Viena

Durante la ocupación de Viena por parte de las tropas soviéticas en la IIGM, muchos soldados descubrieron lo que era el inodoro. Muchos de ellos pensaron en un principio que era una especie de nevera. Tal confusión llevó a que introdujeran sus alimentos dentro del aparato para que se mantuvieran frescos en contacto con el agua. Pero lo peor fue que algunos de ellos, al tirar de la cadena, contemplaron atónitos cómo sus alimentos se iban por el desagüe. Ante esta situación, pensaron que los dueños de los inmuebles habían saboteado el funcionamiento de aquella particular nevera. Por desgracia, algunos ciudadanos vieneses tuvieron que soportar un feroz interrogatorio hasta que pudieron convencer a sus huéspedes de que la función del retrete no era precisamente la de mantener frescos los alimentos, sino otra muy diferente, que ellos mismos se encargaron de explicar de forma mímica.

Algo así les ha pasado a algunos amigos con sus inversiones este verano. Pensaban que tenían sus ahorros puestos a enfriar en la nevera bursátil, y cuando han vuelto, han visto con desesperación como sólo les quedaba el glu, glu final del desagüe.

Comentábamos hace dos semanas la posibilidad de que hubiera un rebote en los mercados de bolsa, y nos agarrábamos a dos razones. Una, que la gente con la que hablabas empezaba a estar extraordinariamente negativa, y segundo porque después de una caída virulenta en mes y medio, además empezaban a verse indicadores al alza de posiciones cortas por parte de muchos hedge funds. Una vez más, el sentimiento contrario ha funcionado en bolsa. La pregunta es ¿Irá mucho más allá? Mi escenario central es que no. Lo que ha habido es un revolcón a los cortos como no veíamos en los últimos 4 años. No hay nada más que ver como los sectores que más han subido son aquellos que estaban más castigados. Valores que nadie quería hace 10 días, se los llevan a manos llenas un 25% más arriba de sus mínimos. Nada nuevo bajo el sol. Este escenario que manejo como mero rebote debería funcionar mientras no rompamos hacia arriba el 3.300 del Eurostoxx o el 2.040 del S&P 500. Mientras tanto, yo creo que hasta finales de año vamos a estar sin rumbo fijo, pero con una volatilidad más baja.

Los problemas y los planteamientos de la masa no cambian. Para subir siempre contamos con una nueva inyección monetaria y la nula rentabilidad de las inversiones en renta fija. Para ponerse bajista, se habla de un aterrizaje brusco de China o las altas valoraciones de las empresas. Los cuatro argumentos son siempre válidos y lo único que cambia es el peso psicológico que se le dé en cada momento, el resto depende de por dónde los cabestros guíen a los toros. La racionalidad y la certidumbre nunca existen en los mercados, aunque como a Godot, siempre esperamos que aparezca. Incidiendo en esto, he leído un informe esta semana escrito por Nick Colas, jefe de estrategia de Convergex, realmente interesante. Si usted, como inversor racional, hubiera invertido en los últimos 15 años en las 100 empresas del S&P 500 con mayores márgenes de beneficios, y hubiera vendido las 100 empresas del mismo índice, con los menores márgenes de beneficios, usted hubiera… perdido la mitad de su patrimonio. Parece ser que los inversores tienen una especial querencia por las empresas en pérdidas…

Pero volvamos a intentar hacer una lectura hacia adelante. La verdad es que los mercados tienen un campo de bombas por delante. De momento, se siguen agarrando a la implementación de unas políticas monetarias por parte de los Bancos Centrales, que a siete años de su puesta en funcionamiento, no han conseguido ni de lejos sus objetivos de economía real, y sí una subida abrupta de los activos financieros, creando un nivel de desigualdad en la riqueza de la gente no vista en el último siglo, pero parece que la solución es que no hemos dado suficientemente fuerte el cabezazo en la puerta. Como decía Einstein, si queremos tener resultados distintos tendremos que cambiar la forma en que hacemos las cosas. Llevamos diciendo dos años, quizá de forma hiperbólica, que los Bancos Centrales no podrían subir nunca los tipos de interés, pero cada vez estamos más cerca de esa máxima. La FED, recientemente, reveló que su mandato abarcaba lo que pasara en China, cómo esté el VIX, la emisión de CO2, la solución de los atascos en Madrid, y de cualquier otra cosa que repercuta en los mercados. Mercados que precisamente se mueven en función de lo que piense-haga la FED. El concepto de reflexivilidad de Soros. Nos preocupamos de los efectos de algo que somos nosotros los que lo provocamos. Lo realmente honesto sería reconocer que la política monetaria no da más de sí (aparte de beneficiar a los capullos financieros que trabajamos en esto) y que los graves problemas de la economía mundial (baja productividad, demografía, desigualdad, desempleo) sólo se pueden afrontar desde las políticas fiscales y las reformas estructurales.

Los resultados de las empresas, mientras tanto, siguen revisándose a la baja , y por la parte del numerador no parece que los brujos de la tribu estén por la labor de vender una nueva expansión de múltiplos, por lo que por este lado parece complicado un gran apoyo para que los mercados suban. Los tipos, cuando se aproximan a cero, reflejan valoraciones que pueden acercarse a infinito. Lo que siguen omitiendo los ventas y los periódicos, es que precisamente esos tipos bajos, lo que reflejan es menores ingresos en el futuro. Lo único que sigue apoyando son las recompras de las empresas. El pero es que la gente está empezando a mosquearse (nunca es tarde si la dicha es buena) porque siempre se anuncian el mismo día que sus directivos anuncian nubes sobre sus empresas. Esta semana hemos tenido dos casos con Johnson&Johnson y con Wal-Mart, y la recepción del mercado ya no ha sido tan “positiva”. Hasta junio, la recompra de acciones ascendió hasta los 555.000 millones de dólares, una cifra superior a la generación de cash flow libre, cosa que pasa por primera vez desde el año 2009. De hecho, sin alterar el gesto, J&J ha dicho que su recompra de 10.000 millones de dólares en acciones se va a financiar íntegramente contra deuda. Una nueva señal para la FED de que no debe subir tipos, comenzando otra vez el bucle. Un nuevo viaje a ninguna parte. Como dice mi socio Dani, necesitamos que llegue el fuego purificador del cielo y empecemos de cero.

Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay.

Feliz semana

Julio López Díaz, 15 de octubre de 2015

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