Alejandro Lerroux

Alejandro Lerroux, cordobés y político populista, estaba en un restaurante de Barcelona con unos camaradas. Para rematar la comilona, pidió dos botellas de Cordon Rouge, su champagne favorito. Alguien le preguntó: – Don Alejandro, si ahora entraran unos obreros de San Andrés y le reprocharan a usted estar bebiendo champagne ¿qué les diría?- Pues les diría-respondió Lerroux-estoy probando el vino que beberá el proletariado del porvenir. El día que triunfe el obrero lo primero que harán muchos es dejar de serlo.

Uno de los temas más comentados y apasionantes de los últimos tiempos, es el de la desigualdad distributiva de la renta. Los datos que leemos en los periódicos un día sí y otro también, nos muestran un acaparamiento de cada nuevo euro generado en cada vez menos manos. Las causas son diversas, pero voy a aprovechar la carta de esta semana para dar mi opinión. Se habla de las diferencias entre capital y trabajo, pero incluso en este último caso las situaciones son muy dispares. Los peor parados han sido los trabajadores con menor cualificación, que desde que comenzó el nuevo paradigma económico (conjunción de Reagan y abandono del patrón oro) han perdido alrededor de un 12% en su participación en el pastel. En cambio los trabajadores más cualificados han visto aumentar su porción en alrededor de un 8%. Esto es debido a que los avances tecnológicos demandan personal mejor formado, a la vez que la robotización ataca los puestos de trabajo más repetitivos y rutinarios y que menor formación necesitan. La remuneración del capital tampoco ha sido uniforme. El pequeño ahorrador recibe menos por sus ahorros, mientras que los grandes capitales que pueden permitirse una diversificación en más productos, en diversas geografías y con un mayor perfil de riesgo, han salido favorecidos. Según Piketty, desde 2002 el 1% más rico de la población estadounidense ha obtenido el 65% del crecimiento total del PIB. Esto no se ha alterado a pesar de la crisis financiera; por el contrario, la tendencia se ha “radicalizado”. Lo curioso, es que si tuviéramos que repartir este incremento de desigualdad, la parte mollar se la llevan las rentas de trabajo mejor remuneradas, por encima de las rentas de capital.

La pregunta básica que nos tenemos que hacer es si esto es una tendencia estructural o no y qué derivada política tiene esto en el sistema occidental. Nuestro sistema, que ha funcionado más bien que mal en los últimos doscientos años, se puede poner en cuestión, así como derechos que parecían sólidamente asentados, como por ejemplo, el derecho de propiedad privada.

Pero bueno, ¿cuáles son las teorías que explican esta desigualdad? Una de las razones que yo creo que ha fomentado estas diferencias es la extensión del endeudamiento. Es un invento cojonudo para mantener eso que llaman demanda agregada a un coste aparentemente bajo. No te pago más, pero puedes seguir consumiendo porque te concedo un crédito para que no seas menos que tu vecino y puedas comprarte el X5 y ya me lo devolverás… Mantengo mi nivel de vida hasta que venga el tío Paco con las rebajas.

De repente hay dinero para todo, y hay una fuerte reducción del precio relativo de los bienes de capital. Los bancos me dan toda la pasta que necesito, y como hay tanta, bajan los tipos de interés. Todo estupendo, ¿no?, pues no. Al bajar el coste del dinero, tiene un efecto secundario que es que el capital es más barato que el trabajo, por lo que las empresas empiezan a utilizar más el primero que el segundo. Este proceso de mayor utilización de la tecnología y de las ciencias de la información puede explicar casi el 50% de la caída del factor trabajo en la renta efectiva. Este cambio tecnológico fragmenta el mercado laboral. Las empresas demandan más gente de cualificación alta, pero el resto pasa a ser una commodity sin ninguna posibilidad de diferenciación. Hay trabajadores a granel. Hay gente que puede argumentar que en otros periodos de la historia también ha habido situaciones en las que ha habido este tipo de shocks (población agrícola frente a población industrial, los barqueros de Londres contra la construcción de puentes) y el mercado laboral absorbió al personal. La industria textil inglesa del XIX no afectó mucho a los trabajadores ingleses, pero provocó hambrunas en India y China que se llevaron por delante a millones de personas. El caso es que por el momento, la subida de demanda por personal cualificado, no ha compensado el bajón de demanda en personal no cualificado. De hecho, las tasas de ocupación (personal que trabaja dividido por total de población en edad de trabajar) no se han recuperado, aunque sí lo hayan hecho en muchos países las cifras de desempleo (persona que no encuentra empleo dividido entre población que busca activamente empleo).

Pero la tecnología no parece el único factor, pues hay partes del mercado laboral que no han tenido este deterioro. Otro factor de desigualdad viene motivado por la subida de remuneración de los altos directivos de las empresas, que en muchos casos ha absorbido la plusvalía marxista incluso en detrimento del capital. Este grupo exclusivo de la alta dirección ha generado rentas muy superiores a su productividad. La masa salarial de una misma empresa ha generado también importantes desigualdades, con una concentración de bonuses, planes de pensión y contratos protegidos en muy pocas manos. La pérdida de poder negociador colectivo de los trabajadores, en muchos casos derivado de la pérdida de valores de los propios sindicatos (pérdidas de afiliación, utilización del papel sindical para autoprotección de una “élite de trabajadores”, mucho poder en empresas públicas pero peor tratamiento en empresas privadas) ha derivado en una curva de oferta laboral prácticamente plana, sometidos siempre a las amenazas de la deslocalización y la deflación salarial de la mano de obra de países emergentes.

Otro factor importante ha sido la caída de los tipos de interés reales y su efecto sobre la riqueza. El alto nivel de ahorro chino, por ejemplo, se colocó en bonos americanos, haciéndolos subir de precio, y bajando el coste de capital de las empresas. El capital se hace más abundante y por tanto más barato, y además se le ha facilitado la movilidad. Esto que aparentemente debería llevar a rendimientos decrecientes de su productividad y a la asignación de recursos a inversiones cada vez menos rentables, también ha llevado a destinar parte de los mismos a nuevos mercados, como es el caso del inmobiliario. Esta concentración de dinero en propiedades inmobiliarias eleva la riqueza, pero no el capital productivo. Parte de la riqueza se genera con rentas inmobiliarias y otros activos como la propiedad intelectual que se benefician de tipos de interés bajos.

Como ya he anticipado, otro factor “desestabilizador” ha sido la ganancia de poder de la tecnoestructura directiva. Hay un estudio de Frydman y Saks que analiza la remuneración de los tres directivos mejor pagados de las cincuenta empresas americanas más grandes. La remuneración mediana desde la IIGM hasta los años 80 se mantiene estable en el entorno del millón de dólares (35 años). Desde los 80 al año 2005 (25 años) la remuneración se dispara hasta los cuatro millones de dólares. Esto se debe principalmente a dos causas. Por un lado, que la remuneración la fijan los propios directivos y las pasaban a la aprobación de juntas de accionistas muy fragmentadas y en muchos casos desconocedoras de lo que aprobaban. Y por otro lado, la ligazón de parte de la remuneración al precio de las acciones, disfrazados como “incentivos”.

El último elemento explicativo de estas desigualdades, es uno que ya me habrán oído expresar en numerosas ocasiones. La financialización de la economía (tengo que reconocer que los que nos dedicamos a la gestión de inversiones somos organismos parasitarios beneficiarios). El peso de la economía financiera sobre el PIB se ha disparado en estos últimos treinta años. La acción de los Bancos Centrales no ha conseguido un crecimiento real, pero sí ha provocado una clara inflación de activos financieros, beneficiando al poseedor de los mismos.

El que no esté en esas condiciones tan beneficiosas siempre puede confiar en una pata de conejo… pero recuerde que no le sirvió de nada al conejo.

Buena semana,

 

Julio López Díaz, 02 de junio de 2016

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