La reina de Inglaterra

La última reina de Inglaterra de la dinastía Estuardo fue Ana. A la mala suerte de esa reina debe la Corona la actual familia reinante en Gran Bretaña, que accedió a la línea de sucesión por un extraño capricho genésico. A pesar de haber parido diecinueve veces, el destino negó un heredero a la más fecunda de las reinas británicas. La reina Ana llegó al trono en 1702 y quedó embarazada cada año de su vida desde su matrimonio en 1683 hasta 1700. Sufrió catorce abortos o alumbramientos de niños muertos y trajo vivos al mundo cinco niños. Sólo uno sobrevivió a la primera infancia, un varón que murió a los once años.

Los mismos experimentos fallidos de recuperación los tenemos todos los eneros de cada año. Los ritmos de la recuperación económica  no paran de defraudar y revisarse constantemente a la baja. Incluso este año el Banco Mundial ha acelerado dicha bajada de previsiones y nos la ha dado a principio de año y no a mitad del mismo. Hoy tenemos la primera reunión del año de la Reserva Federal americana, y aunque la reunión sea rajoyana, sin comparecencia ni preguntas posteriores, nos puede servir de pista de qué están viendo en la FED. Durante el fin de semana, leí una entrevista al director de Recursos Humanos de Google que me dejó pensando. Decía que a la hora de elegir nuevo personal, ya no valoraban para nada el expediente académico de los candidatos y que el porcentaje de empleados sin título universitario no dejaba de crecer. Hablaba de una distancia insalvable entre las universidades y el mundo laboral real. Que los alumnos que eran brillantes, lo eran porque contestaban lo que el profesor quería que contestaran, sin más, y que ellos necesitaban otra cosa: valorar ideas para las que no hay una respuesta en los libros, y que lo que necesitaban era gente que pensara de otra forma y se enfrentara a problemas día a día, a nuevas situaciones para las que el GPS no vale. Aparte de corroborar mi opinión de que la mayor burbuja existente ahora mismo es la del sistema educativo y no tanto los mercados financieros, me hizo pensar en los profesores de universidad que están al mando de los Bancos Centrales, y hasta qué punto se han quedado fuera de la realidad. En el tema educativo, cualquiera que haga un VAN de los flujos de caja de la inversión, que por favor, no se encuentre cerca de la ventana de un edificio alto. Ahí la deflación no existe, y sin embargo el descuento de flujos futuro no para de decrecer. No sólo sube el valor “inicial” de la inversión, sino que los flujos positivos futuros van en dirección contraria. No sólo hay una burbuja impagable en los créditos a estudiantes, sino que los flujos basados en salarios futuros tiene pinta de que van a mantenerse fijos durante mucho tiempo. Pero bueno, eso quizá requiera de una epístola monotemática.

A lo que íbamos. En diciembre, los todopoderosos portavoces de la FED hablaban (en media) de que asistiríamos seguramente a cuatro subidas de tipos a lo largo de este año. En apenas veinte días, el mercado está dejando estas subidas en dos, en el mejor de los casos. Ya saben que nosotros el único activo que veíamos bien valorado era el diez años americano y que siempre que se acercara a la zona 2,20-2,4% era una oportunidad de compra. Incluso abusando de la hipérbole, defendíamos que “no podrían nunca subir tipos”, y que en ningún caso llegaríamos a estar por encima del 2% cuando los “estudios de series históricas” situaban los tipos de intervención en la zona 3.5%-4%. La gente, en general, pronostica que donde decía digo, digo Rodrigo y que la FED en algún momento reculará y volverá a bajar, más pronto que tarde, los tipos de interés. Y en esa decisión lleva escondido el virus de la epidemia. Es comúnmente aceptado, que los Bancos Centrales tienen herramientas de mirar al futuro mucho más adelantadas que las que tenemos el común de los mortales. Tradicionalmente, “iba por delante de los mercados”. Hace año y medio tuvo la oportunidad más clara para empezar las subidas de tipos, pero se acojonó ante la reacción negativa del mercado. Con el fin de mantener cierta credibilidad, llevaba avisando mucho tiempo de que en algún momento subiría, pero tanto lo retrasó, que ha hecho la primera subida en un momento con unas circunstancias en las que no lo había hecho nunca, con los índices de actividad por debajo de cincuenta (por debajo de esa cifra indican que no se crece), y con el ciclo de crecimiento de márgenes empresariales ya de vuelta. El famoso corner del que llevamos avisando tres añitos y que tanto ha tardado en materializarse. Ayer oía unas declaraciones de uno de los gestores estrella del mercado, Jeffrey Gundlach que decía que “el mercado humillará a Yellen”. Los dioses se vuelven humanos, pero lo hacen en un momento en  que el mercado estaba cruzando las aguas abiertas del Mar Rojo, y la pregunta que se hace es  ¿soy judío o soy egipcio?, y esas cortinas de agua altas y que no mojaban, representan las montañas de deuda que no han parado de crecer en estos últimos seis años. Y resulta que el piloto del barco no es el capitán Jack Aubrey de los libros de Patrick O´Brien, sino un primo-hermano de Stevie Wonder.

“Los modelos decían que crearíamos inflación, no sé que ha fallado en el Excel” argumentarán. El caso es que parece que el mundo ha evolucionado mucho (demografía, globalización, tecnología) y todavía no están integrados estos factores en las fórmulas. La única inflación que hemos visto ha sido en activos, pero donde no la vemos es en los salarios, que es la clave para subir la demanda, aún a costa de los márgenes empresariales. Y como a los países, lo único que se les ocurre es depreciar su moneda, el camino de la deflación no parece que haya llegado a su meta. Europa ha gozado del mejor escenario posible en el último año (precio del petróleo en mínimos y depreciación del euro) y apenas ha conseguido crecer un 1% del PIB. Si China persiste en la depreciación de su moneda, y el parón americano se acerca…

Las reservas de divisas chinas cayeron el año pasado de cuatro billones de dólares a 3,3 billones de dólares. La balanza por cuenta corriente tiene un superávit de 300.000 millones de dólares, lo que significa una salida, vía balanza de capitales, de 1 billón de euros. Para impedir estas masivas salidas, las fórmulas tradicionales son subir tipos, establecer controles de capitales o más devaluaciones. ¿Hay alguna que haga subir los mercados? Normalmente los problemas de las balanzas de pago suelen acabar en crisis.

En fin, me ha salido un poco pesimista la carta, pero ya saben que la sinceridad la inventó uno que quería amargarle la vida al prójimo.

Buena semana

Julio López Díaz, 27 de enero de 2016

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