Cicerón

Cicerón contaba en una ocasión: “En toda la historia de Roma hemos tenido sólo un cónsul tan preocupado por el bien público, que nunca durmió durante el  tiempo de su consulado”.  Ante las preguntas de la concurrencia sobre dicho personaje, Cicerón respondió: Canino Resicio, que había sido nombrado cónsul una mañana y destituido de su cargo esa misma tarde.

Si Cicerón levantara la cabeza y se paseara por la Carrera de San Jerónimo…

Una de las cosas que más nos sorprenden a los que estamos delante de las pantallas desde que canta el gallo, es por qué el mercado unas veces se centra de forma obsesiva con un tema que ha obviado durante un largo tiempo. Y luego hay semanas que parece que no hay huecos suficientes en las cabeceras de los periódicos para poder centrar todos los temas. Este comienzo de semana ha sido uno de esos casos. Parece que todos los rabiosos vientos del mundo se hayan puesto a soplar en la misma dirección. Y han logrado sorprender hasta a un “ultra optimista” como el menda. Después de caídas abruptas durante el primer mes del año, yo pensaba que podríamos tener algo de tregua durante los dos próximos meses antes de empezar una nueva pata bajista, pero aquí no hay tregua. Ya ni respetamos el Año Nuevo Chino ni el Carnaval Carioca. Con estos mercados cerrados, pensaba que había sonado el Gong de fin de asalto, y que el mercado podría encaminarse al taburete de la esquina a que el preparador le diera aire con la toalla y pusiera mercromina en los castigados pómulos, mientras descansaba ligeramente antes de volverse a dar guantazos. Pero ni por esas. El mercado es Poli Diaz ante Whitaker. El petróleo sigue con una volatilidad brutal, pero no ha marcado el paso del mercado, y eso que durante dos semanas hemos repetido la historia que ya tuvimos con Grecia en el mes de julio. ¡Que hay reunión de la OPEP! Todo el ganado Castellana arriba. ¡Que el ministro venezolano ha perdido la Guagua y no acude a la reunión! El ganado tuerce en Nuevos Ministerios y otra vez para Cibeles. Agotador.

Esta semana la alegría ha venido por parte de los bancos, principalmente de los cercanos al Tirreno y uno que tiene los activos en la Selva Negra. Y no deja de ser sorprendente. Si miran nuestras cartas del año pasado, ya comentábamos que la bolsa que mejor se estaba comportando era la italiana, con un rally espectacular de los bancos. Mostrábamos nuestro estupor por que las cifras de morosidad que se publicaban no dejaban de crecer mes tras mes, pero cualquier corto que poníamos era recompensado con dos buenas cornadas con perforación del sacro. Sorprendentemente, este enero todo el mercado empieza a preocuparse y llevan los precios al inframundo con caídas de algunas acciones bancarias de más del 50% en veinte sesiones. Así es la bolsa. Más que estudios de economía se necesita un MBA en Ruta del Bacalao y testeo de tripis para operar en él. No tiene medida. Para ir a Lerma llega a Roncesvalles y de vuelta visita Sierra Morena. El decir que esto es un casino es insultante para los casinos. En estos por lo menos, las reglas del Black Jack están claras.

No obstante, la principal pieza de la cacería está siendo Deutsche Bank. Su incapacidad año tras año para alcanzar escasas cifras de rentabilidad, viene acompañada por unas cifras de balance preocupantes. Una cifra que en principio puede sonar escandalosa, pero que luego habría que aminorar (aunque la verdad no sé en cuanto), es el volumen de su cartera de derivados. Estamos hablando de una cartera de 60 billones de euros en derivados. ¿Qué cuanto es eso? Pues para poner cifras, equivale a más de 15 veces el PIB de Alemania o 5 veces el del total de Europa. Obviamente muchos de estos contratos estarán neteados y su riesgo direccional no será tan alto, pero miedo da un rato. Yo puedo tener una posición, por ejemplo, contra BBVA que he cerrado en tiempo y tamaño con otra contrapartida y me ha dado un beneficio. Perfecto puede ser un volumen ficticio. Pero claro, qué pasa si esa contrapartida era por ejemplo un banco griego, Lehman Brothers. Si no me paga, yo si tengo que responder ante BBVA, y ahí es donde empiezan los problemas, porque las consecuencias de cada movimiento o derivadas segundas son muy difíciles de concretar y poner una cifra es sumamente complicado. Y más si es un banco sistémico. ¿Se acuerdan que una de las cosas claras que sacamos de la crisis del 2008 es que íbamos a evitar el “too big to fail”?

Para que se hagan una idea de hasta dónde ha llegado el movimiento del sector bancario, sólo hay que decir que nos hemos quedado en Europa a apenas un 4% de los mínimos que hicimos en el año 2009 tras el crash. No sé si la letra de la canción actual es muy diferente a la de entonces, pero la música es similar.

El mercado vuelve a mirar con gesto esperanzado a que por las pantallas de noticias salga de nuevo algún mensaje esperanzador y curativo de los Bancos Centrales, pero la confianza cada vez es menor. Sus políticas no han funcionado. La carrera emprendida ahora por ver quién pone los tipos de interés más negativos me recuerda a la escena aquella de Senderos de Gloria en la que los soldados franceses salían gritando de sus trincheras antes de encontrarse de golpe con las alambradas de pincho y las ametralladoras alemanas. Esa obsesión por cambiar ahorro por consumo de forma leninista está consiguiendo los efectos contrarios. Baja la confianza en el futuro y hace que la gente ahorre más (últimas cifras americanas marcan nuevos altos en años) para afrontar momentos delicados en el futuro. Veremos qué pasa si se extienden los tipos negativos a los clientes minoristas, pero una consecuencia lógica es que la gente prefiera mantener su dinero en billetes y no en cuentas bancarias, bajemos el dinero con el que cuentan los bancos y en definitiva un nuevo frenazo al crédito. Claro que lo siguiente que se les ocurrirá a estos dirigentes totalitarios será prohibir las monedas y los pagos en cash y que todo pase a través de tarjeta. (Me susurra Dani que eso no lo ve, porque se acabarían los maletines, los contratos públicos con contrapartida, los pagos en el D´Angelo, etc.)  No le falta razón. En cualquier caso, que todo esto no ayuda a los bancos es una cosa palmaria. Mucha gente pensará el tan castizo ¡Qué se jodan! Pero la consecuencia de eso sería que se dispararía el colesterol por falta de circulación de la sangre y acabemos en parada respiratoria y una línea plana en el monitor verde con un pitidito monótono. Conclusión, no sé qué narices les puede quedar a los Bancos Centrales en la chistera para sorprender a la chiquillería.

Menos mal que el caso griego nos da un ejemplo del buen hacer europeo. Llevan calladitos seis meses, pero de repente se ha empezado a agrietar el suelo, y ha saltado una columna de agua hacia el cielo asomando unos cuantos muertos que parecían olvidados. Para volver a ser didácticos con cifras. Su bolsa está un 40% por debajo de los mínimos alcanzados en plena crisis y sus tipos a largo vuelven a estar por encima del 10%. El paraíso, vamos. Nuevos recortes a las pensiones, nuevas convocatorias de huelgas, etc. Han logrado finalmente vender el puerto de El Pireo a los chinos por 368 millones de euros para poder pagar los intereses de su deuda de… quince días. No way out. Portugal tampoco se queda atrás, las encuestas ponen a caer de un burro al último gobierno, que lleva apenas dos meses en el poder, y su prima de riesgo se ha ido a los 350 puntos básicos. España a los 150 puntos básicos. ¿Dónde estarían estos diferenciales si no estuviera el BCE comprando sin parar? ¿Va a poder dejar de hacerlo en algún momento en los próximos trescientos cincuenta años y dos meses?

Recuerden la primera ley sobre la dinámica del dinero. Un ingreso imprevisto viene acompañado de un gasto inesperado por la misma cantidad.

Buena semana, aunque si se van de vacaciones el resto del año les puede rentar.

Julio López Díaz, 11 de febrero de 2016

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