August Bier

En 1898, un médico alemán llamado August Bier, pionero en algunos métodos de anestesia, se dispuso a probar uno de esos nuevos métodos anestésicos de la forma más sorprendente y menos delicada posible. Su ayudante, también doctor, se prestó como cobaya, con todas las consecuencias. El doctor Bier comenzó por inyectar cocaína a su compañero directamente en el líquido espinal, que al fin y al cabo era lo que querían investigar. Siete minutos después se inició la sesión de pruebas, o casi de tortura. Comenzó pinchando al anestesiado con una aguja en el muslo, y como el resultado sensorial fue únicamente una ligera presión, le clavó un escalpelo en el mismo sitio. No sintió dolor. Posteriormente le apagó un cigarro, y sin queja alguna, le golpeó las espinillas con un martillo, le clavó un escalpelo hasta llegar al hueso, le tiró del vello púbico y le oprimió los testículos. Todo ello sin que Hildebrandt, la cobaya humana, sintiera nada y por lo tanto emitiera quejido alguno. Para comprobar que era un efecto local, le tiró también del vello del pecho, y ahí el amigo Hildebrandt sí sufrió dolor. Pasado el efecto de la anestesia, aproximadamente a los cuarenta y cinco minutos, ambos se fueron a celebrar el éxito con unas cuantas copas de vino. Supongo que Bier las bebía para celebrarlo y Hildebrandt para no pensar en lo que había pasado, ya que le habían cortado, torturado los testículos y martilleado las espinillas. Era mejor no pararse a pensarlo.

La misma falta de sensibilidad están mostrando los mercados a todas las perrerías que les están haciendo, y sólo reaccionan cuando les tocan los pelos del pecho, que son las declaraciones de los Bancos Centrales. ¡Para lo que hemos quedado! Antes, el mercado reaccionaba ante la publicación de datos económicos, siendo el principal el dato de empleo americano. Ahora, sólo estamos pendientes de ver si va bien de la vejiga Draghi o si a un gobernador de la Reserva Federal se le cae el párpado izquierdo cuando hace una declaración, o si Yellen cuando pone morritos (ya sé que es muy desagradable imaginárselo) hace una Oh o una Oooooh que lo cambia todo. Y todo esto, sin que todos los que defienden estas medidas hayan logrado convencerme de su eficiencia. Hemos entrado en una dinámica que realmente nadie tiene ni pajolera idea de cómo vamos a salir. Cada vez encontramos más países con tipos de interés en negativo, con intervenciones, contra-intervenciones y esto cada vez parece más una película de submarinos tipo “A la caza del Octubre Rojo”. Y al final, consiguen el efecto contrario al que buscan, fomentando la desconfianza entre los participantes. Veremos cómo se terminará volviendo los dineros a los colchones y a la caja de zapatos en lugar de depositarlo en los bancos. Lo único que están logrando estas medidas es producir grandes embalsamientos de dinero en papelitos (realmente apuntes contables con una tecla próxima que pone DELETE) pero no que se destine a nada nuevo.

Ahora, la lucha de los Bancos Centrales es crear inflación, ni siquiera hablan de crecimiento. Pero en esa lucha se encuentran con cuatro gigantes con los pies bien clavados en tierra. Por un lado, la demografía, que ha eliminado en las economías europeas las figuras de triángulo con base horizontal y vértice en la parte superior y la ha transformado en un rectángulo, en que las bases inferior y superior son iguales, con lo cual el dicho de “el que venga detrás que arree” se complica bastante. Todo el sistema social tan positivo que nos creamos después de la IIGM se basaba en una población creciente, con longevidad muy por debajo de la actual y sin deudas. No hay más que ver la marcha de la llamada “hucha de la Seguridad Social”. De los 66.000 millones que había en el 2011 se han sacado 26.500 en apenas tres años. Hagan cálculos de finalización del maná. Y además con “trampas”, porque al estar invertido todo en deuda española, se han beneficiado de tipos de interés que les permitían subir su valor de mercado. Con tipos de interés del 1.6% a diez años nos encontramos con una de las “contramedidas” de las políticas de los Bancos Centrales, que es la incapacidad de crear rentas a las inversiones. Me voy a descojonar cuando intenten hablar de tipos reales en vez de nominales a la gente de la calle. El segundo gigante lo encontramos en la tecnología, que hace prescindir del mayor coste de las empresas, que es el trabajador. Sí, ya sé que pasó lo mismo en el siglo XIX y al final la humanidad progresa y blablá, pero esto, como la Historia, está contado desde el lado de los vencedores y no desde el lado de los que sufrieron esos avances (explotación infantil, alto desempleo, etc). El tercer gigante es que seguimos con un problema de exceso de oferta en la mayoría de los sectores económicos. Hemos visto la caída del petróleo, pero fíjense también en el precio de los productos agrícolas, o el famoso Baltic Dry Index, que mide el coste de los fletes del transporte, haciendo mínimos de 6 años. El mercado siempre reacciona igual. Hace unos años subieron de forma desmedida los precios del trigo, el maíz, etc. Los agricultores (y los que no lo eran) reaccionan aumentando la superficie cultivable (ya comentamos hace tres años como en Estados Unidos había aumentado en una superficie equivalente al estado de New Jersey) y al cabo de un tiempo tenemos un exceso de producción que tira los precios, estos bajan por debajo de los costes de producción, y el agricultor termina por tirar la cosecha siguiente y no plantar nada hasta que vuelvan a equilibrarse oferta y demanda. Si nos fijamos en el sector de la energía, es ya de nota. Se han gastado 260.000 millones de dólares al año durante los últimos cinco años en energías limpias alternativas en el mundo. Esta inversión se beneficiaba de unos precios del petróleo altos. ¡pero es que en el año 2013 se gastaron en el mundo 550.000 millones en subsidios a los combustibles fósiles! Sorber y soplar hasta que se desparrama el líquido del vaso y nos encontramos con una pila de inversiones en la basura. El cuarto gigante es la cantidad de deuda en el mercado. Por un lado, estamos viendo el problema que está creando la subida del dólar a todas aquellas empresas de los países en desarrollo que estaban endeudados en esa divisa. Las divisas de México, Brasil, Sudáfrica se encuentran hoy en mínimos de seis años y con el dinero que llegó del QE saliendo a manos llenas. La deuda mundial ha crecido en 57 trillones de dólares americanos desde el comienzo de la crisis (50 veces el PIB de España) y ahora se encuentra en los 199 trillones. Ya sé que también ha subido el precio de los activos, pero me sigue preocupando el problema que planteó Pareto con la doble entrada en contabilidad y que si se tachan pasivos hay que hacer un movimiento similar en los activos. Y no es un problema sólo de Occidente. China la ha cuadruplicado en 6 años desde los 7 trillones a los 28 trillones, y además la mitad de los préstamos están ligados a un inmobiliario sobrecalentado y edificado en terrenos donde toman el sol los lagartos. Si nos fijamos en la madre patria, necesitaríamos un ajuste de casi un 5% en el PIB para empezar a recortar el déficit. Aquí mucha gente optimista (tiene que haber de todo) busca el ejemplo del caso sueco de hace unas décadas cuando la crisis se solucionó con endeudamiento público, desapalancamiento privado y una devaluación de la moneda del 30% que les permitió exportar a manos llenas. Sin embargo, entonces los problemas eran más locales y el resto del mundo crecía. Ahora estamos hablando de repartir la tarta.

Menos mal que tenemos gente muy preparada en los sitios claves, como Strauss Khan. ¡Qué tío más grande! ¡Allí donde iba, se le arrojaban las tías a los pies por su gran sex appeal! Este gran paladín, el mayor responsable del sobrecalentamiento del planeta, era el vigilante de la cosa económica. ¡Qué tranquilo voy a dormir esta noche!

Buena semana

Julio López Díaz, 12 de febrero de 2015

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