Zhukov

Uno de los motivos principales de la derrota alemana ante la Unión Soviética fue el llamado “General Invierno”, el frío terrible que azota la estepa durante los meses invernales. La ofensiva germana lanzada el 22 de Junio de 1941 no tuvo en cuenta este factor, lo que dejó claro una grave falta de previsión en cuanto a la provisión de material adecuado para resistir las bajas temperaturas. El general soviético Zhukov fue testigo de uno de esos fatales errores cuando observaba a los prisioneros alemanes que habían caído en su poder. Zhukov comprobó, sorprendido, cómo las botas que llevaban los soldados alemanes eran del número correcto. Esto, que nos puede parecer más lógico, en realidad era un error imperdonable en ese teatro bélico. Los militares rusos, desde hacía siglos, utilizaban botas de un número superior al que les correspondía. De este modo, podían rellenarlas de paja para evitar que los pies se les congelasen.

La misma sensación parece haber tenido el mercado en estos primeros días. Después de varios años de subidas generalizadas, parece que el hueco que dejaban las valoraciones de las acciones estaba muy justo, y cuando asoma un poco de frío, nos encontramos que los activos han empezado el deshielo. Empezamos un año que promete ser excitante ya desde sus primeros días, tanto desde el punto de vista político como económico. El tema político parece estar monopolizado por las diatribas españolas, pero no debemos olvidarnos que en noviembre tendremos elecciones en Estados Unidos. Por ponernos la venda antes de la herida, recordemos que los dos últimos años en que se puso fin a un mandato de un presidente americano de dos legislaturas fueron el año 2000 y el año 2008. Años en que el color bermellón fue el que se puso fascinantemente de moda en las Bolsas. A falta de ver quién gana la Superbowl este final de mes, no tenemos muchos más datos a los que agarrarnos para situarnos en los mercados.

El comienzo ya saben cómo ha sido de cacareado en los medios de comunicación, hemos tenido la peor primera semana de año en muchas bolsas mundiales en términos históricos, o desde 1928 en el caso americano (la debacle fue un año después). La principal causa, dicen las crónicas que hay que encontrarla en el Lejano Oriente. Y es cierto que han tenido que cerrar un par de veces por exceso de gente que “quería realizar” beneficios, pero los números nos indican que los índices chinos están un 20% por encima de los mínimos que hicieron en agosto pasado, mientras que otras Bolsas, como el caso español, han roto esos niveles estivales. Lo que parece ser, es que ese gran movimiento de distribución que vimos el año pasado parece haber concluido y podemos presenciar más caídas. La dinámica clave que tenemos que dilucidar, es si los movimientos de rebote que vamos a ver son, a diferencia de los años anteriores, una oportunidad de venta. De momento, se han parado en los alrededores de esos mínimos de mercado la mayoría de los índices, sin llegar a romperlos. Dado el extremo pesimismo, seguramente no los rompan en estos primeros compases. Otra cosa es qué puede pasar a lo largo del año. Y ahí, el efecto anclaje de nuestras propias convicciones juega un importante papel. Los alcistas se anclarán en los máximos del año pasado, y pensarán que ya hemos caído más de un 20% desde esos niveles y que ya parece suficiente. Los bajistas pueden decir que la bolsa americana ha subido un 200% desde los mínimos del año 2009 y que una corrección de otro veinte por ciento nos llevaría simplemente a los máximos del año 2007. Que tampoco está mal. Todos somos seleccionadores nacionales de fútbol y tenemos un color preferido distinto. Lo que sí creemos, es que un año más, y llevamos cinco, es muy complicado jugar con un plan estratégico, y todo lo dejamos a la táctica y los movimientos a corto plazo. Márgenes hay a ambos lados.

Volviendo a China, las opiniones se dividen entre los que hablan de aterrizaje duro de la economía y los que piensan que es simplemente una purga de los excesos bursátiles de los taxistas y limpiabotas chinos. A mí, la verdad, siempre me ha parecido que tener una opinión de China desde España es empresa ardua y atrevida. No tengo ni puñetera idea de si van a dar el cambio a la economía de consumo, si el Estado sostendrá las cotizaciones bursátiles o si se van a dar una galleta de las históricas. Pero hay cosas que sí me llaman la atención. Ver en Internet el otro día, por ejemplo, como se barrenaba un edificio entero recién terminado por falta de ocupación (que ni tiene ni se la espera, al parecer). Un ejemplo de las inversiones improductivas realizadas en el país de forma salvaje e incontrolada en los últimos cinco años. Imaginando que alguien habrá pagado por ese activo ahora derruido y que habrá algún banco estatal chino que lo habrá financiado (veo por encima un informe sobre el sistema bancario chino), y los pelos se me empiezan a erizar como un adolescente en una playa nudista. Los activos bancarios representan 35 billones de dólares (europeos), cuando el PIB chino es de 10 billones de dólares. Si lo comparamos con los números de antes de la crisis, vemos que los activos bancarios eran de casi 8 billones de dólares. ¡Se han multiplicado por casi cinco en 8 años! Si vemos lo que ha pasado en España, por ejemplo, y la morosidad bancaria (témome que los departamentos de riesgo de los bancos chinos han sido más laxos que los patrios) se va simplemente a un 10%, estamos hablando de un agujero de 3,5 billones de dólares, “solamente tres veces el PIB español”. Podemos pasar de ver “Sonrisas y Lagrimas” a ver “Viernes 13” sin solución de continuidad. Y no sé si hay kétchup suficiente en el mundo para ambientarlo.

¿Y qué harán los Bancos Centrales ante todo este maremoto? Pues creo que cada vez menos. Incluso empieza a haber gente que les culpa precisamente de la deflación que pretenden combatir. El argumento es sencillo. Al tener los tipos tan bajos, el espejismo de los resultados ilimitados hace invertir en sectores sin demanda. Al haber exceso de oferta, la reacción de los productores es bajar los precios y desencadenan la vorágine deflacionista. Lo dicho, la solución, quemar fábricas, volar edificios, etc… Según escribo estas líneas veo en las alarmas de Bloomberg que el Bloomberg Commodities Index acaba de alcanzar su mínimo desde 1991. Veo mínimos en el trigo, en el maíz, en el café y por supuesto en el petróleo y otros minerales. Vemos que China está devaluando su moneda para ganar competitividad y obliga al resto de los países de la zona a jugar a lo mismo. Siempre se piensa que el jardín del vecino está más verde que el nuestro y que no le importará que le cojamos unos cuantos geranios.

No les aburro mucho más para la primera misiva de la quinta temporada. Recuerden a Calderón de la Barca: “El caer no ha de quitar la gloria de haber subido”.

Buena semana,

Julio López Díaz, 13 de enero de 2016

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