000 millones de euros, con un PIB griego de 180.000 millones. La deuda no está muy claro en manos de quién  está, pero haciendo una media de lo que he leído en algunos informes, los inversores privados deben tener unos 60.000 millones, y el resto está repartido entre BCE, FMI y los préstamos de los gobiernos europeos.

La realidad es que el país no puede afrontar el pago de la deuda por muchos balones para adelante que se quieran chutar. Es un país sin apenas infraestructura industrial, sin materias primas y del que llevan emigrando sus habitantes desde hace 2.600 años. Y a partir de ahí vienen las consideraciones políticas y el juego de poker para ver quién tiene la sartén bajo el mango, si los griegos amenazando con no pagar y salirse del euro o Bruselas negando nuevas ayudas. Obviamente las medidas de la Troika han ido encaminadas a la recuperación del dinero prestado. Que yo sepa, no hay ningún país que haya regalado dinero todavía sino que las ayudas han sido en forma de crédito del que se espera devolución, supongo. Esto por supuesto incluye a Alemania que no es una ONG, aunque a veces parezca que va regalando el dinero. Para ello se fijaron directrices que recetaban ventas de empresas públicas y reducción del gasto público que permitiera destinar dinero al repago de intereses.

¿Futuro dentro o fuera del euro? Cualquier salida de la moneda única supondría una caída de renta inmediata para los griegos, un encarecimiento de importaciones y unas necesidades de financiación que no sé bien quien tendría el valor de cubrir, mientras que las ganancias competitivas no serían inmediatas (salvo quizá en el sector turístico y ahí sí que generaría un problema a países como Italia o España). Si se queda dentro, el problema es que la única forma que tendría de competir es entrar en una deflación salarial de caballo, que le permitiera evitar un permanente déficit exterior. Truco o trato. ¿Qué pasa si se acepta una nueva quita? El problema es el efecto contagio en otras economías que siguen al pie de la letra los “consejos” de la Troika de estrechamiento de cinturón y cuyos gobiernos se enfrentarían a una situación de difícil venta en  pleno año electoral. ¿Qué pasa si hay un impago? Pues ese es un campo que ha variado mucho respecto a hace dos años. El país con mayor quebranto en términos porcentuales sería curiosamente Portugal que tiene casi un 3% de su PIB comprometido en créditos a Grecia. En el caso español hablaríamos de unos 25.000 millones de euros. Ninguna situación es indolora. Ya saben uno de nuestros mantras preferidos: “Las deudas de unos son los activos de los otros”. Ambos lados no dejan de crecer. Las deudas se van apilando en los mismos deudores incobrables y los acreedores siguen sumando cifras en sus apuntes contables de bancos y fondos. Si se eliminan de un lado del balance, también se eliminan del otro. Nada por aquí, nada por allá y voilá, te quedas esperando a tu pareja en pelotas en la isla de Adán y Eva. Conclusión, los países endeudados va a llegar un momento que se encuentren con la tesitura de ver quien paga el pato, si lo siguen haciendo sus propios ciudadanos vía impuestos o sus acreedores internacionales vía impagos. Estamos en el minuto diecinueve de partido, y la posesión del balón ha estado en manos de los bonistas. ¿Podrán seguir con el tiki taka que ni avanza ni retrocede?

“Lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar”. Bertrand Rusell. Y yo añado, que ya llevamos mucho tiempo quietos en el puente con la tienda de campaña montada.

Buena semana

Julio López Díaz, 08 de enero de 2015

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