Reyes Magos

Le preguntaban una vez a Bernard de Fontenelle, el autor de Diálogos de los muertos y Conversaciones sobre la pluralidad de los mundos, cómo había conseguido tantos amigos. Y daba esta razón “He pensado siempre que todo es posible, y a todos les he dicho siempre que la razón está de su parte”. ¿Y si no la tenían? -le preguntaron ávidamente. “Las palabras se las lleva el viento; pero no se lleva la enemistad, ni la amistad creada gracias a las palabras”.

Pues yo conozco a alguien que con sus palabras hace todavía más amigos. Hoy vuelvo a casa con una sonrisa de oreja a oreja. He sido bueno y espero que mañana los Reyes Magos me traigan todo lo que he pedido. Desde niño, en casa, cada uno de los hermanos tenía un rey favorito al que escribir. A mi hermano le gustaba Gaspar, a mi hermana Baltasar, pero a mí el rey mago que más me gustaba era Mario. ¡Pero si ese no existe! me decían, ingenuos, ellos. Yo sonreía de forma un poco soberbia y altanera ¡Vosotros sí que no tenéis ni idea de qué va la historia, el rey más poderoso vendrá de Oriente, pero de Italia, no de la India o Egipto! Total, que esta mágica noche de reyes le he pedido casi más regalos que nunca. Le he pedido un tipo de descuento del -0.50% si es posible, o al menos del -0.40% si hay otros niños que también lo piden y no hay para todos (les he visto la carta a unos siempre-alcistas y creo que lo piden también). También le he pedido que, ya que tiene una cartera muy grande y que no parece que tenga fondo, que si se puede estirar un poco más y que si en vez de hacer compras por 60.000 millones mensuales, las puede hacer de 80.000 millones; total es cuestión de cambiar un número de tecla. Como he sido realmente bueno, bueno, le he pedido que alargue también el verano otros cuatro o cinco meses más. He visto Juego de Tronos y sé que se acerca el invierno, y digo yo que Mario con sus súper-poderes también podrá evitar eso. Luego me he acordado de aquella famosa carta que enviaban los de Gomaespuma, no sé si a Santa Claus o a los Reyes Magos, y se la he adjuntado para advertirle de todo lo que le puede caer si no me trae lo que quiero. Pero yo confío en el rey Mario,… nunca me falla… Así que voy a terminar pronto esta epístola, poner agua a los camellos y polvorones en el salón, y me voy a acostar pronto, porque dicen que no puedes ver de noche a los reyes. En fin, mañana es el gran día. La madre de todas las batallas. Dios derramará el maná sobre los sufridos inversores perdidos en el desierto de la economía real. Y si no nos funciona, construiremos un becerro de oro al que adorar (ahora que el oro está en mínimos de 6 años).

Llegan los últimos estertores de la cumbre del clima de París y lamentablemente no de los últimos debates electorales. En el primer caso, resulta cuando menos curioso la paradoja que produce la necesidad económica de consumir mucho más, para sostener el tren económico que nos hemos marcado, y por otra parte la rapidez con la que estamos devorando los recursos, que limita el futuro del planeta. Igual que los Bancos Centrales sólo se ocupan de traer consumo futuro a presente, alterando los tipos de interés, el resto de la humanidad tampoco pensamos mucho en cual va a ser el valor del planeta Tierra en diez años. Lo importante es el ahora. Hemos pasado de una economía agraria, con más del 90% de la población dedicada a la agricultura y la ganadería, a una economía industrial y ahora a una economía de consumo. Desde los años 80 del siglo pasado, experimentamos además un crecimiento exponencial de nuestro bienestar, al descubrir las posibilidades de apalancamiento que nos daba el poder dar a una maquinita y crear dinero sin tener que estar referenciado a una cosa limitada, como era el oro. Y sus beneficios han estado ahí. Hemos llegado a cotas de progreso que nuestros abuelos no podían ni imaginar. Ahora la pregunta que se me plantea es, si encontramos la piedra filosofal, o como he empezado el párrafo, simplemente hemos explotado a la naturaleza, pensando que no tendría consecuencias. Tenemos una economía que se basa en la obsolescencia programada, en el cambio de smartphone cada dos años (por Dios, que alguien vea las fotos de los vertederos de teléfonos en Ghana), en producir medias que se rompen en cada evento y sacar de la circulación las irrompibles, en un consumo desaforado, en definitiva. Explotamos más de lo que necesitamos, pero la solución es rellenar toda esa oferta creando una demanda cuando menos cuestionable. Siempre es “un problema de demanda”, la oferta es inelástica. Hay toda el agua potable que queramos, todo el aire puro que deseemos y hielo en los casquetes polares para todos los gin-tonics que queramos. ¡Qué no pare la fiesta!

El problema con el que me encuentro es que he agotado todo tipo de idealismo o de esperanza en que cambiemos el modelo. En el tema de los Bancos Centrales, estoy empezando a convencerme de que realmente no hay vuelta de hoja, que ya es demasiado tarde, que el trasatlántico va ya a plena marcha y no hay forma de bajarse de él. Desde 1994 el PIB mundial ha pasado de 28 billones de dólares a 78 billones. Un crecimiento acumulado medio del 5.3%. En el mismo periodo, la deuda total ha pasado de 40 trillones a 225 trillones, un crecimiento acumulado del 9%. Como decía alguien, la potencia más fuerte del universo es el interés compuesto. Lleven esas cifras a veinte años (no son nada, como decía el tango) y verán a las conclusiones que llegan. Mientras tanto, el balance de los Bancos Centrales del mundo ha pasado de 2.1 billones a 21 billones (se ha multiplicado por 10). ¿Hasta dónde puede llegar esto? Pues yo no tengo la respuesta, y me temo que desgraciadamente nadie la tiene. Pero habrá un momento en que el sistema explotará. Todo lo que estamos viendo es territorio inexplorado, es un viaje a Marte como el que vemos ahora en los cines. Pensábamos que el Finisterre del mundo eran los tipos a cero, pero estos han sido ya superados. Es una forma de incautación suave e indolora. Los Estados seguramente intentarán mitigar la deuda. Ha habido históricamente tres formas de hacerlo. La primera creciendo las economías (el factor demográfico es un viento de cara muy poderoso), la segunda con la inflación (deudas fijas e ingresos fiscales crecientes) y ahí tenemos el huracán de la tecnología deflacionaria, y la tercera es con el impago. Acumulen deuda de los Estados en sus carteras, acumulen… Una de las definiciones de Estado viene acompañada del monopolio de la violencia. Viendo la facilidad para cambiar leyes o las disputas que estamos viendo sobre unos derechos que están sobre otros, no augura nada bueno. Todo es patada para adelante. Lejos de solucionar los riesgos concentrados en algunas entidades financieras, las hemos hecho más grandes; la solución para que no quiebre una empresa es darle cada vez más préstamos. Todo el sistema se basa en que no haya ningún niño que diga que el rey está desnudo, o que los poseedores de las deudas no quieran cobrar el principal, en lugar de cobrar sólo los intereses.

Perdonen por insistir en los mismos temas, pero hasta mis debilidades son más fuertes que yo.

Buena semana y felices reyes

Julio López Díaz, 03 de diciembre de 2015

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