Hans Christian Andersen

Hans Christian Andersen pudo ver de cerca lo que había de Scrooge en Dickens durante una visita que le hizo en 1857. Se habían conocido hacía diez años cuando Dickens, entusiasmado, había irrumpido en la sala donde el danés firmaba libros gritando: “¡Tengo que ver a Andersen!” Se hicieron amigos enseguida. Cuando éste estaba a punto de volver a Dinamarca, el autor le entregó una edición firmada de sus obras como regalo de despedida. Parecía una amistad perfecta. Durante diez años, Andersen se planteó volver a Inglaterra para pasar una temporada con su amigo. Sin embargo, cuando lo hizo, se encontró con una persona muy diferente. Dickens se había convertido en una persona fría y amargada, a punto de separarse y de irse a vivir con su amante. Lo último que necesitaba era la visita de un danés excéntrico y que apenas sabía hablar inglés, pero no podía negarse a hospedarle. “Es posible que Hans Christian Andersen pase algún tiempo con nosotros, pero no tienes de qué preocuparte, sobre todo porque sólo sabe danés y se sospecha que ni siquiera demasiado”, escribió a un amigo que pensaba visitarle. El danés se dio cuenta de que algo no iba bien desde el momento en que llegó. El escritor no estaba: se había marchado apresuradamente a Londres reclamado por asuntos de negocios. Dejó a su invitado al cuidado de sus repelentes y maleducados hijos, que se burlaban de él y se negaban a cumplir sus peticiones y hablaban mal de sus obras en sus narices. A pesar de ello, aguantó cinco semanas. “Andersen no nos deja en paz”, escribió Dickens, una vez volvió de su viaje. Al final, el danés se fue apesadumbrado y Dickens dejó una nota en la habitación donde había dormido: “Hans Andersen durmió en este cuarto durante cinco semanas, que a la familia le parecieron siglos”.

La misma situación incómoda se está viviendo en Europa con el invitado griego. Las discusiones de estos días nos sirven para volver a poner encima de la mesa todo lo que ha dado Grecia desde el comienzo de la Humanidad, el nacimiento de la tragedia y también de la comedia. Y este antagonismo es lo que lleva a la gente a tener posiciones tan extremas sobre cómo ver la luz al final del túnel. Por un lado, están los que recuerdan muy sutilmente que la primera presencia de los griegos en la historia fue colocarles un caballo de madera a los pobres troyanos y que desde entonces no han cambiado mucho su forma de actuar. Son los que malvadamente sacan a relucir los contratos de jardineros en hospitales sin jardines, los que hablan de jubilaciones con cincuenta años, los que cobran pensiones de personas fallecidas hace lustros y los que, tras elaborar el censo de piscinas, concluían que había sólo diecinueve en todo el país. Por otro lado, están los reportajes que nos presentan la situación calamitosa de la población, la escasez de medicamentos, el alto desempleo y el peso de las deudas. Al final, nos encontramos con un desamparo total a la hora de intentar juzgar las cosas e intentar buscar una solución a la situación. Supongo que a muchos de vosotros os habrá pasado el recibir un mail o un whatsapp que os ha indignado, lo habéis reenviado a vuestros amigos y al cabo de unos días habéis comprobado que todo era un montaje; que se han quedado con todo el mundo de la forma más infame. ¿Cuántas veces has leído noticias en prensa de cosas que conoces de primera mano y que ni siquiera rozan la veracidad, pero ves cómo hay doscientos tíos comentando de forma encendida la misma? El peligro de manipulación es enorme y nuestro grado de miopía estratosférico. A la realidad sólo nos podemos acercar como si estuviéramos jugando a las tinieblas, con los brazos por delante, tanteando aquello que tocamos. Me hicieron mucha gracia la semana pasada un par de curiosidades. Por un lado, algún artículo acalorado referenciado a la operación de cirugía estética de Uma Thurman que al día siguiente se comprobó que no era tal, y otros dos titulares de periódico sobre la defenestración de Tomás Gómez, uno en grandes letras diciendo que el PSOE estaba a punto de despeñarse y otro, que una encuesta realizada esa misma noche le daba como fuerza más votada en Madrid. Al final tenemos un curioso comportamiento, que es dar veracidad a aquellas noticias que refuerzan nuestros propios pensamientos. Si estoy en contra de las operaciones de cirugía estética, nada mejor que ver unas fotos de una artista que presuntamente no ha salido muy favorecida para cargar las escopetas, aunque al día siguiente en un programa de radio te saquen los colores diciéndote que sólo era una broma con el maquillaje. En los mercados financieros también se tiene este problema. Tendemos a leer a aquellos analistas que piensan como nosotros y despreciamos a los que piensan distinto, lo que nos lleva a frecuentes tergiversaciones de lo que está ocurriendo. También sirve para que los extremos sigan vendiendo su libro, y los foros para aquellos que hablan de caos, vuelta a la Edad Media y demás oscurantismos estén llenos, y lo mismo ocurra para aquellos que anuncian la próxima llegada del paraíso a la tierra.

Se me ha ido un poco de las manos la introducción, pero a ver si llego a donde quiero. Hay una serie de conceptos económicos muy manoseados que se utilizan tópicamente y de forma unívoca, pero que tienen numerosos enfoques. Uno de ellos es el apoyo masivo de los gobiernos y los mercados financieros a las medidas de inyecciones de dinero por parte de los bancos centrales, como si fuera el maná que llega a todos los rincones y del que todo el mundo se aprovecha y beneficia, cuando esto dista de ser así. Hasta ahora, los principales beneficiarios han sido las entidades financieras (a partir de estos niveles ya tengo mis dudas de que se sigan beneficiando) y los gobiernos. Las primeras, porque se les ha “regalado” una inversión en carry trade (comprando bonos a medio y largo plazo, con unas rentabilidades más altas que la financiación que obtienen de los bancos centrales) que les ha ayudado a recomponer sus resultados y demorar en muchos casos las necesarias ampliaciones de capital, y en el caso de los gobiernos, porque se han encontrado al primo de Zumosol, que les ayuda a tirar el balón pa´lante y no se ven obligados a tomar medidas que no serían bien recibidas por el electorado. A cambio, lo que tenemos ha sido una socialización de pérdidas proveniente del intercambio de deuda privada por deuda pública, y a un latrocinio a las clases medias, que ven cómo la rentabilidad de sus ahorros desaparece. Nos encontramos con una alteración total de toda nuestra cultura. El ahorrador está siendo visto como el quinto jinete del apocalipsis, causante de todo tipo de desastres, al que hay que tener aprisionado con fuertes grilletes y una máscara de hierro en la cabeza. Desde pequeñitos nos enseñaron el esfuerzo que supone ganar un dinero. Y ahora, por el contrario, vemos como un tipo italiano, ex Goldman Sachs cuando se ayudó al gobierno griego a presentar cuentas fraudulentas, y descendiente lejano del Conde Draco, le da a una manivela y sale el chorrito de monedas, ante el aplauso enfervorizado de los corros de las bolsas. Sr. Draghi ¿Por qué nos estamos embarcando en un experimento monetario, en el que los resultados de los que lo han realizado antes (Estados Unidos, Japón) son totalmente cuestionables y lo único que se ha conseguido es la expansión económica más débil después de una crisis, en los últimos 150 años? Y algo realmente paradójico: El mercado confía ciegamente en ellos. Pero sorprendentemente, los mercados de deuda reflejan que el resultado de su política va a ser un fracaso total y que no se va a alcanzar el paraíso del 2% de inflación (si no, no invertirían en bonos alemanes a 30 años al 1%). Los tipos bajos curiosamente lo que consiguen es que nadie tenga prisa por invertir, porque no le va a salir más caro hacerlo en el futuro. Pero diciendo esto, lo que nos han demostrado los bancos centrales es que no van a dar su brazo a torcer y van a insistir en lo mismo erre que erre, y eso lo tenemos que tener presente de cara al proceso inversor que está ya totalmente alejado de que la economía vaya mal o bien. Ya tiene su vida aparte.

Estamos vendiendo neveras a esquimales y nos quejamos de que tenemos un problema de demanda y que hay que inyectar más pasta como única solución para que no quiebre la fábrica de electrodomésticos, para que así los bancos les refinancien y tengan sus activos inmaculados. Queremos conceder nuevos préstamos, pero el crecimiento de crédito sin un crecimiento de la renta es infructuoso.

Como decía Julio Cesar, los hombres suelen creer fácilmente aquello que desean.

Buena semana

Julio López Díaz, 19 de febrero de 2015

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2 comentarios

  1. sekatsimorez · · Responder

    Como dice el del enlance: “Afrontémoslo. Es terrible ser un inversor diversificado”
    http://www.basonasset.com/diversification-sucks/

    Saludos, Julio.

  2. sekatsimorez · · Responder

    Eso, enlance. LOL.

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