El arte de pagar sus deudas sin gastar un céntimo

Andando el fin de semana de librerías, cayó entre mis manos un libro que por su título y autor no dejó de llamarme la atención. El libro es EL ARTE DE PAGAR SUS DEUDAS SIN GASTAR UN CÉNTIMO (o también, manual de derecho comercial para uso de gente arruinada, deudores, desempleados y demás consumidores sin dinero) y su autor es Honoré de Balzac. El que sepa un poco de la vida de Balzac y las historias de sus novelas, estará conmigo en que es un verdadero retrato de la sociedad del siglo XIX y un verdadero tratado de Economía. Como la actualidad económica y de mercados no ha variado mucho en la última semana y lo único que está cada vez más crudo, a falta de conejos en la chistera, es la situación con la deuda griega, he decidido resumirles el librito que es una auténtica delicia de humor y un pozo de sabiduría. Eso sí, avisarles de que está escrito desde el punto de vista de un deudor. Supongo que le encantaría a Varoufakis.

 Balzac en su vida siempre gastó más de lo que ganó. Tenía que cambiar frecuentemente de vivienda y lo que es hoy en día la Maison Balzac, tenía varias salidas para mejor escapar de sus acreedores.

Cedo ya, sin más preámbulos, la palabra a Balzac.

Qué difícil es obtener el primer pequeño crédito. Qué fácil resulta luego lograr unas sumas gigantescas. Mientras más se debe, más crédito se obtiene. Las deudas no pagadas son un seguro placer para quien las ha contraído.

Mi tío, desde la más temprana edad, supo sobreponerse a esos poderosos prejuicios que dominan a la sociedad y que, vistos de manera filosófica, no son sino debilidades morales, pues supo vivir con la calidad de un hombre que tiene 50.000 libras de renta, a pesar de no tener un solo céntimo de ingreso legal.

El día que moriría reunió a sus cientos de acreedores en un restaurant y les exhortó lo siguiente:

“Cada uno de ustedes encontrará aquí escrito la suma total de lo que se les debe, contando capital e intereses, pero señores, estarían equivocados al pensar que aquí existen pasivos y activos como es habitual para los comerciantes agremiados. No, señores, aquí sólo hay pasivos. Sin embargo no teman recibir diez por ciento o veinte por ciento o hasta cuarenta por ciento de lo que les debo. Soy incapaz de una bajeza tal, sería una gamberrada, y prefiero optar por no pagarles nada en absoluto. Y esa es mi decisión. Todos ustedes no recibirán ni un solo céntimo. Al comienzo de mi edad adulta descubrí el gran significado del crédito y me di cuenta de que está basado y reposa en un solo método, ciertamente peculiar, pero muy sólido: que con una fidelidad inquebrantable no hay que pagar deudas a nadie. Los he elegido para ser testigos vivientes de ese importante descubrimiento. Si tienen la menor duda, les propongo que echen un vistazo a estas escrituras, y de seguro, fío en que encontrarán que jamás he hecho pago a nadie, sea quien sea. Pero siempre he considerado un deber repartir mis préstamos, que muy frecuentemente fueron obligatorios, de tal manera que el día de mi fallecimiento sean compartidos por un número elevado de cabezas, y sobre todo por los más ricos. Francamente, una bagatela comparada con las incalculables ventajas que tendrán en el futuro con el nuevo sistema de crédito, préstamos y amortización que estoy por presentarles. Prefiero despedirme de ustedes con el sentimiento halagador de que estamos totalmente en paz.

Aquí tienen algunos aforismos sobre las deudas:

Mientras más deudas se tienen, más crédito se tiene; mientras menos acreedores se tienen, menos ayuda se puede esperar.

Quien no consigue crédito, inevitablemente entra en quiebra, pues mientras más crédito se tiene, más movimiento de ventas se logra. Mientras más movimientos de ventas se logran, más negocios se hacen, más dinero se gana.

Contraer deudas con gente que no tiene lo suficiente implica incrementar la confusión de la sociedad, la proliferación de la desdicha. En cambio, deberle dinero a gente que lo tiene en demasía, significa todo lo contrario. Crear un equilibrio para la miseria, hacer una contribución a la nivelación social.

Quien tiene un mínimo de principios, tiene que pagar sus deudas. De una manera o de otra. Es decir, con dinero o sin dinero.

Hasta con la mejor administración, una nación siempre se divide en dos partidos totalmente opuestos. Puede ser esta nación tan grande como quiera, tan unida como pueda, pero siempre sucederá. Es decir:

Primer partido: individuos que roban. Este es el partido más fuerte. Segundo partido: individuos que son robados. Este es el más grande. Dejo al lector escoger el partido que más le convenga, pues no es posible escoger un partido neutral o de transición.

La producción de un imperio o reino también consiste en dos clases de gente: los productores y los consumidores. Los productores no son otra cosa que los acreedores. Los consumidores que gastan dinero son los deudores. Es decir, si no existiera gente que gasta dinero, entonces también la gente que produce, que crea valores, sería superflua. O sea, que son aquellos que gastan, los que permiten vivir a aquellos que producen, los que crean valores. Por consiguiente, resulta que una persona que crea valores, un productor, es decir, un acreedor, le debe algo a los deudores o consumidores: el no tener que pagarles lo que se les debe. Pues si no le debieran nada, lógicamente se morirían de hambre.

Como es conocido, la situación brillante de un Estado está en directa relación con el montante de su deuda.

Es obvio que el mundo está compuesto de personas que tienen demasiado y de gente que no tiene lo suficiente. Su deber es, en lo que concierne a su propia persona, establecer el equilibrio.

Es mejor deberle cien mil francos a una sola y misma persona, que deberle mil francos a mil personas, a un mismo tiempo.

El número de individuos que se sienten incómodos porque tienen demasiado dinero que no saben cómo gastar, es igual de grande que el número de aquellos individuos que están incomodados por no saber qué hacer para tener algo más de dinero.

Entre aquellos que tienen deudas, sólo aquellos que cometieron el error de empezar a pagarlas terminaron en la cárcel.

Matarse por no poder pagar sus deudas a pesar de tener la intención de hacerlo es, de todo lo que se puede hacer, lo más torpe. Pues si es verdad que se tienen obligaciones hacia su acreedor, entonces hay que vivir para ellas, y no morir.

Tipos de deuda

1)            DEUDAS ACTIVAS. Activas desde el punto de vista del acreedor. O mejor dicho, del crédito. Por ejemplo, el crédito de un tabernero en cuyo establecimiento se come desde hace tiempo, y a quien se le debe dinero desde el mismo instante en que se inició este hábito. Este crédito tiene que ser llamado deuda activa

El término deuda activa significa todo lo contrario de deuda pasiva. Sin embargo, esta última es casi idéntica a la primera, con una sola diferencia: por deuda activa se entienden todos aquellos montos que se deben porque ya se ha comido en donde el tabernero, sin pagarle, y hasta el día de hoy. Bajo deuda pasiva va el dinero que le vamos a deber en el futuro, cuando decidamos seguir comiendo en su establecimiento sin abandonar la práctica de no pagar.

2)            DEUDAS ANUALES. Son las deudas que se renuevan año tras año como una renta, una pensión, lo totalidad de una suma que se paga a lo largo de los años; aquellas que no se pagan a comienzo o a fin de año, y que se promete pagar el doble al año siguiente, y así progresivamente.

3)            DEUDAS CADUCAS. Son aquellas que no tienen ningún valor para el acreedor, puesto que no tiene ninguna esperanza de recibir algún día su dinero. Hay que arreglárselas para tener sólo deudas de este tipo o, por lo menos, que sean mayoría.

4)            DEUDAS CONDICIONALES. Son aquellas que sólo existen como tales bajo ciertas condiciones. Por ejemplo: ”Le pagaré cuando reciba dinero”. Si no se recibe nada, no se paga nada.

5)            DEUDAS DUDOSAS. Son aquellas que no han caducado, pero cuyo pago no está asegurado por esa misma razón. Se trata de una especie de promesa que se obtiene periódicamente de manera confusa del deudor.

6)            DEUDAS ANULADAS. Son aquellas que ya no se pueden exigir, sea porque están prescritas, o porque ya no se puede obtener una sentencia de pago mandatario de la Corte.

7)            DEUDAS LEGÍTIMAS. Son aquellas que tienen una justa razón y no resultan estrafalarias. Por ejemplo: le pido prestado un billete de mil francos a un amigo íntimo que conocí la noche anterior. Y prometo devolver el billete de mil francos a la mañana siguiente. Él me lo presta sin exigir tasas y sin que le dé ninguna garantía. Yo no le devuelvo el billete de mil francos, a pesar de que él me pide devolvérselo varias veces, y como con este amigo íntimo sólo tengo una deuda amigable legítima, se la restituyo en forma de gracias, de manera que la pagué, aunque esta forma de pago no tenga valor en el mercado. El amigo íntimo está, para bien o para mal, obligado a darse por satisfecho con este estado de cosas.

8)            DEUDAS ILEGÍTIMAS. No conozco verdaderas deudas de este tipo.

9)            DEUDA OBJETABLE. Son, obviamente, aquellas que se pueden objetar. Por ejemplo, un vendedor de telas le vende un pañuelo Elboeuf como si fuera de Louviers; a pesar de que usted no piensa pagar ni uno ni otro, se trata de una deuda objetable.

10)         DEUDAS PRIVILEGIADAS. Son aquellas que hay que pagar antes que todas las demás, cuando uno se ve obligado a tomar una decisión tan extrema.

11)         DEUDAS LIMPIAS. Son una especie muy especial de deudas privadas: mínimo cien mil francos, máximo dos millones. Más allá de este monto las deudas son ya del Estado. Tal tipo de deuda limpia privada, al igual que la del Estado, no obliga al deudor a nada.

12)         DEUDAS PRESUNTAS. Son aquellas que se contraen sólo para fingir, pero que al final terminan por convertirse en realidad. Por ejemplo: atestiguar por un amigo con su firma que pagará cuando deba, confiando en su palabra.

SEGUNDA LECCIÓN SOBRE LA AMORTIZACIÓN DE LAS DEUDAS

En principio debe intentar hacerse amigo de todos sus acreedores, y cuando digo amigos, pienso en amigos que verdaderamente le quieran y que así se lo demuestren, dándole más crédito. Por lo tanto, tiene que actuar de manera tal que ellos -los acreedores- estén más interesados que cualquier otra persona en conservar y prolongar su estancia en la tierra, que se preocupen cuando esté enfermo, aunque sea con un simple resfriado y que tiemblen cuando pille una pulmonía. Si se le ocurre pagar a esta gente, o hacerles un pago a cuenta en dinero líquido, entonces destruirá este interés. Lamentablemente existe un prejuicio fuertemente arraigado, según el cual, tarde o temprano, no hay más remedio que pagar las deudas. Y esto es lo que destruye a los individuos consumidores. Por eso, empiece por no pagarle a nadie y termine de la misma forma, así podrá decir que le fue bien. Si a los veinte años tiene un crédito de veinte mil francos y sigue respetando este método, entonces de seguro tendrá cien mil francos de crédito antes de llegar a los cuarenta años.

Maneras de pagar o amortizar deudas.

1º Por pago en efectivo. Es sin duda la manera más simple de eliminarlas; si se quisiera utilizar este método, esta obra sería verdaderamente inútil.

2º Convirtiendo una o varias deudas en una o varias diferentes. Este tipo de amortización, que tiene muchas ventajas para el deudor que razona, es comúnmente llamada enredo.

3º Por la postergación voluntaria que le da el acreedor. Aquí quisiera notar que casi nunca se trata de un acto voluntario.

4º Por medio de la llamada “Imposibilidad de entrega” o por la prescripción. Este método es tan excelente que más adelante quisiera hacer algunos comentarios al respecto.

5º Por la declaración de invalidez de la Corte. Este es un método demasiado perverso que nunca debe probarse. Siempre hay que tener en cuenta que es posible no ganar el proceso.

6º Por la muerte del deudor, o también por la muerte del acreedor, si no tiene nada por escrito de usted.

Buena semana,

Julio López Díaz, 15 de abril de 2015

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