Opinión desde Attitude (12-Mar-2013)

En 1863 la mayor preocupación doméstica del doctor Crooks era cómo eliminar el mal olor de su jardín cada vez que lo abonaba con estiércol. Dispuesto a solucionarlo, y tras experimentar con diversas sustancias, al final encontró una que le satisfizo: el ácido fénico o fenol. Por su profesión tuvo la oportunidad de comentar su hallazgo a un importante cirujano, Joseph Lister, quien dedujo que si el fenol eliminaba el mal olor era debido a que destruía o desactivaba las bacterias causantes de la fermentación; con esta idea se dedicó a preparar vendas mojadas en ácido fénico con el fin de utilizarlas tras la cirugía.

Quería empezar hoy optimista y positivo, y que a pesar del olor putrefacto que envuelve esta nuestra piel de toro, éste nos puede servir para alcanzar “nuevos logros” en algún campo que ahora no logramos divisar. Me ha durado poco, la verdad. Me ha debido de picar algún bicho, porque me he ido enervando a lo largo de la mañana, y me he puesto guerrero.

Uno de los temas económicos, financieros y psicológicos que más me apasionan es el concepto que podemos denominar de “opciones gratuitas”. Todos los que trabajan en los mercados financieros, identifican el término opción, con el de un pago a cambio de un derecho a efectuar, bajo determinadas condiciones futuras, una transacción económica a un plazo determinado. Como es un derecho y no una obligación, el comprador del derecho debe pagar una prima al vendedor. Ese concepto tan claro entre operadores, sin embargo, queda bastante diluido cuando lo extrapolamos a las decisiones económicas del día a día, que es cuando aparecen las opciones gratuitas, que es recibir un beneficio sin pagar nada a cambio. El ejemplo más claro lo podemos tener en quien está de acuerdo en que no debe haber recortes en nada, y no se da cuenta de que alguien tendrá que pagar para que no haya esos recortes. Estamos de acuerdo con que se suba la partida de gasto para los festejos del pueblo, sin caer en la cuenta de que habrá que quitarla de la de limpieza urbana, por ejemplo. La economía es la gestión de recursos escasos, y no de recursos ilimitados.

Esta misma idea, es la que quiero hacer extensiva a las intervenciones monetarias de los Bancos Centrales apoyándome en un artículo de Dylan Grice. Se ha instalado entre los operadores del mercado, el mantra de que tirar dinero desde el helicóptero es la solución a todas las cosas y que además es gratuita; que nadie paga por ello. Que subir el precio de los activos es la solución perfecta y todos deberíamos estar contentos, y sin embargo, hay muchos paganinis, aunque en la mayoría de los casos no se dan ni cuenta. Vayamos con el caso americano. La FED expande su base monetaria, imprimiendo dinero y comprando bonos de gobierno. Esto supone unos nuevos ingresos para el gobierno. Pero hay un concepto de que nadie puede subir ingresos sin que haya otro que lo soporte. No se pueden subir ingresos de manera gratuita, ya que a diferencia del dinero, la riqueza no se puede crear imprimiéndola. En realidad lo que ha habido es una distribución de esa riqueza, que ha pasado a las arcas del estado, pero que no se sabe muy bien de dónde viene. Cuando alguien paga impuestos, en teoría cada uno sabe lo que paga, y en teoría, para qué lo hace (otra cosa es que esté de acuerdo o no). Cuando se imprime dinero, nadie piensa que estos ingresos los paga alguien, ni cómo su capacidad de compra se verá restringida. Y curiosamente, es uno de los primeros temas tratados en la literatura económica en la obra de Richard Cantillón, “Ensayo sobre la naturaleza del Comercio”, de 1730, precursor de la más conocida “La riqueza de las naciones“ de Adam Smith. En esta obra, Cantillón habla de la teoría del valor, la formación de los salarios y el uso de los metales preciosos como moneda. En concreto pone el ejemplo de la explotación de nuevas minas de oro y plata, y como los propietarios de minas, mineros, refinadores y aventureros incrementan sus gastos en proporción a sus ganancias. Este incremento de gasto en carne, vino, o lana, termina trasladándose a los precios, haciendo que personas que no participaban de la minería, no pudieran acceder ahora a los mismos bienes. Conclusión: los sirvientes, trabajadores con sueldos fijos y personas sin recursos, no participan de esa “riqueza general” y a la vez se ven apartados. Sus ingresos no suben para mantener el nivel de los precios. El incremento de la oferta de oro beneficia a los más cercanos a ese nuevo dinero, pero no a los que están más lejos. Con Ben el bombero pirómano, se benefician los que están debajo del helicóptero, pero no el  ciudadano medio, que verá disminuida su capacidad de gasto, le dicen que gana mucho, o peor todavía que le “roban“ los que viven más allá del río del pueblo. ¡Y todavía nos sorprendemos por los resultados electorales que no avalan estas políticas!

Como decía el admirado para muchos de estos economistas de consensus, John Maynard Keynes, “Con un proceso continuo de inflación, los gobiernos pueden confiscar, secretamente y de forma oculta, una importante riqueza de los ciudadanos, y además lo hacen de forma arbitraria, llevando al empobrecimiento de unos y al enriquecimiento de otros”. Y yéndonos al lado opuesto, a mi “admirado” Lenin, “no hay nada más seguro para demoler los cimientos de la sociedad establecida, que corromper la moneda”. O mucho más visual, cuanto más blanda es la moneda de un país, más duro es su papel higiénico.

¿Y quién se beneficia de esto? Pues tenemos la clave en la revista Forbes. En su lista de las cincuenta personas más ricas del mundo de 2012, hay once inversores, financieros o hedge fund managers. En la misma lista, en 1982, había… ninguno.

Las políticas expansionistas cuantitativas benefician a los que tienen los activos de riesgo, favorecen a los endeudados y a los que tienen acceso fácil a apalancarse con créditos. Y lo pagan los ahorradores pequeños sin tendencia al riesgo y el contribuyente que asume lo que prestamistas sin preocupaciones prestaron a otros, y las generaciones futuras que se encargarán de la deuda (con qué trabajo, ya se verá, aunque yo nombraría a Tamariz ministro de trabajo por si acaso). Y lo peor, que lo que nos llevó al 2008 (inversiones no rentables motivadas por tipos de interés por los suelos) es la misma medicina que aplicamos ahora con la aquiescencia general (más bien del 5% de la población mundial endogámica, que permite una FED privada o que accionistas de Moody´s sean los Warren Buffet del mundo). Y si nos endulzan las estadísticas con crecimiento de puestos de trabajo en USA, pero subiendo en 679.000 personas las que trabajan en más de un trabajo, y muchas empresas contratando con menos de treinta horas para no tener que pagar el Obamacare. ¡Ah!  Y el número de personas, en el país más rico del mundo, con vales de comida llegando ya al 19.5% de su población, mientras que el diferencial sueldo Ceo, sueldo medio de la empresa se encuentra ya en 380 veces.

Tampoco quiero hacerles más bilis. Al final, son todo detalles. Se decía que el cielo era un policía inglés, un ingeniero alemán, un amante italiano y todo esto organizado por suizos. El infierno es un cocinero inglés, un ingeniero francés, un policía alemán, un amante suizo y todo esto organizado por italianos.

Buena semana

 

Julio López Díaz, 12 de marzo de 2013

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