Liszt

En las décadas de 1830 y 1840 Liszt hizo extensas giras por Rusia, y poco a poco se fue convirtiendo en un artista muy apreciado por la realeza, aunque la arrogancia de ese selecto y caprichoso público le resultaba difícil de soportar. Durante una actuación en San Petersburgo, Nicolas I inició una animada conversación que ahogaba por completo la música. De repente, el compositor se detuvo. El zar, perplejo, le preguntó ¿Por qué ha dejado de tocar? Y Liszt le contestó: Porque hasta la mismísima música debe guardar silencio cuando habla Nicolás. El zar no volvió a abrir la boca durante la velada.

La misma situación de silencio tenso que se está viendo cada vez en más mesas de bancos y de gestoras de fondos. Estábamos en plena fiesta durante la primera parte del año, pero los ecos de voces se han ido poco a poco apagando y apenas nadie se mueve, esperando a ver si vuelve la música cuando se calle el “zar griego”. El mercado sigue guiándose únicamente por la solución que se pueda encontrar (o no) para Grecia. Y tengo la extraña sensación de que los inversores han estado tan acostumbrados a que en todas estas situaciones se estirara el chicle hasta el infinito, para llegar con una solución de último minuto, que realmente no les veo muy preparados para afrontar la posibilidad de que realmente no haya solución y esto se vaya al carajo. Y el riesgo se acrecienta los viernes, porque la primera consecuencia de no llegar a acuerdos, sería el establecimiento de controles de capital, y estos necesariamente deberían hacerse en fines de semana con los bancos cerrados. Si a esto le sumamos que mañana tenemos el segundo vencimiento de derivados más importante del año, tenemos todos los ingredientes para tener una tormenta perfecta. Nosotros estamos bajando bastante el número y tamaño de las operaciones y preferimos tener paciencia y no correr muchos riesgos en un juego que puede ser a cara o cruz. Recordad por la semana pasada, que estamos cerca de las medias de 200 sesiones que deberían funcionar como soporte en una situación normal, pero esta situación actual dista de ser normal y es más bien binomial. No quiero saber qué puede pasar si amanecemos un día por debajo de esos niveles con todas las máquinas de futuros del mundo cerrando posiciones. Cautela. La última cifra que se menciona de diferencias entre las partes se encuentra en alrededor de 1.500 millones de euros. La línea roja que ha establecido el gobierno griego (por lo menos hasta ahora) es no bajar las pensiones. El problema es que la suma de las pensiones y los salarios públicos es la parte del león del gasto público. Grecia dedica al pago de pensiones el 16.2% de su PIB (España, por ejemplo, no llega al 12% y países como Holanda no llegan al 7%). Y en mi opinión el principal problema lo tiene en el denominador, como ya hemos comentado en otras ocasiones. El problema de Grecia, más allá de la deuda, es su incapacidad para producir, que se une a un problema demográfico de calado por el envejecimiento de la población. No es una situación nueva. Del primer empréstito que se le concedió a Grecia tras su nacimiento como país, tras su independencia del imperio otomano, los inversores sólo empezaron a recibir intereses sesenta años más tarde. Y la situación en otros países no es muy diferente, pero los focos de iluminación están centrados en este momento sólo en Atenas. La pregunta incómoda siempre es la misma. ¿Tienen que financiar el resto de los países europeos estos déficits o se debe actuar en Europa con un concepto de caja única? Si lo miramos en términos absolutos, hay países más pobres en Europa (los bálticos por ejemplo) con pensiones más bajas .¿Deben financiar también ellos a los griegos? ¿Después del estrechamiento de cinturón de nuestros vecinos portugueses con su economía intervenida, se les va a pedir que condonen el dinero prestado a Grecia?

A pesar de la venta espectacular que nos hacen los políticos de todo el mundo de que lo peor ha quedado atrás, las cifras económicas que se están publicando se alejan mucho de las vistas en otras recuperaciones. Y lo que se produce es un cambio en las proporciones, que está cambiando bastante la configuración de la sociedad, al menos en la occidental. En 1980, fecha de comienzo real de todas estas políticas expansivas basadas en crear papelitos de la nada, el porcentaje de ingresos personales en Estados Unidos provenientes de los salarios era del 60% cuando hoy es tan solo del 51%. Por el contrario, los ingresos provenientes de transferencias del estado del bienestar han pasado del 11% al 17%. El crédito al consumo representaba el 15% de los ingresos; hoy representa el 22%. Las deudas per cápita han crecido más de un 280%, mientras que los salarios han subido en un 88%. No debemos olvidar que la llamada riqueza de las personas, que también nos dicen que no para de subir, está concentrada en activos que son pasivos de otros. Y ya vemos lo rápido que se nos cae el castillo de naipes si uno de esos pasivos dice que no paga. Una de las cosas que más está sorprendiendo a los economistas es lo poco que está ayudando el consumo, pero claro, ya sabemos, como nos enseñó Steven Levitt en Freakonomics, que cuando se toma una medida económica, no siempre se ve de forma clara sus consecuencias en todos los ámbitos y muchas veces llegamos a concatenaciones sorprendentes. A lo mejor exagero, y mi forma de ver las cosas se parece un poco a los cuadros de El Bosco, pero lo que percibo es que los niños del baby boom están llegando a la edad de jubilarse, con bajos ahorros, muy endeudados y empiezan a ver las orejas al lobo. Otros habían hecho sus previsiones de flujos de caja con unos tipos de interés dados y ahora se encuentran que necesitan más (el hecho de que los bancos centrales nos hayan engañado con cifras nominales en lugar de reales durante tantos años ahora tiene su efecto marea). Es sorprendente que la franja de edades donde porcentualmente más se ha crecido en empleo americano en los últimos dos años, haya sido el de 55-69 años, con mucha gente que no le ha quedado más remedio que incorporarse de nuevo al mercado laboral para complementar sus ingresos. Todo ello repercute por supuesto en un menor consumo. Y en el otro extremo tenemos a los jóvenes, que parten con una rémora de 1.3 billones de dólares en préstamos universitarios que esperaban devolver gracias a los magníficos y bien remunerados trabajos que les habían prometido cuando se matriculaban, y que encuentran finalmente trabajos a tiempo parcial que tampoco les da para aumentar su consumo. Finalmente, la economía real se está resintiendo de los grados de alta concentración de la riqueza en pocas manos y su propensión marginal al consumo decreciente. ¿Hasta dónde seguiremos por el mismo camino? En las economías antiguas, cada cierto tiempo había un jubileo de deudas más o menos obligado.  Cada vez más gente se apunta a un impuesto de un único pago por un porcentaje del patrimonio. Veremos por donde salimos.

Mientras, los bancos centrales siguen a lo suyo, sin dar realmente solución al problema más allá de inflar burbujas. Los Bancos Centrales han rebajado los tipos de interés 577 veces desde Lehman (578 con la baja del Banco de Noruega de hoy). Eso supone una bajada en algún lugar del mundo cada tres días. Poseen en activos financieros el equivalente a 22 veces el PIB español y han conseguido que durante parte de este año más de 6 billones de dólares (europeos) tuvieran rendimiento negativo. Han conseguido que la base monetaria multiplique la media de todo lo visto en el siglo XX, que la Bolsa china se haya doblado en menos de un año y que ahora tenga más de 358.000 millones de dólares de posiciones compradas con apalancamiento. Y yo me sigo preguntando lo mismo ¿Para qué? Y una vez llegado a este punto, ¿Qué armas les quedan cuando estalle la siguiente burbuja y cuáles serán sus consecuencias?

Como decía Albert Camús, “El éxito es fácil de obtener. Lo difícil es merecerlo”.

Buena semana (o no)

Julio López Díaz, 18 de junio de 2015

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