Delorian

Hoy, 21 de Octubre de 2015, es la fecha en la que Marty McFly llegaba al futuro en Regreso al Futuro II. La verdad, es que poco a poco vamos tachando del calendario fechas míticas y lejanas que marcaron muchos de los instantes de nuestra infancia-adolescencia. Primero, cruzamos el 1984 de Orwell, luego Espacio 1999 y el 2001 de Odisea del Espacio para llegar al día de hoy, y la sensación que nos queda es que, a pesar de los avances tecnológicos, nos hemos quedado bastante alejados de lo adelantado en estos libros o series de televisión futuristas. En lo que si acertó, curiosamente, es en alguna de las predicciones sobre resultados deportivos que contenía el almanaque de Gray’s Sport que el malvado Biff Tannen lleva de regreso al pasado, para entregársela a sí mismo cuando era joven, y poder hacer apuestas en eventos deportivos. Hay dos apuestas sobre beisbol. La primera ya cumplida, que un equipo de beisbol de Miami ganaría las Series Mundiales (en el momento de la película no había ni equipo de beisbol de la ciudad en la Liga). Y la segunda, que los Cubs de Chicago ganarían la liga de 2015 (en este momento están en la final de su confederación). Pero hay otros gags que llaman la atención, por ejemplo, la película que proyectan en el cine del futuro es Tiburón 19. Y una cosa que no aparece, por encubrimiento de los guionistas, es la portada de un periódico económico hablando del QE4. O a lo mejor se lo reservan para un hipotético QE60 para la cuarta entrada de la película.

Esto último es lo único que vuelve a mover a los mercados. Cada nuevo dato horripilante sobre la economía o sobre la salud de las compañías, viene con la música de fondo de nuevos estímulos económicos, y esto sigue siendo el único motor de las bolsas. Y estas bolsas, cada vez se alejan más de la realidad, creando un mundo propio y paralelo. Entre los cántabros (aunque también he visto referencias situándolo entre los corsos, e incluso Marco Polo lo comenta de algún pueblo en su viaje) se observaba la curiosa ceremonia de la covada: el presunto padre guardaba cama y fingía padecer los dolores del parto mientras que la genuina parturienta seguía labrando el campo, o se afanaba en las labores domésticas y así daba a luz. Algo parecido es lo que estamos viendo, quien sigue labrando el campo es la economía real, los emprendedores que intentan sacar adelante una nueva empresa, los jóvenes que salen de la universidad en búsqueda de su primer empleo y les ofrecen contratos de becario de 350 euros, o los que pierden su trabajo con cincuenta años y se les considera incolocables. Mientras, tenemos a los mercados financieros gritando de dolor en el lecho porque Mamá Yellen no nos manda un nuevo maná. Y la Mamá, ya sabemos, sólo hace caso al llorón desconsolado. Y le volverá a aplicar aceite de ricino o sanguijuelas. Quien sólo tiene un martillo sólo ve clavos por todas partes. Nos siguen dando un placebo, pero momentáneamente nos sentimos mejor. Pero hay dos realidades que saltarán delante del parabrisas del coche y nos lo dejarán hecho un asquito: el moscardón gordo del sobreendeudamiento mundial y la incapacidad de los Bancos Centrales para iniciar políticas que nos lleven al crecimiento en esta situación. Los ratios de deuda siguen creciendo. En Estados Unidos (el país de mayor crecimiento, bla, bla, bla) el ratio de deuda pública+privada está ya en el 370% del PIB. Esto es un lastre permanente para el crecimiento, una vez que supera ratios del 250%-275% (fuente Hoisington). La deuda agregada mundial ha crecido en 57 billones de dólares europeos desde 2007, y en países como China, por cada punto de crecimiento de PIB, se tienen que endeudar cinco veces. Todas las políticas monetarias emprendidas por los profesores de la FED desde que comenzó la crisis, han despreciado la Ley de Harvard, seguidor de Murphy. “En condiciones rigurosamente controladas de presión, temperatura, volumen, humedad y otras variables, el organismo actúa como le sale de las narices” y sin embargo, se han decantado por la Primera Ley de Schrank “Si no funciona, amplíelo” que tenía como corolario “Cuanto mayor sea el tamaño, menos se notará que no funciona” o la conocida Ley de Maier, “Si los hechos no se ajustan a la teoría, tendrá que deshacerse de ellos”.

La realidad nos está diciendo que la relación entre deuda y crecimiento económico, que tan bien parecía haber funcionado desde los tiempos de Ronaldo Reagan y Margarita Thatcher, es no lineal e incluso negativa cuando el stock de deuda sobrepasa los niveles que hemos comentado con anterioridad. El caso es que Estados Unidos ha crecido de media la mitad desde la salida de la crisis, de lo que lo hizo en todos los períodos expansivos desde 1790. Ni los tipos de interés al cero, ni el crecimiento de la cantidad de dinero, han ayudado a la economía. No funciona la variable sobre la que no pueden actuar, la velocidad del dinero, que depende de la acción de los bancos privados, que son los que tienen que ponerlo a trabajar. De momento, siguen poniendo la mayor parte del dinero creado en las propias cuentas de la FED al final de cada día, por las que son remuneradas con un estupendo 0.25%, que no parece que puedan obtener en otros activos (por lo menos ponderados por su riesgo). La caída de la velocidad del dinero a mínimos de sesenta años es consistente con una mala colocación del capital en proyectos improductivos y con que muchos de los activos bancarios se dedican a refinanciaciones de empresas sin viabilidad (empresas zombis japonesas). De hecho, el mantenimiento del gota-a-gota a muchos proyectos ha repercutido en un exceso de capacidad productiva, que se traduce en una deflación a nivel mundial. Los Bancos Centrales son los que provocan lo que ellos mismos quieren evitar asustados. El mercado ha empezado a ver que aquí se le daba dinero a cualquiera que lo solicitaba, independientemente de su viabilidad, por la búsqueda de un plus de rentabilidad que otras inversiones más seguras no tenían, y llevamos ya seis meses de ampliaciones importantes de los spreads de crédito. Los bonos de high yield americanos de peor calificación (CCC) han pasado del 8% al 14% (a lo que parece permanecer impertérrita la Bolsa). Sí, ya sé que mucha gente sigue defendiendo que lo importante es el servicio de la deuda (la capacidad de pagar simplemente los intereses) y que el stock de la misma no es tan importante, pero las compañías americanas han pagado 119.000 millones de dólares en intereses a finales del segundo trimestre, y la cobertura de estos intereses está al nivel más bajo desde que hay estadísticas. Y las políticas ya aburridamente comentadas de endeudarse más para hacer recompras de acciones o mantener el dividendo, tienen más peligro que el Capitán Garfio con un picor testicular.

Mientras, los márgenes de los beneficios de las empresas parecen haber hecho pico. Las empresas han estado siete años rebajando costes (despidiendo personal, reemplazos más baratos, subcontratando otras empresas y refinanciando deuda a niveles más bajos) y éstos parece que se encuentran ya muy limitados, con lo que los hacen depender casi exclusivamente de las ventas, algo que no hemos visto en los últimos años.

Dicho esto, los mercados harán lo que quieran. Recuerden la definición de Ambrose Bierce de Absurdo “Afirmación o creencia manifiestamente desacorde con nuestras propias opiniones”.

Buena semana.

 

Julio López Díaz, 21 de octubre de 2015

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