Barbitúricos

Adolf Von Baeyer se dedicaba al estudio de los cálculos renales y de los derivados de la urea, para lo que necesitaba grandes cantidades de orina. A tal fin, convenció hábilmente a una camarera de Múnich, llamada Bárbara, para que le guardase en garrafas toda la orina que excretara. Así, gracias a esta continua provisión, Von Baeyer pudo proseguir sus experimentos y obtener un nuevo ácido al condensar la urea con el ácido malónico, con lo que logró ganar el premio Nobel de Química en 1905. En agradecimiento a su fiel proveedora de materia prima, bautizó esta nueva sustancia con su nombre. De ahí viene el nombre de los barbitúricos.

Gracias a este descubrimiento, diez días después de los comicios locales y autonómicos, su uso está ampliamente extendido entre los dirigentes de los partidos políticos de nuestro país, analizando todos los pros y los contras que tiene llegar a un sistema de pactos, pero sorprendentemente su reflejo en los mercados ha sido apenas perceptible. La Bolsa española ha caído apenas un 2%, muy por debajo del 5% que ha caído, por ejemplo, la bolsa alemana. La prima está a 140 puntos básicos y por encima del 2% en términos absolutos. Mucho titular de prensa anunciando grupos extranjeros que paralizan sus inversiones, pero en cosas que se puedan “tocar”, la verdad es que no se ve que se esté penalizando mucho a España. Parece que los inversores entran en un suave letargo en espera de la concreción de la formación de ayuntamientos. ¿Qué podemos esperar de aquí a seis meses? Pues como siempre, dependerá de a qué le demos más importancia. Yo pienso que nos vamos a encontrar con nuevos dignatarios deseosos de hacer realidad lo más deprisa posible sus promesas electorales, con lo que tendremos seguramente más creación de empleo (público al menos) y algo más de alegría con el gasto. La contrapartida será, que será muy complicado cumplir los objetivos de déficit a nivel municipal y autonómico, y me temo que también a nivel nacional, pues el partido gobernante intentará recuperar el pulso electoral de cara a las elecciones de diciembre y alguna alegría concederá. ¿Entonces? Pues dependerá mucho también de cómo se encuentre el ambiente internacional, las negociaciones con Grecia, etc. No hay que olvidar que seguimos debiendo unos 950.000 millones de euros al exterior, que ahora mismo son fácilmente financiables por la gracia de Draghi y que además se hace a un coste financiero muy bajo. Lo que pasa es que la experiencia nos cuenta lo fácil que se da la vuelta el “sentimiento” de los inversores. Y cada punto de tipo de interés es un 0.5% menos de PIB en renovaciones de las emisiones de bonos.

Mientras tanto, el mercado sigue funcionando bajo la modalidad Greek-on, Greek-off en función de que haya acuerdo o no sobre Grecia. Hasta que el árbol se mantenga firme o se tale definitivamente no seremos capaces de ver el resto del bosque. Ya saben lo facilón que es el mercado para tomar como tema principal de la película una historia y abandonarla por otra más lujuriosa días después. La historia interminable. Cuando desaparezca Grecia, saldrá el tema de la salida de Reino Unido, la subida de tipos en USA o la nueva serie de Juego de Tronos entre la dinastía de los Bush y la de los Clinton. Pero bueno, volviendo al tema de Grecia, por dar unas cifras. La deuda de Grecia en 2012 era de unos 206.000 millones de euros. De esa cifra, hubo una quita de unos 100.000 millones, más o menos el 50% para redondear. Teniendo en cuenta que el FMI y el ECB no admitieron esa quita para sus préstamos, los inversores privados soportaron una quita del 78%. Tres años más tarde, la deuda griega es de 317.000 millones (se ha multiplicado por 3), y su deuda es del 177% del PIB. Esa deuda tiene el plazo medio de vencimiento más largo de todas las economías europeas y un tipo medio de financiación del 2.5%, menor que el de la deuda española viva. La deuda por cada griego censado es de 28.000 euros. Si nos vamos a otros países endeudados en Europa, por ejemplo Bélgica, vemos que cada belga debe 27.000 euros de la deuda pública. Si lo miramos respecto a España, cada español debe 22.250 euros (en el año 2007 eran sólo 8.400 euros). Aunque salgan unas cifras extremas para el caso griego, no parecen muy alejadas de las de otros miembros de la unión europea. La diferencia está en la sostenibilidad de las cifras. Y con ello vuelvo a mi pregunta de la semana pasada ¿Pero hay alguien que esté interesado en invertir en Grecia? Estamos ante un sector público totalmente ineficiente y sobredimensionado, y con un sector privado excesivamente regulado. Si además los griegos hacen profesión de fe de que no pagan impuestos, ¿Cómo ingresa el Estado? Por supuesto que hay que hacer frente a todo el tema de perseguir a los delitos fiscales, pero es que no he oído ni una sola idea de cómo crecer, de cómo atraer inversiones, sino todo lo contrario.

Y yo creo que la próxima lucha que se va a entablar en Europa, no va a ser Europa-Reino Unido, sino por la forma de hacer las cosas. Va a ser una lucha entre burocracia regulatoria y más libertad económica. Muchas veces confundimos o pervertimos la función compensadora que tienen que tener los Estados para dar las mismas oportunidades en educación, sanidad o vivienda, con el hecho de crear un ente que tiene sus propias necesidades. En España, durante 2014, se redactaron más de 40.000 normas a nivel estatal, equivalente a 169.874 páginas. En el caso de las Comunidades Autónomas, la suma de páginas sobre nueva normativa ascendió a 813.256 páginas (manda huevos el articulista que las ha sumado). No me creía nada cuando un amigo mío, funcionario en Europa, me decía que todas las semanas había unos camiones para llevar todos los papeles de Bruselas a Estrasburgo y viceversa, porque los funcionarios trabajaban cada tres días en un sitio. Y así todo el año. Yo, sin tener mucha pasión por los hijos de Albión, si que creo que tienen razón en este caso. Su contribución neta al presupuesto europeo se ha multiplicado por tres en los últimos años, y ven que esos recursos se pierden por el camino. ¿De verdad no hay término medio entre el capitalismo salvaje de 2007 y la economía del BOE o su equivalente europeo? Cuando la semana pasada leía informes de analistas sobre las empresas expuestas a regulaciones en uno u otro sentido tras las elecciones en España, de todo el IBEX 35 sólo había 2 empresas cuya marcha no dependía de las decisiones que tomara un gobierno u otro. Igual que desde el punto de vista social la intervención estatal es decisiva, cuando se ponen a planificar desde despachos los asuntos económicos me empiezan a correr sudores fríos. Si miramos a nuestros países vecinos, los índices de popularidad de Hollande están por los suelos apenas un año después de ser nombrado presidente francés, y en las elecciones locales italianas, el presidente Renzi ha obtenido un 23% de respaldo frente al 40% obtenido en las europeas del año anterior. La pregunta que surge es ¿Cuando se llega al gobierno, realmente tienen los nuevos inquilinos de las mansiones presidenciales grados de libertad para hacer cosas nuevas, o realmente no existe ningún grado de independencia real frente al status internacional?

Veremos qué pasa en nuestra piel de toro. En estas ocasiones siempre me quedo con la frase de Bismarck “España es el país más fuerte del mundo, los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido”

Feliz semana

Julio López Díaz, 03 de junio de 2015

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