Casablanca

Durante siglos, los asedios a ciudades fuertemente fortificadas eran la línea común de las guerras y el día a día de los ejércitos. Para batir una ciudad eran varias las técnicas, tácticas y estrategias que se utilizaban, entre ellas, las minas. Las minas eran túneles que excavaban los asediadores desde sus trincheras y que tenían como objetivo, llegar de forma subterránea hasta la muralla que defendía la ciudad y hacer explotar allí una fuerte carga para hundir la defensa y así conseguir el acceso a la ciudad. Por supuesto, los defensores conocían esta forma de atacar y ellos también tenían sus defensas. Atacaban al enemigo saliendo de la fortificación, si esto era posible. En otras ocasiones, los defensores intuían el camino que estaban siguiendo los túneles de los atacantes y contraatacaban, excavando a su vez una contramina. Ésta iba al encuentro de la otra con el objetivo de inutilizarla y para ello había varias formas: combate abierto entre soldados (lo de abierto es un decir, ya que es un combate en un túnel en el que poco menos que se arrastran los soldados). Si se disponía de agua suficiente, se inundaba el túnel o se hacían hogueras con el combustible adecuado para provocar una buena cantidad de humo. En ocasiones, esto acababa con la mina y en otras, retrasaba su construcción. Pero todo esto era inviable si no se sabía con cierta exactitud el camino que estaba trazando el enemigo bajo la superficie. Para ello, se utilizaban algunas tretas, que no por simples eran menos efectivas y ocurrentes. Los defensores ponían tambores boca abajo, que vibraban con los golpes de pico de los atacantes. También se usaban recipientes con agua o se hacían charcos, que mostraban con las ondas en el agua que algo raro ocurría cerca.

En una escena de Casablanca, Humphrey Bogart se lamentaba al ver a Ingrid Bergman: “De todos los bares del mundo, ha tenido que venir precisamente a este”. Más o menos el mismo lamento que mascullo estos días “De todos los futuros del mundo, he tenido que dar al S&P”. La verdad, y humildemente, tengo que reconocer que no sé por dónde meterle mano a este mercado. Pongo los recipientes con agua y todas las artes de la defensa, pero de momento sólo logro que el enemigo se detenga, de momento, en el cero de rentabilidad en el año. A ver si somos capaces de rechazarlo. Estamos dentro de una montaña rusa emocional, de la que se pasa del mayor de los miedos a la complacencia más absoluta. Está siendo realmente difícil poder implementar una estrategia ganadora. Los mercados se están moviendo siguiendo los pasos del célebre Baile de San Vito, y a movimientos sin parar un 2% en un día al alza, le sigue un movimiento de igual brusquedad y de sentido contrario al día siguiente. Lo único que estamos haciendo es rebajar el nivel de riesgo a asumir, esperando mejores ocasiones, manteniendo nuestra premisa fundamental de preservar el capital.

Decíamos en nuestra carta previa a la comparecencia de Draghi, que veíamos un movimiento al alza limitado al 3.100 en el Eurostoxx 50 y del 2.020 en el caso del índice americano. Desde que alcanzó el índice europeo ese 3.100, la bolsa europea ha caído más de un 7% y la bolsa americana ha subido casi un 3% más. El movimiento resumen se refleja en que la bolsa americana le ha metido un 10% a la europea en menos de un mes. Casi nada. El movimiento ha sido brutal. A mí, desde luego, me tiene hablando solo. Las estimaciones de resultados de empresas americanas se han revisado a la baja en alrededor de un 10% desde el 31 de diciembre, pero el mercado se ha lanzado de forma kamikaze a comprar acciones de nuevo, incrementando la sobrevaloración que ya contemplábamos de por sí. Y lo sorprendente es que lo ha hecho con un consenso de analistas recomendando aminorar posiciones. Yo sigo pensando que hemos visto un movimiento similar (aunque bastante más fuerte) al que vimos en las mismas fechas el año pasado, con las propias empresas comprando sus acciones. La pega respecto a años anteriores, es que cada vez lo hacen más recurriendo a deuda en lugar de hacerlo contra los beneficios generados por su propia actividad.

Si nos fijamos en índices, el lunes siguiente a la última bajada de tipos, el índice de bancos europeo llegó a marcar un precio de 117. Hoy está nuevamente un 20% por debajo de esos niveles. No parece que la última performance del titiritero Draghi haya servido de mucho para contentar a los mercados. Draghi es el camarero de una cafetería, que cuando la clientela se queja por la mala calidad de la comida, responde aumentando la ración de las mismas croquetas grasientas incomibles. Te has dejado cuatro en el plato, ¡pues toma ocho más! Y eso que ya está tomando atribuciones que no le competen ante el silencio cómplice del resto de autoridades. Recordemos que la única delegación real que tiene es la de control de los precios, pero aparte de financiar de forma dudosamente legal a los Estados, ahora se permite también introducir medidas pseudo fiscales, como puede ser la de dar dinero a los bancos para que éstos realicen nuevos préstamos. Esta medida no se diferencia mucho de la ayuda que daba Hacienda a las personas para la compra de vivienda. Y además se debe estar volviendo loco por haber apreciado el euro casi un 5%. Lo que lamentablemente no descarto es que siga insistiendo con nuevas medidas de este tipo. No descartemos que a las compras de bonos de corporaciones se añada comprar también acciones. Cualquier cosa antes que dar el brazo a torcer o reconocer el error. El viejo dogma católico de la inviolabilidad del Papa, se le atribuye ahora al nuevo Pontífice Máximo de Francfort. La Reserva Federal Americana también está extendiendo su manto más allá de la inflación y el empleo, y ahora habla de la situación económica internacional o del tipo de cambio, ámbitos del Secretario del Tesoro Americano. Lo siguiente es hacer la convocatoria de la selección española de fútbol para la Eurocopa. De todas formas, hay opiniones para todos los gustos. Mi mayor crítico, mi amigo Álvaro, aboga por decisiones más drásticas, tipo abrir la mano totalmente a que los gobiernos puedan gastar u otras soluciones con aeronaves, y que los únicos que realmente están viendo el problema de la deflación son precisamente mi amada Yellen y el ínclito Draghi. Espero que tengamos la respuesta antes de que nos alcance la de la guadaña. Lo único que tengo claro es que seguimos avanzando por territorio ignoto, y que las consecuencias  de todas estas políticas no tienen sólo un lado benéfico.

Con lo cual,  los ingredientes que tenemos en la coctelera son de lo más variopinto, y estamos viendo comportamientos realmente curiosos. La tasa de ahorro, por ejemplo, que teóricamente debería bajar con los tipos a cero o negativos, no para de subir. La gente está dando más peso a la realidad de que van a necesitar más dinero en un futuro, bien para el retiro, bien por motivo precaución ante la inseguridad laboral, que dedicar ese dinero a consumir, poniendo más trabas al deseo de los Bancos Centrales. El tipo de cambio se sigue usando como instrumento político, y Yellen con sus últimas declaraciones de no tener prisa por subir tipos de interés, ha conseguido quitarles el trozo de tarta a europeos y japoneses principalmente, apoyando a países emergentes con deudas tremendas en dólares. Hablamos de reparto, no de creación de riqueza. Otra variable a tener en cuenta, y no es baladí, es que seguimos con un proceso creciente de “financialización” de la economía. La ausencia de inversiones por parte de las empresas y la impresión masiva de dinero por parte de los Bancos Centrales, hacen que realmente haya mucho dinero para activos financieros. Cuanto peor vaya el crecimiento económico, más dinero queda embolsado, y esto tiene su repercusión en la valoración de activos. Se ha conseguido inocular a la gente el virus que tener activos con tipos de interés negativo es algo normal. El ahorro es una culpa castigada con las penas del infierno. Ya nos estamos acostumbrando. Otra variable, que es una sensación y un “olor” más que algo realmente fundamentado.  Algo está pasando en Europa, de lo que nos enteraremos en unas semanas-meses, pero me temo que vamos a traer de nuevo a la primera plana de los periódicos problemas relativos a la Unión Monetaria. La actuación del FMI, “presionando” de nuevo a Grecia para motivar un evento de crédito, puede ser la punta del iceberg. Ayer los bonos portugueses a diez años volvieron a irse por encima del 3%.

Espero ahora la respuesta de mi amigo Álvaro. Bill Gates decía “Nuestra mayor fuente de conocimiento son nuestros clientes más insatisfechos”. Me lo aplico.

Buena semana,

Julio López Díaz, 06 de abril de 2016

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Un comentario

  1. Sekatsimorez · · Responder

    Hola Julio, me gustaría compartir este enlace contigo y con los lectores de tu blog:

    http://thereformedbroker.com/2016/04/04/simple-vs-complex/

    Mucho me temo que la respuesta a tus comentarios sobre la complejidad actual del proceso de extracción de retornos en el S&P500, y en general en todos los mercados financieros, no esté al alcance tuyo, ni mío, ni de nadie. La buena noticia es que quizás no nos haga falta entender las causas concretas de lo que ocurre y sin embargo, al mismo tiempo, poder beneficiarnos de ello.

    A los insaciables buscadores de causas del por qué de todo lo que les rodea, que somos todos, Nassim Taleb nos diagnostica que sufrimos del “síndrome de la falacia narrativa”. Lo que tengo más que claro a estas alturas, es que una parte de mi trabajo como gestor es controlar ese impulso innato. Y, por desgracia o por suerte, muchos otros más.

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