El rico y el pescador

El rico industrial del Norte se horrorizó cuando vio a un pescador del Sur recostado contra su barca y fumando.

  • ¿Por qué no has salido a pescar?, le preguntó el industrial.
  • Porque ya he pescado bastante por hoy, respondió el pescador
  • ¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas?, insistió el industrial
  • ¿Y qué iba a hacer con ello?, preguntó a su vez el pescador.
  • “Ganarías más dinero”, fue la respuesta. “De ese modo podrías poner un motor a tu barca, podrías pescar más peces, ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con la que obtendrías más peces. Pronto ganarías para tener dos barcas… y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico, como yo”.
  • ¿Y qué haría entonces?, preguntó de nuevo el pescador
  • Podrías sentarte y disfrutar de la vida, respondió el industrial.
  • ¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento?, respondió satisfecho el pescador.

¡Qué texto más hermoso de Tony de Mello! ¡Y qué distinto de lo que nos cuentan todos los días Bancos Centrales, FMI, Banco Mundial y demás organismos! El jueves pasado me respondía un amigo lector, con bastante sorna, si yo había sido optimista alguna vez en mi vida. Me hizo pensar, porque no hay nada mejor que poner todos los días en entredicho nuestros valores y creencias. Hice un esfuerzo sobrehumano, cerré los puños, apreté los ojos, intenté vaciar la mente, me levanté y di tres vueltas sobre mí mismo, pero nada, no vi de donde agarrar, como decía Mecano. Es cierto que los datos económicos han ido mejorando en Europa en los últimos meses (de hecho, ya comentamos en noviembre en una de nuestras epístolas, y creo que fuimos de los primeros, que veríamos un dato de crecimiento del PIB cercano al 2.5% cuando la gente hablaba del 1.5%), que el desempleo americano vuelve a estar en niveles muy bajos (ahí me he equivocado claramente, nunca pensé que recuperaríamos esas cifras), y que se ha avanzado bastante en el tema de la unión bancaria en Europa, aminorando riesgos de corridas bancarias. Pero en lo estructural, no hemos cambiado casi nada de lo que nos llevó al crash de 2008. Me da que estamos en un movimiento de retorno a la media dentro de un canal bajista económico. Seguimos instalados en una dinámica de burbuja-estallido, miedo-avaricia; lo único es que ahora estamos en el momento de luz y alfombra roja que nos vuelve a nublar los ojos. Nunca hay que interpretar la realidad en función del momento de las cotizaciones. Siempre recuerdo que la revista Time en enero de 1939 nombró a Hitler personaje del año después de firmar los acuerdos de Munich con Chamberlain y Daladier. Sé que es una situación que nos deja retratados por no estar bailando el fox-trot en medio de la pista, pero los mercados no son como las bodas, que cuando ponen las sevillanas es la señal de que están a punto de acabar.

Y ahora voy a intentar poner negro sobre blanco las cosas que yo creo que siguen sin resolverse. La primera sigue siendo el enorme peso de lo financiero sobre lo real desde que Nixon acabó con Bretton Woods en el año 1971. Hasta entonces había un sistema de cambio fijo con una relación oro-dólar establecido en una onza 35$. Tú ibas a la FED de Nueva York con dólares y te podías llevar su equivalente en oro sin problemas. El avispado De Gaulle fue el primero que vio que la Guerra de Vietnam haría eso inviable y mandó un barco a recogerlo, precipitando todo. El oro está ahora en los 1.150$. Algo de poder adquisitivo se ha perdido ¿no? Nos han hecho la envolvente. Ese mismo año, el petróleo estaba en los tres dólares el barril. Con una onza de oro podías comprar 3.5 barriles. Hoy con esa misma onza de oro puedes comprarte 23 barriles. Un 700% de diferencia.

Corría estos días por internet una foto que decía “¿Cómo le explico yo a mi hija que el modelo a seguir no es la choni que se forra en la tele, sino el ingeniero que atiende en el Mc Donalds?”. Que como dice mi socio Dani, se puede extrapolar al “¿Cómo le explico al que trabaja 40 horas a la semana para ganar 800 euros al mes, que hay otros tíos que ese dinero lo imprimen de la nada?”. Es una filosofía difícil de explicar cuando además ese dinero no permea a la economía, sino que provoca una inflación de activos que beneficia a una minoría. Una curiosidad: el incremento del crédito en USA es sorprendentemente similar al incremento de capitalización de la bolsa. Pura magia financiera. El otro día, leyendo “El Minotauro global” de Varoufakis (lectura muy recomendable, aunque no se tengan los mismos gustos musicales) me topé con una frase sumamente esclarecedora del que menos me gusta de los Marx. “El proceso de producción aparece simplemente como un vínculo intermedio inevitable, como una mal necesario para hacer dinero. Todas las naciones con un modo de producción capitalista, son por ello asediadas periódicamente por un febril intento de hacer dinero sin la intervención del proceso productivo”. La traducción al siglo XXI ya me la han leído antes “Mucha recompra y poco capex” o “Para qué montar un negocio, si en los mercados gano más pasta, con un daikiri en la mano y sin el engorro de tener que tratar con otros seres humanos”.

Desde ese año 1971 también parte una serie muy representativa del cambio, del que adjunto gráfico:

20150311jpg

Es la fuerte línea descendente del peso de los salarios en el PIB. De hecho una de las cosas más sorprendentes que estamos viendo, es que a pesar de estar en cifras de casi pleno empleo en USA, no están subiendo ni los salarios (no llegan al 2% de media en el último año) ni las horas trabajadas, lo que nos hace pensar que lo que hay es que el trabajo que antes hacía uno, ahora lo hacen dos a media jornada. Teniendo en cuenta que llevamos 60 meses de recuperación económica, cifra que ya está por encima de la media de tiempo de recuperación de las últimas décadas, el punto de partida del próximo parón (voy a ser optimista y no le voy a llamar recesión) no va a ser el mejor.

Luego, hay unas premisas en el mercado que se dan como verdades indudables, pero que a mí me siguen chirriando. Me estoy alargando demasiado y sólo las enuncio para desarrollarlas otro día. Uno, el efecto riqueza que generan los mercados, que yo sigo sin verlo: con los mismos activos, para mí unos ganarán y otros perderán, pero la suma es cero, no se crea nada nuevo y para dar una plusvalía tiene que haber alguien que los compre más arriba y hubo alguien que lo vendió más abajo. Dos, el hecho sumamente “positivo” de las caídas del euro y de que suba la inflación: como soy del Atleti y del Estudiantes, siempre debo de estar en el lado de los perdedores, porque me cuesta más salir de viaje, comprar cosas en el extranjero y echar gasolina. Y tres, el que los tipos estén en negativo, que tampoco les viene muy bien a mi madre y a mi suegra, pero bueno la culpa la tienen ellas por haberse creído las bondades del ahorro.

Como en el chiste:-

– ¡Qué cabezota eres Juan!

– Soy Julio

– ¡Y dale!

Buena semana

Julio López Díaz, 11 de marzo de 2015

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