Mahler

En 1889, Mahler fue designado director de La Ópera Nacional de Budapest. La noche del estreno de Lohengrin, la concha del apuntador se incendió: Mahler siguió con la batuta en mano mientras las llamas prendían en el escenario y el humo llegaba al patio de butacas. Cuando llegaron los bomberos, el director mandó parar a la orquesta el tiempo estrictamente necesario para que apagaran el fuego y luego reanudó la interpretación donde la había dejado.

Algo parecido hemos tenido en los mercados financieros, tomándonos apenas un descanso de una semana para ver si los bomberos acababan con el incendio. Después de hablar con bastante gente estas semanas, el principal poso que me queda es que veo una sensación generalizada de despiste. Despiste tanto en su faceta económica como política, acompañado con una pátina de desamparo y pesimismo. Y cuando esto lo llevamos al universo de la inversión, nos hace seguir aplazando decisiones estratégicas y nos concentramos sólo en lo táctico. Seguimos sin prisa. Seguimos viendo nubarrones por todas partes: parón en crecimiento, China, Brexit, a los Bancos Centrales se les ha acabado la granja de conejos y lo de los tipos negativos es echar más gasolina al fuego bajista. Vamos, que como decía Mecano, “es que ni mucho ni poco, no sé de dónde agarrar”. A lo mejor el siguiente paso de las autoridades es comprar directamente acciones, y podemos tener otro rebote, pero ayuda al sector real, cero pelotero. Los mercados rebotaron hasta el lunes de esta semana y la pregunta es, si es simplemente un rebote en una tendencia bajista motivado por un cierre de cortos, o algo más importante. Parece que puede ser más de lo primero, dado el grado de pesimismo extremo del que avisamos hace dos semanas, y que los valores que más han subido han sido los que estaban más castigados. Además, curiosamente el movimiento ha venido acompañado de nuevas subidas del precio de los bonos, lo cual muy buena señal no es. Ahora mismo el 10 años alemán está al 0.15% y el 30 años al 0.80%. ¡¡¡A 30 años!!! Si usted abre un local y pone un slogan tipo “Compre un bono hoy y pierda sólo un 1% en 2 años” se forra.

Si analizamos por mercados, sin embargo, las realidades son muy diferentes. Es muy curiosa la diferencia de comportamiento entre el mercado de acciones americano y los del resto del mundo. Desde abril del año pasado, El S&P 500 de la bolsa americana lo ha hecho un 20% mejor que la bolsa europea. Sólo desde comienzos de año, el diferencial es de más de un 7%. Una cosa curiosa, cuando la mayoría de estrategas llevan predicando sobreponderar Europa en las carteras en los últimos dos años. Ayer mismo hicimos un nuevo mínimo histórico en el ratio. El índice de bancos en Europa está solamente un 10% por encima de sus mínimos del año 2009, mientras que los americanos lo están un 160% por encima. El índice general americano está un 190% por encima de esos mínimos, mientras el europeo lo está en un 62%. Un diferencial brutal para una crisis que empezó con la subprime americana… Incluso en bajada, la tentación de dar al mercado de mayor valoración por múltiplos es una fuente de pérdidas. USA está a menos de un 10% de sus máximos, Alemania lo está a un 26% y España “la de mayor crecimiento del PIB”,  lo está a un 33%.Las causas pueden ser muy diversas. Por un lado, la ausencia de empresas realmente innovadoras en los campos de tecnología o biotecnología puede ser una de ellas, la mayor tendencia a asumir riesgos del inversor americano, o el uso intensivo de las recompras de acciones por parte de las corporaciones. Causas diversas, consecuencia una. Europa es menos atractiva para invertir para los grandes flujos de capitales del mundo.

Acompañando a este panorama, hemos visto las propuestas económicas de algunos partidos para sacarnos de la crisis. El problema de la mayoría de ellas es que pecan de un enorme idealismo.  Hay un viejo dicho que dice “no hay nadie que haga más promesas, que el que sabe que no va a cumplirlas”. Hay mucha gente a quien le han hablado de recuperación económica, pero por delante de su casa no ha pasado. No les puedo negar su desilusión y sus ganas de probar cosas nuevas y no las viejas políticas. A las personas siempre nos atraen las políticas idealistas pensando que cambiarán todo, pero la vuelta a la realidad suele llevar a una mayor desazón y frustración posterior. Como dice un amigo mío, “hace el mismo daño que las películas porno a las relaciones sexuales de los mortales”.

Hay una serie de problemas hechos, que son los que son, y que independientemente del partido que nos gobierne me parecen verdaderos muros infranqueables. La verdad es que envidio a la gente que es capaz de transmitir ilusión de superación de estas barreras, cuando yo no soy capaz de ver la salida al túnel. En mi opinión, los principales problemas que afronta la sociedad actual son los de la crisis demográfica, el intentar adecuar crecimiento económico sin castigar más el medio ambiente, y el de dónde colocar a toda esa gente que dejan sin trabajo los avances tecnológicos.

Luego hay otros problemas que yo denomino de suma cero, que son derivados del diferente nivel de vida del mundo occidental respecto al mundo subdesarrollado y que tiene su propia temática. El tema de las pensiones, en realidad hay actualmente 9.200.000 jubilados, y menos de 18 millones de cotizantes. A pesar de crecer el último año por encima del 3%, se sacó del fondo de reserva de las pensiones 7.750 millones de euros. Quedan en el fondo alrededor de de 34.000 millones, cuando a finales de 2011 había más de 66.000 millones. Vamos, que en cuatro años se ha quedado en la mitad. Con otro problema añadido (otra derivada de la política de tipos de interés cero de los Bancos Centrales) y es que apenas se consigue remuneración por ese capital. Vamos, que al ritmo de los últimos cuatro años, lo dejaríamos como el Mar de Aral antes de cambiar de década. Esto trae otra consecuencia que los Rompetechos de los Bancos Centrales tampoco terminan de ver. El miedo de la gente a esto y a la confiscación de los ahorros vía tipos negativos, hace que se tenga que ahorrar más ahora y consumir menos, para no padecer el efecto cigarra con posterioridad. Es un problema que tenemos que afrontar como sociedad, independientemente de las ideas políticas que tenga cada uno, y la mejor forma de afrontarlo es reconocer que va a ir a más, y que no podemos proponer programas económicos como si fuera una cosa que el tiempo va a solucionar. Pero despolitizar no es un problema únicamente español. Han salido en el último mes estudios sobre lo “infra fondeados” que están fondos públicos en Chicago o Houston, donde no se pueden alcanzar las prestaciones prometidas. General Motors ha tenido que hacer una emisión de deuda para hacer frente a sus obligaciones con las pensiones de sus empleados. Este sistema era sostenible cuando la base de la pirámide era mucho más ancha que la punta. Eso ya no es posible. La solución no tengo ni pajolera idea de cuál es. Lo que veo es que es una obligación con la que estamos cargando a nuestros hijos, cuando en la mochila les hemos metido también unos niveles históricos de deuda a repagar y unos niveles salariales para sufragarlos de hace veinte años.

Yo, como he sido educado desde pequeñito en la austeridad económica, tengo que decir que siento cierta tirria a muchas de las políticas keynesianas que tanto se argumentan como salvadoras. Como hacía mi padre, yo voy apagando todas las luces de la casa y dejándome las manos en cerrar grifos para que no gotee el agua. Lo que todavía no he limitado es el único vaso de Casera que nos dejaba beber mi padre en las comidas y que administrábamos sabiamente pasándolo repetidamente por los dientes. Mi mujer, por el contrario, es profundamente admiradora de Keynes. Cada vez que tiene una depresión, gasta.  Lo que dicen algunos, es que la regla de aplicación a una familia, de no gastar más de lo que ingresa, no puede hacerse extensiva a la macroeconomía. Puede que tengan razón, la sociedad consumista que ha impulsado el mundo desde la II Guerra Mundial no admite que no sea así.

¡Más madera!. A no ser que este tipo de sociedad esté dando sus últimos estertores y estemos acercándonos al agotamiento del modelo… pero bueno, incidiendo en el tema keynesiano. Yo lo que más le critico es su falta total de visión a largo plazo. Keynes ya decía aquello de que “a largo plazo todos muertos”, pero su pasión por hacer hoyos para tirar de la economía, hace creer en una ilusión de que se puede gastar sin imponer un coste a la sociedad, que todo es gratis. De vez en cuando caemos en la cuenta de que no es así, y entonces viene la subida de la prima de riesgo por el alto endeudamiento, o la subida de impuestos para tapar agujeros. En defensa de Keynes hay que decir que él hablaba de tomar estas medidas durante el ciclo de negocio, y que el Estado debía gastar cuando no lo hacía el resto de los jugadores por miedo. Es decir, subir el déficit durante las recesiones, pero lograr un superávit cuando el resto de los jugadores estén en plena forma. El problema es cuando nos habituamos a estar en un solo lado del tablero. Es más fácil gastar siempre, que es lo que nos dará los votos. Otra pega que le veo, es que siempre hablaba en niveles agregados y macroeconómicos, y no hablaba para nada de la microeconomía, las relaciones entre las empresas y los trabajadores, y los efectos que esas políticas tenían en ellos. Por eso echo mucho de menos la participación de gente que haya construido sus propias empresas y sepa explicar realmente lo que supone levantar la persiana de un negocio todos los días. No me vale lo que digan los profesores de Universidad (si miran en el último gobierno, tampoco había nadie con esa experiencia, no es un tema de ideología). Y lo que no me creo bajo ningún concepto, es que cuatro licenciados reunidos alrededor de una mesa, sepan mejor que nadie dónde asignar más eficientemente los recursos escasos, que al fin y al cabo es la definición de Economía.

Puedo encontrarme más cómodo defendiendo teorías más liberales. Pero a estas teorías les pongo un pero, y es que desgraciadamente no todo el mundo parte de la misma casilla de salida. Es muy fácil hablar de libre competencia si has nacido en Serrano con Ortega y Gasset. Leí en un estudio de una universidad americana, no recuerdo ahora cuál, que la principal variable condicionante en el sueldo de una persona seguía siendo el sueldo que había tenido su padre. Para eso sí que sirve el Estado, para mitigar esta diferencia, utilizando como en las carreras de caballos, un hándicap que dé las mismas posibilidades, y eso es algo que todavía no hemos logrado.

Buena semana

Julio López Díaz, 25 de febrero de 2016

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Un comentario

  1. Genial, como siempre. Un saludo!

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